Mostrando entradas con la etiqueta Independencia de CATALUÑA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Independencia de CATALUÑA. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de agosto de 2020

Barça 2- Bayern München 8


Traducción en español: Del hasta antes de ayer, la dominante fatua presuntuosa manita, todo un reflejo de la Catalunya que, por la causa de unos, muchos barcelonistas, catalanes y el País está sufriendo.

Al hoy, humillantes y vergonzosos ocho dedos, todo un significativo triste baño de realidad que muchos barcelonistas, catalanes y el País, desde hace ya demasiado, defraudados, están viviendo y sufriendo.  
 

Por, Francesc Costa 

a 24/08/2020

domingo, 1 de marzo de 2020

Reencuentro en la boca del lobo


Hoy el diario digital, El Español, publica una idónea carta de su director, Pedro J. Ramírez, donde éste, describe su parecer. 

Pedro J. Ramírez ( Logroño, 26-03-1952) Licenciado en periodismo por la Universidad de Navarra. Ejerció durante el curso 1973-74  de profesor de literatura española contemporánea en el Lebanon Valley College ( Pensilvania), siendo nombrado en el año 1996, doctor honoris causa. Fue director del Diario 16 durante 9 años. Director del diario El Mundo, durante 25 años. Pedro J. Ramírez, ha colaborado y colabora con otros medios de comunicación. Habiendo recibido numerosos premios y es autor de mas de una docena de libros.

Por considerar elblogdefcosvi que dicho escrito, el contenido del mismo, bien puede ser del interés de nuestros seguidores, lo incluimos en el blog


Nota de: elblogdefcosvi, donde el autor Pedro J. Ramírez, escribe: "El drama sería que no fuera suficiente"para el blog, mire por donde se mire, el drama está servido y las consecuencias del mismo, en nuestra opinión, saldrán, tardarán menos o más, pero sin duda llegarán y serán aciagas, profundas. Es imposible normalizar hoy, 2020cuartos del siglo XXI,  tanta vileza y amoralidad política, mediática y civil, frente a una mayoría de la ciudadanía, por más cortinas de huno que se levanten por parte de los gobernantes implicados. Más, cuando se tiene frente si, toda una  existencia de generales graves problemas de carácter social.


                          

     Reencuentro en la boca del lobo

Lo peor de la Mesa de Negociación que se escenificó el miércoles por la tarde en la Moncloa, ocurrió por la mañana. O sea, antes de empezar. Concretamente, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.


Diario digital, El Español 

Carta del Director 

por: Pedro J. Ramírez

a 1 de Marzo, 2020




magnifica Ilustración de, Javier Muñoz


Sánchez acababa de eludir la pregunta de Casado sobre cómo piensa "garantizar la igualdad entre los españoles", con el más socorrido de los tópicos, dentro del género "lecciones, las justas". ¿Cuál es el problema del PP? Pues que "ustedes confunden la igualdad con la uniformidad".

Entonces le tocó el turno a la portavoz de Junts, Laura Borràs, en plena huida hacia delante para convertir la imputación por amañar contratos, que beneficiaron a su peña, en parte de la persecución de la Justicia española contra el independentismo. La literalidad de su pregunta planteaba "qué le corresponde hacer al Gobierno", tras el crecimiento rampante, "durante los últimos diez años", del voto a los partidos catalanes empeñados en separarse de España.

En lugar de contestar con la obviedad de que al Gobierno le corresponde aplicar las leyes que forman parte del orden constitucional; en lugar de alegar que ésa es la única fuente de la legitimidad de los electos para ejercer competencias tasadas; en lugar de pararle los pies, replicando que el titular exclusivo de la soberanía es el pueblo español en su conjunto, Sánchez cometió el aparente error de recoger el guante.

                                                 "El independentismo no ha obtenido la mayoría de los votos en ninguno de los cinco comicios celebrados durante esa década", replicó el presidente. Entrando, para más inri, en la distinción entre "mayoría de escaños" y "mayoría social".

El corolario también era manido donde los haya: reconozcan ustedes el pluralismo de la sociedad catalana. Borràs podrá ser corrupta, pero no tonta. Sánchez se lo había puesto, como quien dice, "a huevo" y ella no desaprovechó la ocasión de emplazarle para la posteridad: "¿Si consiguiéramos la mayoría social, la reconocerían? Está por ver".

Que Sánchez se dejara llevar al huerto en el que le esperaba la interpelante sólo podría obedecer a dos razones. La más obvia, que el riesgo de que se configure esa "mayoría social" independentista fuera prácticamente nulo o al menos muy remoto. Pero resulta que, en las dos últimas elecciones autonómicas, la suma de Junts, Esquerra y la CUP ha sobrepasado el 47,5% de los votos, con lo que bastaría un progreso de tan sólo el 5% de esa casi media Cataluña, o sea, un trasvase del 2,5% de un bloque a otro, poco más de cien mil votos, para que la hipótesis otrora descabellada se hiciera realidad.


    "Borràs no desaprovechó la ocasión de emplazarle para la posteridad: "¿Si consiguiéramos la mayoría social, la reconocerían?" 


Sólo queda por lo tanto pensar que Sánchez quiso quedar deliberadamente rehén de su dialéctica. O sea, que no fue error sino cálculo. Que no hubo improvisación -¿cómo iba a haberla si conocía, por adelantado, el tenor de la pregunta?- sino estrategia. Una estrategia temeraria a más no poder.

Es esta perspectiva la que convierte en siniestra la rutilante iluminación de la superproducción de la tarde, que presentó a un racista inhabilitado por desobediencia como Torra con hechuras de noble estadista. Un hombre de apariencia razonable y hablar pausado, dispuesto a encauzar sus fundadas reclamaciones, a través de la serenidad de una mesa de diálogo. A su lado, el entonces imputado y hoy procesado por cuatro delitos relacionados con el 1-O, Josep María Jové, hombre clave de Esquerra como lugarteniente del convicto Junqueras.

¿Cómo no darles cincuenta mil votos más a cada uno de estos dos partidos tan institucionales o, mejor dicho, tan institucionalizados por el atril de la Moncloa? Para cualquier votante dudoso, la cuota de pantalla y los honores rendidos a los 'indepes' deberían zanjar la cuestión.

Es tan persistente y notorio el blanqueamiento de los golpistas de octubre, que cualquiera diría que eso es lo que Sánchez desea que suceda. O sea, que dentro de unos meses, cuando Torra disuelva el Parlament, cinco minutos antes de que su inhabilitación sea firme, los negociadores tengan que afrontar que más de la mitad de los catalanes hayan votado por primera vez a favor de los separatistas.

Eso ayudaría a Sánchez a fomentar, con la retórica barata de que hay que asumir el veredicto de las urnas, el apoyo social a una solución pactada para Cataluña, cuya concreción ni siquiera vislumbra. A lo máximo que llegan los ideólogos gubernamentales es a decir que estaría a mitad de camino entre el actual marco constitucional -deliberadamente omitido tanto en Moncloa como en Pedralbes- y la ruptura unilateral. Sería una especie de mal menor en el que instalarse, para seguir tirando unos años más.

¿En qué consistiría? Seguro que, a base de tanto reunirse, algo se le ocurrirá a alguien. Eso es lo que venía a decir la portavoz María Jesús Montero, cuando en medio de su intrincada farfolla de lugares comunes y construcciones sintácticas imposibles, apeló a la búsqueda de "propuestas imaginativas". Sólo le faltó convocar un concurso de ideas, en pos de algo que suponga al mismo tiempo una cosa y su contraria.

