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miércoles, 12 de junio de 2019

Un golpe de estado como una casa

El diario, El Periódico publica hoy un apropiado artículo de opinión, firmado por Joaquim Coll. (Barcelona, 1967), licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona Escritor, ensayista y colaborador en diversos medios de comunicación.  Como escritor son varios sus libros editados, a su vez también es coautor de otras diversas obras. 

Por considerar que el artículo de opinión publicado en El Periódico y firmado por Joaquim Coll, puede ser del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.



Joaquim Coll



Un golpe de estado como una casa

por: Joaquim Coll

El Periódico 

a 12-06-2019



Sorprende el disgusto que ha causado a muchos la descripción del fiscal Javier Zaragoza del 'procés' como un golpe de Estado. Lo dijo invocando a un clásico del derecho como el austriaco Hans Kelsen, que tuvo que huir de los nazis. También en Catalunya se utilizaron vías ilegales para derogar la Constitución e intentar alcanzar la independencia. Esa es la verdad aunque incomode y escandalice. Desde las filas secesionistas se niega la mayor porque sería reconocer el carácter antidemocrático de la vía unilateral. Lo que se entiende menos es que una parte de la opinión catalana no separatista compre acríticamente el relato del farol, de que todo fue simbólico y solo hubo desobediencia. Pues bien, si lo del golpe de Estado no gusta, imaginen en su lugar a unos ladrones que se disfrazan de payasos para asaltar un banco con pistolas de juguete que parecen reales. Exigen con determinación el botín aunque lo hacen apelando al buen rollo, despertando incluso la simpatía del público. Si logran el robo serán elevados a la categoría de genios, pero si la Policía actúa a tiempo y salen corriendo alegarán que todo era una broma. ¿Tampoco merecerían ser juzgados?

Aunque incruenta, hubo rebelión

El 'procés' no fue ninguna payasada sino un golpe de Estado como una casa, porque se intentó sustituir el orden constitucional por la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república catalana votada en el Parlament el 7 de septiembre de 2017. Sobre ese punto no cabe ninguna duda. Ha sido el golpe más largo de la historia, que no se limitó a lo declarativo sino que hizo abiertos intentos de preparar la desconexión en cuestiones de hacienda pública y tributaria, como ha investigado el juzgado número 13. Ese propósito nunca fue un secreto. Ahora bien, en su traducción penal el asunto se complica mucho, porque la rebelión exige un alzamiento violento. La última palabra sobre la suficiencia e idoneidad de la violencia la tienen los jueces, pero que hubo hechos violentos es innegable, como agresiones físicas a policías, actos de hostigamiento frente a los acuartelamientos de la Guardia Civil y en los hoteles donde las fuerzas de seguridad se alojaban, coacciones, amenazas, insultos, destrozo de vehículos, etcétera. Contra lo que a veces se afirma, no hace falta que el alzamiento sea armado ni cruento para que haya rebelión. Tampoco fueron unos simples desórdenes públicos, sino que la movilización impulsada por las entidades soberanistas tenía como fin llevar a cabo el referéndum para legitimar la independencia anunciada. Los acusados, la mayoría de los cuales eran autoridades públicas, habían garantizado ese vínculo con leyes, decretos y reiteradas declaraciones para animar a la ciudadanía a votar. En realidad, la responsabilidad última de todos los episodios de violencia, incluida la ejercida por los cuerpos de seguridad para cumplir con la orden judicial de impedir el 1-O, podría ser atribuida a los acusados, que fueron advertidos de los riesgos de mantener la convocatoria por los Mossos.

También la abogada del Estado reconoció en sus conclusiones finales que hubo violencia aunque no formase parte “estructural” del plan secesionista. Es una pirueta argumental para pedir solo sedición y responde a la voluntad del Gobierno de Sánchez de echar agua al vino. No sonó muy convincente en boca de la letrada Rosa María Seoane, pero como estamos ante algo inédito, un golpe civil desde las instituciones autonómicas, serán los jueces del Supremo los que fijen qué tipo de violencia es necesaria para la rebelión posmoderna. Pero negar que hubo un clima intimidatorio se parece mucho a cuando los niños pequeños se tapan los ojos con la mano para no ver la realidad que tienen delante. Lo mismo ocurre con la malversación, que también se cuestiona con tecnicismos pese a las evidencias. La fantasía de que no se gastó un céntimo público se fue por el desagüe el día que las cuatro abogadas del Estado explicaron el principio del devengo.

Fracaso político

Finalmente, el último asidero para negar la rebelión es que los acusados ni declararon de verdad la independencia ni intentaron retener el poder el 27 de octubre. No hubo oposición de ningún tipo, se enfatiza. Se trata de un argumento sorprendente porque el hecho mismo de que el Senado tuviera que aprobar el 155 para restablecer el orden constitucional, sin olvidar el grave discurso de Felipe VI, ya es en sí mismo una prueba de que las autoridades de la Generalitat se negaban a deponer su actitud. El fracaso político no les exime de su responsabilidad penal, que el tribunal tendrá que argumentar en base a la participación de cada acusado en los hechos probados.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

¿Para cuándo una auditoría sobre el ‘procés’?