Decir que los hipotéticos acuerdos "se formularán dentro del marco de la seguridad jurídica" es no decir nada. Hasta las peores dictaduras se jactan de ser Estados de Derecho. Todos los fusilados por el franquismo, desde Companys a los últimos de Hoyo de Manzanares, lo fueron "en el marco de la seguridad jurídica", simplemente porque estaban en vigor leyes e instituciones que permitían aplicar la ominosa pena capital.


"Es lo que venía a decir María Jesús Montero cuando apeló a la búsqueda de "propuestas imaginativas"


Si el vigente "marco de seguridad jurídica" no sirve, se crea otro y ya está. ¿O no era acaso eso lo que pretendían las llamadas "leyes de transitoriedad", encaminadas a legitimar la Declaración Unilateral de Independencia? Habría bastado que los poderes públicos se hubieran cruzado de brazos para que emergiera una situación de hechos consumados, con el ropaje de la legalidad. De eso es de lo que estamos hablando también cuando se plantea la reforma del Código Penal para rebajar las penas por sedición.

Es verdad que la actual composición de los altos tribunales sería un problema para que determinados enjuagues pasaran el filtro de la constitucionalidad. Por eso al PSOE le corre tanta prisa renovar el Consejo del Poder Judicial y el propio Tribunal Constitucional y acaricia un plan alternativo, en el caso de que el PP se atrinchere hasta que se recupere el consenso sobre el modelo territorial.

¿Cuál sería ese plan b? Por supuesto, cambiar por ley el sistema de renovación de los órganos constitucionales, hasta crear un nuevo "marco de seguridad jurídica" que permitiera al Gobierno explotar su precaria mayoría parlamentaria.

En cuanto un par de magistrados más inclinaran la balanza hacia el hoy trío minoritario que suele encabezar el juez Xiol, el TC se convertiría en un coladero que facilitaría esa transición a la inversa: el paso de la ley, a la ley para hacer desiguales a los españoles. Lo que ya pudo ser, si el alto tribunal no hubiera afeitado hace diez años aspectos clave del Estatuto vigente. Algo que, por otra parte, está silenciosamente en marcha, como consecuencia de la capacidad de coacción de los nacionalistas. No hay más que ver la diferencia entre la evolución del índice de paro en el País Vasco y en su limítrofe Cantabria.

Pero la simple ampliación de lo que podríamos llamar la brecha identitaria -cuanto más distinto te proclamas, más privilegios obtienes- sería, como digo, el escenario del mal menor. Una "inmoralidad", tal y como la definió Bono el martes, en su brillante apertura del Foro Camilo José Cela, con la que habría que convivir.

El drama sería que no fuera suficiente. Porque todo el cálculo de Sánchez se basa en que, al final, los separatistas se conformarán con vender a precio de oro su permanencia en el Estado y eso les dará a Iglesias y a él una o dos legislaturas de estabilidad en el poder. ¿Que, entre tanto, el estímulo de la desigualdad corroería las bases mismas de la existencia de España...? Bueno, el problema tendrían ya que resolverlo otros.

"Pero la simple ampliación de lo que podríamos llamar la brecha identitaria -cuanto más distinto te proclamas, más privilegios obtienes- sería, como digo, el escenario del mal menor"

Pero podría ocurrir que, a la hora de la verdad, hasta ese elemental pragmatismo de seguir avanzando paso a paso brillara por su ausencia y los separatistas decidieran volver a intentarlo, yendo a por todas, como hace tres años, sólo que desde una mejor correlación de fuerzas.

Es imposible tratar a los fanáticos como si fueran personas normales. No hay más que fijarse en el aquelarre de Puigdemont este sábado en Perpiñán o en las surrealistas últimas declaraciones de Junqueras, explicándole al director de El Nacional que el Estado español es tan "vengativo" que el Supremo o la Audiencia Nacional le citaban a declarar, "a propósito", las vísperas de los cumpleaños de sus hijos, para causarle "mayor dolor".

Sea como fuere, Sánchez e Iglesias nos han devuelto a aquella tremenda boca del lobo de octubre del 17, de la que nos sacaron el Rey, el fiscal Maza, el juez Llarena y la movilización de la España de los balcones. En eso consiste su tan blasonado "reencuentro". Sólo que ahora ya estamos mucho más cerca de la negra garganta en la que regurgita el ácido fúlvico. Y a quien alegue, señalando a las instituciones vascas, que si hemos logrado domesticar a los tigres del terrorismo es porque la música del diálogo amansa a las fieras más terribles, convendría recordarle que la diferencia estriba en que jamás nadie ha logrado incorporar a un lobo a ningún número de circo.

lunes, 27 de enero de 2020

La trampa saducea de Carmen Calvo

El diario digital El Español, publica un articulo firmado por Pedro J. Ramírez ( Logroño, 26-03-1952) Licenciado en periodismo en la Universidad de Navarra. Ejerció durante el curso 1973-74,  de profesor de literatura española contemporánea en el Lebanon Valley College ( Pensilvania), siendo nombrado en el año 1996, doctor honoris causa. Fue director del Diario 16 durante 9 años, Director del diario El Mundo, durante 25 años, en la actualidad es presidente del diario digital, El Español.  

Pedro J. Ramírez, ha colaborado y colabora con otros medios de comunicación. Habiendo recibido numerosos premios y es autor de mas de una docena de libros.


elblogdefcosvi, adjunta el el blog, el escrito de opinión de Pedro J. Ramírez, por considerarlo un buen y acertado artículo. Entendiendo que puede ser del interés de nuestros lectores. 



elblogdefcosvi, únicamente y desde todo el respeto, tenemos  una discrepancia con el notorio autor, y es con respecto al, para nosotros, sedicionista político, Juan Guaidó. Al cual lo colocamos al mismo nivel que, Puigdemont, Junqueras y el resto de los políticos que participaron en los actos de sedición acaecidos entre septiembre y octubre del 2017, en Barcelona. Y, que a su vez, han influenciado y, continúan influenciado y, ya son más de 7 años, en la ciudadanía para que se manifieste en contra del Estado. Es más, respetuosos que lo somos y mucho, de los países europeos de larga tradición democrática, lamentamos, independientemente satisfaga más, regular o menos el régimen de Maduro, que éstos, se hayan comprometido en exceso en el apoyo a Juan Guaidó. Pues, al igual que con respecto a los sedicionistas catalanes, las cosas se pueden hacer de otra manera, nunca con formas antidemocráticas, de abusos, manipuladoras, tergiversadoras, engañosas y generadoras de manifestaciones y violencia.   



Pedro J. Ramírez 



La trampa saducea de Carmen Calvo


por: Pedro J. Ramírez 

diario digital, El Español 

a 26/01/2020


¿Está usted de acuerdo con reformar nuestro obsoleto Código Penal para adaptarlo armónicamente a la legislación europea, "acompasar acontecimientos democráticos a tipos penales" y evitarnos nuevas "humillaciones" como las que, como bien ha dicho mi compañero, el vicepresidente segundo Pablo Iglesias, se han producido cuando jueces de otros países han emitido resoluciones contrarias a las de los nuestros?

Un momento, un momento… No contesten a Carmen Calvo, hasta después de la publicidad. Tenemos en primer lugar un espacio, patrocinado como branded content por la Asociación de Estudios Bíblicos, sobre los saduceos. Se trataba de una secta o grupo político judío, del siglo primero antes de Cristo, integrado por quienes se declaraban descendientes del Sumo Sacerdote Sadoq -Zadok the priest en el Himno de la Coronación de Händel- que ungió como rey a Salomón.


Magnifica Ilustración de, Javier Muñoz.


Los saduceos pertenecían a la clase alta de la sociedad judía y negaban la inmortalidad del alma. Sostenían que Dios premiaba en vida a los hombres buenos y que eso justificaba sus riquezas. Colaboraban con los ocupantes romanos, copando los principales cargos de la administración y se jactaban de su dominio de la retórica. En una ocasión, tal y como recogen los Evangelios de San Marcos y San Mateo, tratando de avalar sus creencias, los saduceos preguntaron a Jesús cuál sería el marido de una mujer que hubiera tenido siete esposos, si todos ellos resucitaran. Por supuesto, Jesús se salió por la tangente.

Otras veces los saduceos preguntaban si había que cumplir el mandato de Moisés de lapidar a las adúlteras o si era lícito pagar los tributos impuestos por el emperador romano. Ay de ti, contestaras lo que contestaras. Todo ello explica que la Fundéu defina la "trampa saducea" como "una manipulación capciosa para conseguir que el adversario dé un paso en falso o cometa un grave error".

El segundo espacio publicitario que debemos ver y escuchar, antes de contestar a Carmen Calvo, es una grabación de noviembre de 1972, procedente del archivo de TVE y patrocinada por los Amigos de la Historia de la Transición. Corresponde a una comparecencia del ministro-secretario general del Movimiento, Torcuato Fernández Miranda, ante las Cortes franquistas , en la que se le planteó que aclarara si era partidario o no de las "asociaciones políticas", que promovían sectores del régimen, como alternativa a los partidos.

La Fundéu define la "trampa saducea" como "una manipulación capciosa para conseguir que el adversario dé un paso en falso o cometa un grave error"

Fernández Miranda asesoraba ya al príncipe Juan Carlos en el propósito de convertir a España en una democracia plena, cuando se produjera "el hecho sucesorio" y, por lo tanto, se veía en el brete de avalar un sucedáneo, que podía desvirtuar el sentido último de su proyecto, o aparecer como un reaccionario, opuesto a toda innovación modernizadora. Por eso comenzó diciendo:

"Quizá tendría yo un éxito rotundo y fácil si aceptara la tentación de contestar sí o no... En política, como en toda actividad humana, los noes no tienen sentido más que cuando enmarcan, confirman o aclaran una afirmación de la cual se parte. Decir no a algo, por ejemplo a las asociaciones políticas, sólo estaría justificado, como consecuencia de un sí previo, al cual naturalmente se adhiere el ánimo del que después dice no; porque, con ese no, no hace más que definir y delimitar el sí que afirma".

Aquello no era un galimatías, ni menos aún un trabalenguas, sino una reflexión profunda en la que, bajo su espeso envoltorio dialéctico, latía el pálpito verdadero de otra pregunta impronunciable: "Señorías, ¿de qué va realmente esto?".

El hemiciclo oscilaba ya entre el pasmo y la estupefacción, cuando Fernández Miranda terminó de explicarse: "Jamás mi actitud será negativa. Si algo niego, lo hago porque lo que afirmo previamente me lleva a las negaciones circunstanciales que configuran y definen la afirmación que mantengo. Decir por tanto sí o no a las asociaciones políticas es sencillamente una trampa saducea".

Y dio carpetazo al asunto: "Los saduceos preguntaban así, montando una alternativa respecto a la cual, si se aceptaba uno de los términos, malo, y si se aceptaba el otro, peor. Pues bien: ruego a los señores procuradores que tengan paciencia, pues no caeré en la trampa de decir sí o no al asociacionismo político, porque de ese modo no se esclarecería el tema".

Volvamos, pues, queridos espectadores, tras esta ilustrativa pausa publicitaria, a la máquina de la verdad de Julián Lago. Y lo hacemos en condiciones de avanzar, de manera decisiva, un paso más allá de lo que lo hizo el inteligente catedrático de Derecho Político asturiano, en su críptica respuesta de hace medio siglo.

Porque mientras Fernández Miranda se sentía obligado a guardar todas sus cartas en la manga -téngase en cuenta que no sólo vivía Franco, sino también Carrero, y la camarilla de El Pardo estaba en su apogeo-, nosotros, y cuando empleo este plural me refiero a todos los demócratas de cualquier ideología, no tenemos ningún problema en definir ese "sí previo" que, según él, era imprescindible para desmontar la "trampa saducea". El "sí previo" del Estado de Derecho que relativiza y permite repudiar cualquier apelación banal -y no digamos falaz- a la armonización europea.

Fernández Miranda no podía decir: "Señorías, quiero que España se convierta en una monarquía constitucional, plenamente democrática y, por lo tanto, las asociaciones políticas serán válidas, o no, en la medida en que nos acerquen, o no, a ese objetivo, a modo de antecesoras de los partidos políticos".

Pero nosotros sí podemos decir: "Con los derechos de los españoles no se mercadea... Con el Código Penal no se puede mercadear , ni lo pueden decidir aquellos [delincuentes] que aún hoy siguen diciendo que, si pueden, lo volverán a hacer".

Y tan lo podemos decir, que ya lo hemos dicho. Porque un socialista, Emiliano García-Page, depositario -como presidente de Castilla-La Mancha- del claro legado de patriotismo constitucional, atesorado por sus predecesores, Bono y Barreda, heredero de la tradición socialista a fuer de liberal de Indalecio Prieto y Julián Basteiro, ha hablado en nombre de todos nosotros.

Estoy seguro de que Carmen Calvo habrá entendido perfectamente esa afirmación previa, esa premisa insoslayable, pues, aunque se haya olvidado de organizar conmemoración alguna sobre el inicio del Trienio Liberal, como colega de Fernández Miranda en el estudio del Derecho Político, no puede ignorar que, cuando en 1822 se aprobó el primer Código Penal de nuestra historia, sus redactores asumieron el noble principio de nulla pena sine previa lege. Es decir, nadie podía ser castigado retroactivamente por conductas no tipificadas en el momento de su comisión, pero todos quedaban sometidos por igual a la punición vigente.

Siendo esa la base de la seguridad jurídica, entraba dentro de lo previsible que durante el debate televisado de la última campaña electoral, Sánchez propusiera modificar el Código Penal, para volver a clasificar como delito la convocatoria ilegal de referendos. ¿Por qué? Porque por dos veces, en el caso de Artur Mas en 2014 y en el de Puigdemont y Junqueras en 2017, las autoridades catalanas osaron cruzar una línea roja que ni siquiera se había atrevido a cruzar el Ibarretxe más marciano, azuzado por los proetarras más viles. La de desobedecer a los altos tribunales y convocar sendas consultas de las que, sobre todo en el segundo caso, se dedujeron graves males para la convivencia entre catalanes y, por ende, para el interés general de los españoles.

Lo que nadie podía imaginar es que Sánchez fuera a promover una reforma que viniera a facilitar la reiteración de la desobediencia

Lo que nadie podía imaginar es que el mismo Sánchez fuera a promover, una vez investido, una reforma que, en sentido opuesto, viniera a facilitar la reiteración de tales conductas. No sólo olvidándose de reintroducir el mentado delito, sino rebajando las penas por el de sedición, que es el que ha determinado las condenas de los golpistas juzgados y sentenciados, en resolución unánime de siete variopintos magistrados del Tribunal Supremo.

Todos entendemos su descarnado problema político -o más bien aritmético-  y la obscena forma de afrontarlo. El precio de la investidura fue la mesa de negociación que pondrá en marcha con un Torra inhabilitado por desobediencia, que acaba de declararse en rebeldía frente a las resoluciones de la Junta Electoral y el Supremo. El precio de los Presupuestos que, en la práctica, pueden darle tres años más en la Moncloa, es poner en libertad -así de claro- a Oriol Junqueras.