El diario digital, Crónica Global, edita hoy, un certero artículo firmado por, Joaquim Coll.  Una vez más Crónica Global acierta en sus artículos editados, al igual que con sus autores. Por considerar que  dicho artículo de Joaquim Coll,  puede ser del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.

Joaquim Coll, Barcelona, 1967. Doctorado en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona, especializado en la política de los siglos XIX y XX.  Ha sido Profesor asociado en la Universidad de Barcelona y en la Universidad Autónoma de Barcelona.  Fue bibliotecario de las Juntas del Ateneo Barcelonés presididas por Oriol Bohigas. Siendo a su vez, el principal artífice de la modernización de su importante biblioteca histórica. Fue integrante del Grupo de Estudios de Historia de la Cultura y de los Intelectuales. Es uno de los impulsores de la organización de Federalistes d'Esquerres. Presidente de la Fundación Joan BoscàFue Vicepresidente y vocal de Sociedad Civil Catalana. Ha coorganizado cuatro cursos de verano en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, desde el  2015 hasta el 2018Es colaborador en diversos medios de comunicación, entre los cuales; El País, Crónica Global, El Periódico, TVE, etc. 

Joaquim Coll como escritor y coautor  tiene en su haber diversos e interesantes libros. 


Joaquim Coll




¿Para cuándo una auditoría sobre el ‘procés’?


por: Joaquim Coll

Crónica Global

Pensamiento 

28.11.2018

      

Ayer el diputado socialista en el Congreso, José Zaragoza, escribió en twitter: “El procés independentista solo ha servido para que el nacionalismo de siempre siga controlando el poder en Cataluña”. Sin duda no es el primero que lo dice, afirmaciones muy parecidas las hemos escuchado en boca de otros políticos y figuras del constitucionalismo, particularmente del siempre incisivo Jordi Cañas; por su parte, el exfiscal Carlos Jiménez Villarejo no se ha cansado de denunciar la simbiosis entre poder nacionalista y corrupción en sus artículos ahora recogidos en el libro "Cataluña. Mitos y resistencia" (2018). Pero Zaragoza ha estado oportuno esta semana en la que hay una importante huelga de la sanidad catalana porque su tuit apunta hacia lo esencial. Ante unos ajustes sociales durísimos y una crisis económica que iba para largo, el giro independentista de CDC en 2012 tuvo como objetivo abanderar un proyecto político (ilusionante para muchos) que le permitiera conservar el poder autonómico. Y lo cierto es que el procés logró desviar la indignación social hacia otros objetivos. Siendo Cataluña una de las autonomías donde se han producido más recortes en sanidad, educación y políticas asistenciales, paradójicamente, el foco del debate en estos años solo ha oscilado entre el derecho a decidir, el referéndum y la secesión.

Ahora bien, tras el vendaval del procés, la realidad social emerge ahora con toda su crudeza: una quinta parte de la población catalana está en riesgo de pobreza o exclusión, en medio de un escenario general de precariedad laboral y bajos salarios, con situaciones de enorme vulnerabilidad que afectan sobre todo a mujeres, jóvenes y niños. La recuperación económica tras la crisis solo ha beneficiado a una pequeña capa de la población, con lo que las desigualdades se han incrementado. Y frente a todo ello, Cataluña se sitúa ocho años después a la cola en la recuperación del gasto social. Según el Índice de Desarrollo de Políticas Sociales (2018) que elabora la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, la Generalitat debería invertir más de 4.000 millones para revertir los recortes de antes de la crisis. Como se explica en el último Informe social de la Fundació Rafael Campalans, lo peor con el procés es que, al lado de la desinversión social, se ha producido una grave parálisis política: Cataluña se ha convertido en una comunidad de listas de espera, desde las residencias para gente mayor hasta las intervenciones quirúrgicas, pasando por el acceso a la vivienda social.

Hace dos semanas, el Govern de Quim Torra presentó un informe que analiza el impacto de la aplicación del artículo 155 en la Generalitat. Retorciendo absolutamente las cifras, sitúa el coste económico en 1.800 millones entre afectaciones directas (el coste del personal político despedido, por ejemplo) e indirectas (programas o acciones no desarrolladas durante el medio año que finalmente duró la intervención del Estado). Se trata de un ejercicio destinado a la propaganda interna, a cultivar el victimismo, pues se enfatiza que el 155 ha perjudicado sobre todo a los sectores sociales más vulnerables que no recibieron ayudas, becas o subvenciones. Es el mundo al revés. En realidad, el verdadero coste que alguien debería calcular algún día es el dinero que la Generalitat y las administraciones locales han dedicado al procés a lo largo de todos estos años. Ayer Ciutadans denunció ante la Fiscalía el pago de 1,6 millones a un lobby americano ya en 2013 para promover la causa secesionista en el exterior. Se trata solo de un pequeño ejemplo de la fortuna que nos ha costado a los catalanes este disparate. Si alguien fuera capaz de auditarlo todo, desde el sobrecoste de la radio y la televisión pública, las subvenciones a los medios de comunicación privados hasta las “embajadas”, pasando por las mil y una partidas de todas las consejerías del Govern dedicadas a la agitación y la propaganda nacionalista e incluyendo también los cientos de cargos políticos innecesarios, seguro que tendríamos una cifra que cuadraría bastante con el agujero que explica que la Generalitat sea hoy la última autonomía en gasto social. Junto al daño moral incalculable perpetrado por el separatismo a la convivencia, conoceríamos la magnitud de la tragedia.

jueves, 20 de septiembre de 2018

¿Dónde está el escándalo?

El diario El Periódico, en su página El Tablero Catalán, publica un conciso y claro artículo firmado por Joaquim Coll, en el cual se pregunta a qué se debe tanto escándalo con respecto a los Chats privados de unos  jueces entre sí,  opinando sobre " el procés".  

Efectivamente, se ha provocado, según nuestro criterio, el de elblogdefcosvi, todo un inapropiado alboroto lleno de cinismo y fariseísmo, todo un habitual en los de la argucia política disfrazada de independentista y de todo lo que haga falta y más para continuar en el poder y mantener el statu quo de todos sus muchos acólitos. Pues solo se trata de eso.   A añadir que tanta bulla mediática, convirtiéndolo en tema de debate diario y a todas horas,  en nuestra opinión es toda una inequívoca  señal  de lo mal que están los medios de comunicación. 

Unos jueces que en un chat privado han intercambiado   unas opiniones, en nuestra opinión, muchos somos los que coincidimos en sus criterios, incluidos políticos, medios de comunicación, periodistas, etc.    Pero....¿ cuantas opiniones y declaraciones de carácter ofensivo hacia el estado y todo lo que el representa, incluido la Justicia,  ha efectuado y está efectuando  el mayor cargo constitucional del estado en Catalunya?. Si us plau, sensatesa. 

Joaquim Coll, Barcelona. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona, especializado en la política de los siglos XIX y XX.  Ha sido también profesor asociado en la Universidad de Barcelona y en la Universidad Autónoma de BarcelonaFue presidente de la Fundación Joan Boscà. Fue uno de los impulsores de la organización de Federalistes d'Esquerres. Es colaborador en diversos medios de comunicación, como, El PeriódicoEl País, Crónica Global, etc. 

Por considerar que el articulo de El periódico firmado por Joaquim Coll, puede ser del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.


Joaquim Coll




Imagen incluida en el artículo firmado por Joaquin Coll, fotografía de José Luis Roca 





¿Dónde está el escándalo?

 Lo grave no es que unos jueces opinen en un chat, sino que cargos públicos llevaran a cabo un plan para romper el Estatut y la Constitución


por: Joaquim Coll

El Periódico

20/09/2018




Quim Torra se ha servido de un chat privado utilizado por 5.000 magistrados para cargar otra vez contra la justicia española, exigir la anulación del proceso a los líderes separatistas y llamar a la movilización de los suyos. Sinceramente, cuesta ver dónde está el escándalo en la información publicada. Un grupo de jueces conversan en un chat corporativo privado, en un momento de gran tensión por el 'procés' y, en esencia, lo que hacen es criticar el intento de liquidar la Constitución en Catalunya. Lo llamativo sería lo contrario, o la equidistancia. Es verdad que algunos utilizan expresiones fuertes, incluso ofensivas, sobre los independentistas, y manifiestan mucha inquietud por lo que está ocurriendo. Otros, en cambio, mantienen un tono moderado y llaman a la calma. Se trata de un intercambio de opiniones particulares entre una treintena de participantes. Por otro lado, ninguno de ellos, según ha revelado Montserrat Comas, portavoz de Jueces por la Democracia, participa en ninguna de las causas abiertas por el 1-O. Torra ha querido utilizar esa información en el aniversario de los hechos ante la Conselleria d'Economia para dar por rota su confianza en la justicia española. Parecería un anuncio importante si no fuera porque eso ya lo ha dicho antes incontables veces.

El escándalo no está en los jueces, tampoco en la causa que ha instruido el magistrado Pablo Llarena, aunque se pueda discrepar de la calificación penal de rebelión; lo grave fue lo que sucedió en el Parlament en septiembre del año pasado, y el intento de legitimar ese golpe a la democracia a través de un desbordamiento en la calle. Eso es lo pasó en Economía, con el secuestro de la comitiva judicial por manifestantes convocados por la ANC y Òmnium, y luego con mayor amplitud el 1-O. Nadie duda de que estamos ante un problema político, pero tampoco es bueno ignorar que los hechos en un Estado de derecho tienen consecuencias. Lo escandaloso no es que unos jueces opinen en un chat privado a calzón quitado, sino que un grupo de cargos públicos llevara a cabo un plan para romper el Estatut y la Constitución.