Hay una manera ortodoxa de hacerlo que es la concesión de un indulto, tal y como sugirieron en su día Iceta o la propia delegada del Gobierno Teresa Cunillera. Supondría un coste político, pero no vulneraría la legalidad. El único problema es que tendría como requisito imprescindible el previo arrepentimiento de los reos y, como acabamos de escuchar al más chulesco y desafiante Junqueras, lo que mantienen hoy por hoy, entre imprecaciones groseras, es que "se han ganado el derecho a volver a intentarlo".

Quedaría como alternativa una Ley de Amnistía, que es lo que exigen los separatistas, equiparándose así a todos los asesinos de ETA, el FRAP, el GRAPO y la ultraderecha o a los policías torturadores, que se beneficiaron de la de 1977. Pero, como su más que dudosa constitucionalidad desaconseja ese camino, ha surgido la ocurrencia de impulsar una modificación ad hoc del Código Penal, en sentido inverso a la que hace tres meses se necesitaba, para beneficiar retrospectivamente a los condenados.

Y encima camuflándola falsamente de armonización europeísta, como si la vicepresidenta nos tomara a todos por tontos o ignorara el derecho comparado, como para no saber que, por su regla de tres, igual podría desaparecer el delito de sedición, como en Alemania, o ver agravado su castigo hasta quince años, como en Italia.

Puesto que Page ya le ha contestado, en nombre del común de los demócratas, desmontando la trampa saducea de Carmen Calvo con aplastante llaneza -"aguar la sedición es como invitar a que se haga todos los fines de semana"-, lo prudente es ahora esperar acontecimientos.

En la Moncloa saben que hemos pinchado su globo sonda y que el punzón ha sido un socialista cabal, amén de valiente. Ahora ya podemos responder a Carmen Calvo. Sí: queremos cualquier "armonización", "reforma" o "corrección", supuestamente europeísta, siempre y cuando le convenga a la España constitucional. No, no la queremos si conviene a quienes reiteran su pretensión de destruir nuestro Estado democrático, por muy cogido que tengan a Pedro Sánchez de las meninges del alma, vulgo patas de su poltrona.

Otro tanto cabría decir del volantazo, en favor del régimen del "tirano" Maduro, a costa de ultrajar a quien debía haber entrado en la Moncloa como huésped de honor: Juan Guaidó, "único representante de Venezuela con legitimidad democrática”. Como la caracterización de ambos personajes corresponde a otro socialista, nada menos que Felipe González, insisto en que toca esperar y ver porque, a este paso, la oposición que más daño va a hacer, muy pronto, a Sánchez es la que está germinando en el seno del PSOE. O al menos en su base electoral.

Acaba de transcurrir la segunda semana de esta coalición imposible de dos gobiernos inviables, fruto de una investidura infame y eso implica que, en el peor de los casos, -a ver una sonrisa- sólo quedan otras 198.

Si el domingo pasado les recetaba, de la mano de Schopenhauer, una buena dosis de eudemonología, como arte de la felicidad, desde el relativismo de que todo podría ser muchísimo más desastroso, hoy les recomiendo la nankurunaisa que, además de estar considerada como una de las palabras más bellas del mundo, significa en el dialecto japonés de Okinawa que “con el tiempo se arregla todo”.

Page es el gigante cívico de la semana y alcanzará dimensiones de titán el día que pida al Grupo Socialista que no vote esa reaccionaria contrarreforma penal

Nada de perder la flema, nada de levantar la voz desde el minuto dos, como si deseáramos desencadenar el apocalipsis por un quítame allá ese pin parental. Lo que más puede convenir a Sánchez es que todos los que no estén con él, parezcan de Vox. Como si cada domingo el centro y la derecha liberal repitieran el rito suicida de la plaza de Colón.

Por eso no me costaría ningún esfuerzo mezclar unas cuantas cucharadas de ataraxia con la suficiente pizquita de amnesia para aplaudir la beligerancia de González con la libertad de Venezuela, si no fuera por sus conexiones con Slim y los Cisneros. Por eso toca subrayar, sin ironía alguna, que Page es el gigante cívico de la semana y alcanzará dimensiones de titán el día que pida al Grupo Socialista que no vote esa reaccionaria contrarreforma penal.

Porque tomarse las cosas con calma no es ignorar lo que sucede y menos aún la dimensión de lo que se está incubando. Porque, parafraseando a Condorcet, no es conveniente ver engañar al pueblo sin que tenga consecuencias.

Es imprescindible desarbolar dialécticamente la trampa saducea de Carmen Calvo sobre el Código Penal, restarle apoyos sociales y parlamentarios, hasta hacerla impracticable. Que nadie se caiga del guindo. Se trata del balbuceante ensayo general de lo que, a continuación se emprendería mediante la reforma del Estatuto de Cataluña: una transición "de la Ley a la Ley, sin apartarse de la Ley". O sea, la misma técnica con la que Fernández Miranda desmontó el franquismo, sólo que al servicio de la demolición del Estado constitucional.

viernes, 14 de junio de 2019

Basté, Murcia y el “aporellismo”

El diario digital, Crónica Global, en su sección de pensamiento, aporta un magnifico y muy acertado articulo de opinión, firmado por, Joaquín Romero. Periodista, licenciado por la Universidad de Barcelona.


Joaquín Romero, periodista de larga experiencia, con cargos en, Tele-Expres, El Correo Catalán, El Periódico de Catalunya, Economía Digital, y en la actualidad desempeña el cargo de Director de Cónica Global, después de una etapa de ejercerlo  de Director Adjunto.


Un magnifico artículo de opinión y retrato de toda una realidad, reflejada por la pluma de Joaquín Romero. Un supremacismo que no es de hoy, existe desde hace años y por parte de un  segmento nada reducido de la sociedad catalana, con el grave añadido que no es un segmento, sino, a mi criterio, es  un todo el supremacismo  que se difunde por parte de los políticos de la argucia política disfrazada de independentismo, que a su vez se viene transmitiendo y muy principalmente desde estos últimos años, desde la CCMA ( TV3, 3/24 y los distintos canales del ente, incluidos los deportivos, así como desde  Catalunya Radio y resto de emisoras de la corporación), incluyéndose  determinados medios de comunicación privados y... e in crescendo sin pudor alguno. 



Joaquím Romero



Basté, Murcia y el “aporellismo”

por: Joaquín Romero

Diario digital, Crónica Global 

14.06.2019
      


Con la que está cayendo, las cuestiones menores no merecen la atención del gran público, concentrado en los verdaderos desafíos del país. Para muchos medios de comunicación, lo más importante del momento es la formación del Gobierno, y sus cambios de cromos en ayuntamientos y comunidades autónomas. Para otros, los catalanes sobre todo, han sido las informaciones sobre el Tribunal Supremo y el 1-O, o sea el procés.

Pero entre todo eso tan fundamental siempre se deslizan asuntos de los que se habla poco, pero que son el caldo de cultivo donde germinan los problemas más profundos. Son los llamados detalles, la morada del diablo, según dijo un hombre sabio.

RAC1 es la cadena de radio líder de Cataluña. Y aunque pertenece a un grupo empresarial constitucionalista, mantiene una línea muy próxima al soberanismo. Sus responsables aseguran que no es así, que se adaptan a lo que quieren los oyentes; un argumento frágil porque el proceso mediático es justamente el contrario: primero está el mensaje y, luego, quien lo oye, incluso la adhesión.

En su edición del martes pasado el programa más oído de la emisora, El món a RAC1 que dirige el popular periodista Jordi Basté hizo un repaso de las alianzas en ciernes en autonomías y ayuntamientos. Tanto al conductor como a los tertulianos de la sección El perquè de tot plegat les parecía normal que en Lleida gobierne ERC con un pacto que supera en tres concejales al que podría armar el PSC, ganador de los comicios. Lo mismo respecto a Tarragona, donde ERC suma un concejal más que el PSC.

Cuando llegaron a la formación de la mesa de la Asamblea de Madrid, comentaron de forma crítica que el PP logre una mayoría que supera en cuatro diputados a la alternativa del PSOE, vencedor de las elecciones. La diferencia de una lista sobre la otra respecto del total del Parlamento autonómico es de apenas el 3%.

Sin embargo, en el caso de Murcia, donde la derecha ha aglutinado un grupo que supera en un 15% a la izquierda, la tertulia se convirtió en una fiesta de ocurrencias chistosas y ridiculizantes de la región, con apelaciones continuas al título de aquel programa empalagoso de TVE que se llamaba Murcia, qué hermosa eres. Basté llegó a decir entre risas: “Esto es Murcia: PP, Ciudadanos y Vox”. Mientras que la voz de fondo de un comentarista redondeaba la gracia: “Con la capa española”. Antón Losada, un profesor y expolítico gallego que a medida que aumenta en sabiduría crece en adhesión al antitodo, jaleaba la fiesta.

No exagero. Adjunto el corte del audio para que cualquiera pueda comprobar el color del plumero del supremacismo catalán. Algo a lo que casi nos hemos acostumbrado, por habitual. Estamos ante un nacionalismo que cabalga un tigre desbocado, el tigre de la inmolación frente al mundo, un nacionalismo que ahora hace en público lo que antes estaba restringido al ámbito privado.

¿Por qué una situación que se está produciendo en toda España, incluida Cataluña, en el caso de Murcia es motivo de mofa? Las risas y las chanzas de los tertulianos evocaban aquel país reprimido de los años 60 que caminaba hacia el progreso y que soportaba al charnego manobra con el desprecio de quien se siente superior. El mismo país donde ahora algunos conceden el carnet de identidad en función del idioma, el lugar de nacimiento y, por supuesto, la ideología.

Esa actitud se conjuga a la perfección con la contraria: el victimismo. Basté apela con frecuencia en sus editoriales a la discriminación anticatalana. Quizá sea una herencia de su culemanía, una afición que en algunas personas mezcla sufrimiento y disfrute al 50%. Puede que aún no se haya dado cuenta de que, con demasiada frecuencia, considerarse víctima y victimizar son la misma cosa. Se llevan las manos a la cabeza si oyen el “a por ellos”, pero cuando son los simpáticos radiofonistas quienes lo cantan desde el estudio de la Diagonal de Barcelona no se n’adonen. El aporellismo es de los otros, ¿verdad?

Por cierto, sí, Murcia es una ciudad muy bonita. No sé si la conoces, Jordi.

miércoles, 12 de junio de 2019

Un golpe de estado como una casa

El diario, El Periódico publica hoy un apropiado artículo de opinión, firmado por Joaquim Coll. (Barcelona, 1967), licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona Escritor, ensayista y colaborador en diversos medios de comunicación.  Como escritor son varios sus libros editados, a su vez también es coautor de otras diversas obras. 

Por considerar que el artículo de opinión publicado en El Periódico y firmado por Joaquim Coll, puede ser del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.



Joaquim Coll



Un golpe de estado como una casa

por: Joaquim Coll

El Periódico 

a 12-06-2019



Sorprende el disgusto que ha causado a muchos la descripción del fiscal Javier Zaragoza del 'procés' como un golpe de Estado. Lo dijo invocando a un clásico del derecho como el austriaco Hans Kelsen, que tuvo que huir de los nazis. También en Catalunya se utilizaron vías ilegales para derogar la Constitución e intentar alcanzar la independencia. Esa es la verdad aunque incomode y escandalice. Desde las filas secesionistas se niega la mayor porque sería reconocer el carácter antidemocrático de la vía unilateral. Lo que se entiende menos es que una parte de la opinión catalana no separatista compre acríticamente el relato del farol, de que todo fue simbólico y solo hubo desobediencia. Pues bien, si lo del golpe de Estado no gusta, imaginen en su lugar a unos ladrones que se disfrazan de payasos para asaltar un banco con pistolas de juguete que parecen reales. Exigen con determinación el botín aunque lo hacen apelando al buen rollo, despertando incluso la simpatía del público. Si logran el robo serán elevados a la categoría de genios, pero si la Policía actúa a tiempo y salen corriendo alegarán que todo era una broma. ¿Tampoco merecerían ser juzgados?

Aunque incruenta, hubo rebelión

El 'procés' no fue ninguna payasada sino un golpe de Estado como una casa, porque se intentó sustituir el orden constitucional por la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república catalana votada en el Parlament el 7 de septiembre de 2017. Sobre ese punto no cabe ninguna duda. Ha sido el golpe más largo de la historia, que no se limitó a lo declarativo sino que hizo abiertos intentos de preparar la desconexión en cuestiones de hacienda pública y tributaria, como ha investigado el juzgado número 13. Ese propósito nunca fue un secreto. Ahora bien, en su traducción penal el asunto se complica mucho, porque la rebelión exige un alzamiento violento. La última palabra sobre la suficiencia e idoneidad de la violencia la tienen los jueces, pero que hubo hechos violentos es innegable, como agresiones físicas a policías, actos de hostigamiento frente a los acuartelamientos de la Guardia Civil y en los hoteles donde las fuerzas de seguridad se alojaban, coacciones, amenazas, insultos, destrozo de vehículos, etcétera. Contra lo que a veces se afirma, no hace falta que el alzamiento sea armado ni cruento para que haya rebelión. Tampoco fueron unos simples desórdenes públicos, sino que la movilización impulsada por las entidades soberanistas tenía como fin llevar a cabo el referéndum para legitimar la independencia anunciada. Los acusados, la mayoría de los cuales eran autoridades públicas, habían garantizado ese vínculo con leyes, decretos y reiteradas declaraciones para animar a la ciudadanía a votar. En realidad, la responsabilidad última de todos los episodios de violencia, incluida la ejercida por los cuerpos de seguridad para cumplir con la orden judicial de impedir el 1-O, podría ser atribuida a los acusados, que fueron advertidos de los riesgos de mantener la convocatoria por los Mossos.

También la abogada del Estado reconoció en sus conclusiones finales que hubo violencia aunque no formase parte “estructural” del plan secesionista. Es una pirueta argumental para pedir solo sedición y responde a la voluntad del Gobierno de Sánchez de echar agua al vino. No sonó muy convincente en boca de la letrada Rosa María Seoane, pero como estamos ante algo inédito, un golpe civil desde las instituciones autonómicas, serán los jueces del Supremo los que fijen qué tipo de violencia es necesaria para la rebelión posmoderna. Pero negar que hubo un clima intimidatorio se parece mucho a cuando los niños pequeños se tapan los ojos con la mano para no ver la realidad que tienen delante. Lo mismo ocurre con la malversación, que también se cuestiona con tecnicismos pese a las evidencias. La fantasía de que no se gastó un céntimo público se fue por el desagüe el día que las cuatro abogadas del Estado explicaron el principio del devengo.

Fracaso político

Finalmente, el último asidero para negar la rebelión es que los acusados ni declararon de verdad la independencia ni intentaron retener el poder el 27 de octubre. No hubo oposición de ningún tipo, se enfatiza. Se trata de un argumento sorprendente porque el hecho mismo de que el Senado tuviera que aprobar el 155 para restablecer el orden constitucional, sin olvidar el grave discurso de Felipe VI, ya es en sí mismo una prueba de que las autoridades de la Generalitat se negaban a deponer su actitud. El fracaso político no les exime de su responsabilidad penal, que el tribunal tendrá que argumentar en base a la participación de cada acusado en los hechos probados.

viernes, 24 de mayo de 2019

¿Quién ve TV3?

El reputado, por muchas de sus firmas, diario digital, Crónica Global, edita un acertado y sedoso artículo, sobre TV3, firmado por Beatriz Silva ( Santiago de Chile), residente en Catalunya desde el año 1995. Licenciada en periodismo por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Habiendo compaginando el ejercicio de periodista con estudios de doctorado en Historia del Arte. Ha colaborado y colabora en diversos medios de comunicación. 

Beatriz Silva,Forma parte fundadora de la plataforma Federalistes d' Esquerra. Es vicepresidenta del Movimiento Democrático de Mujeres de Catalunya, responsable de comunicación de la plataforma de entidades Fedaia ( federació d' entitats d' atenció i d'educació a la infancia i a l'adolescencia). Es a su vez, desde el 2017, diputada por el PSC, en el Parlament de Catalunya.  


Beatriz Silva



Por considerar que el artículo puede ser del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi. Aunque para este blog, elblogdefcosvi, nuestro criterio sobre el ente público, CCMA ( Corporación Catalana de Medios Audiovisuales) es totalmente nefasto, acentuándose al ser público,  para la ciudadanía catalana. En total contraposición del Código deontológico del periodismo y en la antítesis , hoy, de contribuir al conocimiento en Catalunya, el resto de España y del mundo, de la lengua y cultura de Catalunya. Una CCMA, totalmente abocada de 12 a 12 horas y todos los días de la semana en una partidista única idea , armonizándola a a su vez generar un pensamiento de segmentación sobre falsas bases generadoras a de toda una muy triste sinrazón llena de  sentimientos de inquina hacia todo contrario a la idea única.  Todo un escándalo democrático. 




¿Quién ve TV3?

por,  Beatriz Silva

Crónica Global 

a 24.05.2019
      

Regularmente nuestra televisión pública nos recuerda que es líder de audiencia. Con un 13,5% de cuota de pantalla, TV3 es la cadena más vista en Cataluña, dice el titular. La información se acompaña siempre con una coletilla: también es líder en imparcialidad y credibilidad. Sin embargo, si hacemos caso a los datos que publica regularmente el CEO, el organismo estadístico dependiente de la Generalitat, el 80% de las personas que ven TV3 son partidarias de la independencia. El porcentaje de las que no lo son no llega al 15%. Es probable que este 80% de televidentes crean en ella y valoren positivamente el punto de vista con el que TV3 informa y entretiene. Pero lo cierto es que la parte de la ciudadanía que no es partidaria de la independencia ha dejado de verla y el liderazgo que mantiene desde hace casi dos años se sustenta en que sólo la mira una parte de la población.

No siempre ha sido así. Un repaso a los datos del CEO constatan que el 2005, el 57% de las personas que se consideraban no independentistas en Cataluña tenían a TV3 como su cadena de referencia. Lo era para un 61,4% de la ciudadanía que votaba al PSC, para el 34,7% de votantes del Partido Popular y el 74,4% de los de ICV.

¿Qué ha pasado desde entonces? El último informe del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), da algunas pistas. Asegura, como siempre lo hace, que los informativos de TV3 y Catalunya Ràdio son los que recogen una mayor pluralidad de voces. Pero constata también situaciones totalmente anómalas. Por ejemplo, que prácticamente todas las entrevistas que hizo entre septiembre y octubre de 2018 el programa Tot es mou, que cubre diariamente la franja horaria de la tarde en TV3, fueron a políticos o entidades soberanistas. Frente a 13 entrevistas a ERC y 13 al PDeCAT, Tot es mou sólo entrevistó a dos representantes de Ciutadans, la fuerza política más votada en las últimas elecciones autonómicas, y a uno del PSC. Incluso Bildu tuvo más presencia en el programa.

Este desequilibrio se traslada a toda la programación cuando se analizan las entidades vinculadas al debate político. En el caso de TV3, el 91,7% de las entrevistas se concentraron en la ANC, Òmnium y otras entidades soberanistas como la Associació Catalana pels Drets Civils. En Catalunya Ràdio el porcentaje fue de 89%. Dentro del pequeño porcentaje de entidades que no son partidarias de la independencia, no se escogió a ninguna que abogara por el federalismo o por soluciones compartidas. Esto a pesar que según el último CEO, un 30% de los y las catalanas se inclinan por una Cataluña dentro de una España federal y un 26% por el actual estado autonómico. Una cifra bastante superior al 35% que aspira a que Cataluña sea un Estado independiente.

¿Están TV3 y Catalunya Ràdio ejerciendo su papel de servicio público de cara a toda la ciudadanía de Cataluña? ¿La que es partidaria de la independencia y la que no lo es? Porque no está mal recordar, una vez más, que es toda la ciudadanía la que financia con sus impuestos los más de 310 millones de euros que cuesta mantener cada año nuestros medios públicos, una cifra que representa un tercio de lo que gastan todas las cadenas autonómicas en su conjunto.

Un presupuesto que es especialmente valioso si tomamos en cuenta los servicios esenciales que han sufrido graves recortes en Cataluña en los últimos años y que siguen sin recuperarse. Por ejemplo, los de atención a las víctimas de violencia machista. Según los informes del Govern, la red de atención llega sólo a una de cada diez mujeres que se estima son víctimas de violencia machista en Cataluña. El coste anual de los ocho servicios de atención especializada encargados de su recuperación es de 2.279.888 euros. Desde que comenzó la legislatura, se ha intentado conseguir desde el Parlament que se dupliquen, lo que supondría otros 2,3 millones de euros. Pero la respuesta es siempre la misma: no hay presupuesto. Al mismo tiempo, el portal de transparencia de la CCMA revela que sólo dos productoras externas, Mediapro y Minoria Absoluta, cobraron 15,5 millones de euros de TV3 durante 2016. Unas cifras que podrían ser aún más importantes porque los millones bailan cuando se intenta clarificar desde el Parlament lo que cuestan los programas de nuestra televisión pública pero no sucede lo mismo con las becas de comedor o el presupuesto para políticas de mujer caracterizados por una austeridad extrema.

Cataluña es líder en lista de espera sanitarias y de dependencia. El acceso a la vivienda es un problema acuciante para una parte cada vez más importante de la ciudadanía. Tenemos un 28,5% de niños y niñas viviendo bajo el umbral de la pobreza y medio millón de trabajadores pobres. Pero el debate que organizó TV3 con los candidatos y candidatas a las elecciones generales dedicó la primera hora y 20 minutos a hablar del procés sin hacer ninguna pregunta en relación a cómo se resolverían estas cuestiones.

Necesitamos unos medios públicos de calidad pero tenemos la obligación también que ser capaces de justificar por qué destinamos el dinero público a unas cuestiones y no a otras. Por qué no somos capaces de tener una televisión pública valorada por todo el mundo, vote lo que vote y piense lo que piense. La calidad de los medios públicos no se mide por sus niveles de audiencia sino por su compromiso con una información plural, rigurosa y constructiva. Necesitamos una televisión pública como la BBC, no como Fox News.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Sánchez rebaja España a la altura de sus enemigos

El diario El Mundo, en su editorial de hoy, publica un acertado artículo, por lo cual y entendiendo de que puede ser del interés de nuestros lectores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.



Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España, con el presidente autonómico Quim Torra. Fotografía de Albert Gea- Reuters, para el diario El Mundo.



Sánchez rebaja España a la altura de sus enemigos



EDITORIAL

El Mundo

a 21/12/2018



Después del castigo recibido en las elecciones andaluzas, a Pedro Sánchez se le planteaba un dilema: seguir estrechando lazos con los independentistas para aferrarse al poder o desmarcarse de tan tóxica compañía para tratar de frenar su coste en votos para el PSOE. Este jueves quedó claro el camino escogido por el presidente del Gobierno, cuya credibilidad no es tan importante como el deterioro institucional que inflige al Estado. Después de sus fratricidas invocaciones a la vía eslovena, después de su manifiesto alineamiento con los CDR que sabotean las infraestructuras públicas y se disponen a asediar este viernes mismo el Consejo de Ministros, Torra no merecía la recompensa que Sánchez le concedió en forma de cumbre entre iguales para escenificar la satisfacción del ilegítimo apetito de república de los desleales. Hasta el último momento el Gobierno intentó vender la cita como un "encuentro normal de trabajo", pero finalmente sus miembros se prestaron a una imagen humillante para todos los españoles cumplidores de la ley, concediendo una nueva victoria propagandística al separatismo. Se trata, una vez más, de plegarse ante quienes hicieron a Sánchez presidente y de cuya voluntad sigue dependiendo no solo su permanencia en La Moncloa sino también su hipotética investidura en el futuro.

Pero si denigrante fue entregar esa foto al independentismo, el comunicado posterior de "ambos gobiernos" fue la letra de una claudicación que perseguirá a sus protagonistas -recuérdense sus nombres: Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Meritxell Batet- por el resto de su vida política. Todo un Gobierno de España genuflexo ante quienes día tras día proclaman su voluntad de volver a subvertir el orden constitucional: el Ejecutivo refuerza la coartada con la que el separatismo justifica el golpe del 1-O -"la existencia de un conflicto"-, alimenta la expectativa de satisfacer sus exigencias de más autogobierno y de un referéndum -"una propuesta política que cuente con amplio apoyo de la sociedad catalana"-, ningunea a la mayoría que no es independentista y asume como unívocas "las demandas de la ciudadanía de Cataluña". Lo más grave es que evite, sin duda a demanda de sus interlocutores, mencionar la Constitución: el "diálogo" se llevará a cabo "en el marco de la seguridad jurídica", eufemismo propio de la semántica populista. 

La primera cuota se pagó a la vista de todos: los partidos independentistas votaron el techo de gasto para dar oxígeno a Sánchez. Las cesiones cronifican la excepcionalidad democrática en que languidece Cataluña. Todo en aras de la personal ambición del presidente. Pagará sus errores en las urnas, y también lo hará el PSOE de esos barones que no reaccionan, pero entretanto los está pagando la igualdad de todos los españoles.

lunes, 1 de octubre de 2018

Cataluña, el problema pendiente

José Álvarez Junco (Viella, Lérida) Historiador, escritor. ex catedrático emérito de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Políticos y Sociales en la Universidad Complutense de Madrid. Ex director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales hasta mayo de 2008 y por virtud de ese cargo, Consejero de Estado. Ocupó entre otros cargos, el de la cátedra Príncipe de Asturias de la Universidad Tufts (Boston), y dirigió el seminario de Estudios Ibéricos del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Harvard


José Álvarez Junco, es autor de diversos e interesantes  libros, entre ellos;  "La ideología política del anarquismo español, 1868-1910" en 1976. Desde entonces su actividad ha sido constante. Destacan de sus trabajos: "Los movimientos obreros en el Madrid del siglo XIX" en 1981; "Periodismo y política en el Madrid de fin de siglo: el primer lerrouxismo, en el  1983; " Lecciones de derecho político, en 1984, en colaboración; "El Emperador del Paralelo, Alejandro Lerroux y la demagogia populista, en el 1990.

En 2016 publica un nuevo libro, Dioses Útiles. Naciones y nacionalismo, en donde expone sus pensamientos con respecto a las naciones y nacionalismos. Cita a países de Europa, así como el imperio Turco y su influencia en la misma. Obviamente también se refiere a las distintas entidades existentes en España. escribe sobre el razonamiento, este superado por los sentimientos. Un interesante libro publicado por la editorial, GALAXIA GUTENBERG


editorial GALAXIA GUTENBERG


José Álvarez Junco, es colaborador del acreditado diario El País, en donde ha publicado un interesante articulo en la revista semanal Babelia, escrito que por considerar que puede ser del interés de nuestros lectores lo adjuntamos en elblogdefcosvi


José Álvarez Junco


El País
revista semanal Babelia 


MAPA PARA SALIR DEL LABERINTO CATALÁN

Cataluña, el problema pendiente

De todas las tensiones que atravesaban España hace un siglo, la única que sigue sin resolverse es la reivindicación territorial. La estabilidad democrática ha vuelto a chocar con el nacionalismo



por: José Álvarez Junco 

Babelia
El País

01/10/2018



No son muchos ya, imagino, los que recuerdan lo que se sentía al leer la famosa literatura sobre el “problema español”. Fue aquel todo un género literario, hundido en el pesimismo más sombrío, que se prolongó más de medio siglo, a partir de 1898, y que seguía formando parte de las lecturas iniciales de cualquier joven con preocupaciones políticas en los años sesenta. Aquellos libros pretendían explicar las razones del desastre nacional —un desastre que nadie negaba—. Y lo hacían en términos que iban desde el esencialismo hasta el historicismo, desde lo racial hasta lo providencial o lo paranoico. Avalaban aquellas obras nombres del máximo prestigio: Costa, Unamuno, Maeztu, Baroja, Machado, Ortega… Como nos decían que eran clásicos, y que sus ideas seguían vigentes, los leíamos con toda seriedad; y andábamos meditabundos y acomplejados.

Porque la lista de problemas con la que se enfrentaba el país era, de verdad, apabullante, sobre todo comparándolo con Reino Unido, Francia o Alemania, países nada normales, sino excepcionales, en aquel momento. Era una economía atrasada, con una renta per cápita que apenas alcanzaba la mitad de la de esos tres países. El campo, que absorbía dos tercios de la población activa al comenzar el siglo, estaba dominado en el centro-sur por latifundistas absentistas y braceros sin tierra, y en el norte, por minifundios que expulsaban población emigrante. La historia política desde 1808 era una trepidante sucesión de cambios de régimen, Constituciones efímeras y guerras civiles, culminado todo en la matanza de 1936-1939 y la dictadura en vigor. La Iglesia católica monopolizaba el espacio público y se imponía al poder civil, salvo esporádicas explosiones de turbas anticlericales que quemaban iglesias y mataban curas. Los militares eran otro Estado dentro del Estado, y los Gobiernos no se atrevían a enfrentarse con ellos, por el riesgo de pronunciamientos —cien en un siglo, entre exitosos y fallidos; el último, origen del régimen—. El sistema educativo era escuálido y obsoleto, y en 1900 dos tercios de los españoles eran analfabetos. En el escenario internacional, tras la pérdida casi completa del imperio en 1810-1825 y de sus residuos en 1898, España había pasado a ser una potencia irrelevante, ausente en las alianzas o guerras europeas. Y seguía, por último, sin resolverse la distribución territorial del poder; un asunto que podía ser acallado por la fuerza, como habían hecho Primo de Rivera o Franco, pero que volvían a plantear las élites periféricas, sobre todo catalanas —las vascas habían logrado un cierto arreglo—, a la menor ocasión.

Sobraban, sí, las razones para el pesimismo. Los problemas eran graves e innegables, pero quienes escribían sobre ellos (literatos en realidad, y de envidiable calidad, pero no analistas sociales ni políticos) los exageraban y, sobre todo, los elevaban al nivel de lo esencial y poco menos que eterno. De ahí las utópicas soluciones que ofrecían: había que cambiar —nada menos— la “forma de ser” nacional, transformar nuestra psicología fantasiosa, egoísta, autoflagelante, perezosa e indiferente ante el bien común, y convertirnos en orgullosos y prácticos ciudadanos, como los ingleses o los americanos. Para lograr tales cambios, algunos confiaban en la enseñanza, que debería dejar de ser libresca, memorística y ajena a cualquier saber útil; y otros, en un “cirujano de hierro” que sajara y depurara sin piedad la esfera pública, logrando por decreto que los partidos dejaran de ser bandas de caciques depredadores y los funcionarios se convirtieran en honrados y eficaces servidores públicos. Para el paisaje, que también debía pasar de seco a húmedo, todos apostaban por los pantanos.

Al victimismo secesionista se le sumaron la crisis económica de 2008 y el anticatalanismo del PP

Qué complejo, la verdad, salir a Europa —así decíamos: salir a Europa— en los años cincuenta o sesenta y encontrarse con países donde los trenes eran rápidos, limpios, puntuales; donde los mendigos no afeaban las calles; donde la gente andaba deprisa, a lo suyo, y si te rozaban decían pardon o sorry, en lugar de haraganear y bromear en las esquinas; donde no había películas ni libros prohibidos y las parejas se besaban en los parques; donde existían sindicatos y elecciones libres, edificios con grandes rótulos de Parti Communiste Français y mítines laboristas en los que viejitas impolutas cantaban La Internacional con el puño cerrado. Todo esto sin que se hundiera la bóveda celestial. Y encima eran más ricos que nosotros.

El caso es que Franco murió y para entonces, gracias a un crecimiento económico disparado por la liberalización y el contexto europeo, algunos de esos problemas seculares estaban disolviéndose como azucarillos: la economía despegaba a gran velocidad; la mecanización expulsaba del campo a millones de personas y el sector agrícola se convertía en residual; clericalismo y anticlericalismo perdían virulencia en una sociedad moderna y secularizada. La Transición se propuso y logró la construcción de una democracia estable. Y España se integró en la Unión Europea y la OTAN, con lo que subió al escenario internacional como una potencia de rango medio, acorde con su peso demográfico y económico; y los militares aprendieron inglés y respeto a las leyes.

Era una historia, en fin, de éxito. Pero no en relación con el problema territorial, que siguió coleando. Ante esta cuestión, la Transición había partido prácticamente de cero. El Estado español moderno —radicalmente distinto a la monarquía imperial de los siglos XVI a XVIII— había nacido en Cádiz, en 1812. Y desde entonces había tomado como modelo el centralismo revolucionario o napoleónico francés. Quizás hubiera sido mejor haberlo hecho con el caso británico, conjunto de reinos preexistentes agrupados en una monarquía común. Pero lo cierto es que el modelo inicial sobrevivió incuestionado durante casi todo el XIX, y que las afirmaciones de identidad regional —las proclamas sobre Cataluña como “patria” propia— partían de la aceptación de España como “nación” política o sujeto de la soberanía. Ese doble patriotismo se vio dificultado tras el fracaso del ciclo revolucionario en 1874 y más aún tras la debacle de 1898, cuando algunos grupos empezaron a plantear la identidad catalana o vasca como rivales y excluyentes de la española; pero el doble patriotismo siguió dominando. En dos situaciones democráticas, 1931 y 1978, se intentó resolver este problema con un Estado unitario pero con esferas excepcionales de autogobierno para las regiones que lo desearan. La de 1931 fracasó, víctima de los radicalismos. La de 1978 parecía tener mejores perspectivas.

La historia juzgará a las élites nacionalistas y las culpará de la división de la sociedad catalana

La Transición fue un ejercicio de sensatez y renuncia, por un lado, a la llorosa y dañina literatura del desastre y, por otro, a los grandiosos sueños de transformación del mundo que nuestras mentes habían incubado durante la larga noche del antifranquismo. Adónde vas tú, Carrillo, cantábamos, con la reconciliación. No bastaba con derrocar la dictadura. Queríamos la revolución. Y no una revolución cualquiera, sino una que, superando el estalinismo y otros “errores”, fuera, a la vez, democrática, autogestionada, lúdica y respetuosa con las minorías sexuales o nacionales. El paquete redondo. De vez en cuando, alguno sugería un matiz olvidado y, tras largo debate, lo incluíamos. Pero nos hicimos mayores, en el mejor sentido, y renunciamos a estas demandas a cambio de asegurar las libertades políticas fundamentales y el crecimiento económico.

Los nacionalistas radicales, en cambio, no renunciaron a nada. Su sueño era la independencia, y lo mantuvieron, aunque siguieran siendo minoría. No se iban a conformar con un mero autogobierno, aunque fuera amplio; y menos aún con un autogobierno similar al otorgado a otros territorios del país, sin su tradición identitaria y de exigencia autonómica.

La Generalitat, como el Gobierno vasco, cayó en manos de los nacionalistas. No de los más radicales, pues Jordi Pujol creía imposible la independencia y se limitó a elevar al máximo el listón de sus exigencias dentro de la legalidad. Pero, en vez de concentrarse en el autogobierno, su tarea principal fue fer país, es decir, construir la nación. Una nación sin Estado, decían, pero apoyada, en realidad, por un aparato político y administrativo perfectamente estatal que dedicaba sus mejores esfuerzos a reforzar el sentimiento de nación catalana y debilitar el de la española.

Sus medios principales fueron los de cualquier Estado: el sistema educativo, las instituciones oficiales y los medios públicos de comunicación. Como ejemplo de institución, el Museu d’Història de Catalunya, que sigue difundiendo hoy ante visitas escolares diarias la versión canónica del victimismo nacionalista. Como ejemplo de los medios, el mapa del tiempo de TV3, que incluye los Països Catalans, pero excluye el resto de España. Si a ello se añaden la crisis económica de 2008 y el anticatalanismo del PP (de la derecha española no se puede olvidar aquella explosión espontánea, al reconquistar el poder en marzo de 1996, de “Pujol, enano, habla castellano”), se comprende el auge del sentimiento exclusivista e independentista entre las jóvenes generaciones.

Ese es, pues, el principal problema que sigue vivo ante nosotros (dejo de lado, ya sé, cosas como la calidad de la enseñanza y la investigación, que, desgraciadamente, angustian menos a la opinión). Deberíamos poder resolverlo, como resolvimos los demás. La ­fórmula será, seguramente, un federalismo más auténtico y completo. Pero no habrá solución a partir de los planteamientos clásicos de los nacionalismos excluyentes.

La historia juzgará algún día a las élites nacionalistas. Les culpará, creo, del grave deterioro de la cultura catalana, antes cosmopolita y hoy ensimismada, y de la división de la sociedad, antes satisfecha con el bilingüismo y la doble identidad. Como les culpará por haber creado un Estado en su peor versión posible: el decidido a imponer la homogeneidad cultural, según su modelo preconcebido de nación, y por tanto a reducir la libertad  y la pluralidad de la sociedad a la que gobierna.