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sábado, 25 de enero de 2020

Sánchez y Torra: un extraño encuentro


Una vez más, el diario digital Crónica Global satisface a sus lectores con un nuevo y apropiado artículo firmado por el jurista español y ex-fiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo (3-06-1935- Málaga).

Carlos Jiménez Villarejo, Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. Ingresó por oposición libre en la carrera fiscal, siendo nombrado Abogado fiscal en la Audiencia Territorial de Barcelona. A su vez, ha sido cofundador de la asociación Justicia Democrática.  

En el año 1984, en su labor como fiscal, junto al fiscal, José María Mena, interpusieron una querella contra Banca Catalana, dada la quiebra de la entidad, provocando entre otros aspectos, todo un enorme perjuicio para sus miles de pequeños ahorradores.  Querella que incluyó en la misma a ex-directivos de la entidad bancaria, entre los cuales estaba, Jordi Pujol, ya presidente de la Generalitat de Catalunya. Siendo ello causa de que, desde  los partidos políticos nacionalistas, determinadas instituciones y medios de comunicación catalanes se iniciara toda una enorme campaña en contra del estado español. En la memoria de muchos nosotros, está la enorme concentración de mayo del 84, de apoyo y aclamación  ciudadano hacia el  presidente Pujol. Aglutinando, según los organizadores, a más de 300.000 personas, las cuales le vitoreaban y a su vez culpabilizaban  al gobierno central, al PSOE y al estado

Campaña, fue toda una muestra del abuso, manipulación, utilización del poder conferido, y, por la otra parte, la del estado, la de toda una falta de autoridad con respecto a los distintos gobiernos nacionalistas, 23 años consecutivos.  Campaña que con el tiempo a un nivel muy inferior y conveniente ha proseguido de forma constante y persistente. Iniciándose  de nuevo dentro de una  progresiva virulencia a finales del 2012 a raíz del fracaso, para el presidente Mas,  de su reunión con el presidente del gobierno central, señor Rajoy, el 20-09-2012 en La Moncloa. Una campaña que continua hasta el día de hoy y, dentro de un todo desenfrenado in crescendo, frente a toda una continuada enorme torpeza, irresponsabilidad e inoperancia política del resto de los partidos políticos, principalmente de los que forman el gobierno de España.
  
En 1986 y, únicamente como dato, habiendo como presidente de gobierno el señor, Felipe González, la Audiencia de Barcelona desestimo la querella con 8 votos a favor y 33 en contra. 

En 1987, Carlos Jiménez Villarejo, fue nombrado Fiscal jefe de la Audiencia de Barcelona. En 1995 fue el responsable de la Fiscalia especial de anticorrupción, siendo cesado de dicha responsabilidad. Únicamente como dato, ello coincidió con la presidencia del gobierno de José Maria Aznar del año 2003. Lo cual motivó que, Jimenes Villarejo solicitara  la jubilación voluntaria.

Tras su jubilación y, libre  para expresar opiniones, acrecienta su actividad pública civil y de carácter político, manifestando  su pensamiento jurídico, así como  temas de índole política, participando activamente en diversas organizaciones cívicas de carácter público y privado. Colaborando en diversos medios de comunicación. 

Carlos Jiménez Villarejo es autor de varios libros, artículos académicos y de opinión política. 

Por considerar que dicho artículo puede ser de interés para nuestros lectores, 
elblogdefosvi lo adjunta. 



Carlos Jiménez Villarejo



Sánchez y Torra: un extraño encuentro

Por: Carlos Jiménez Villarejo

Diario digital, Crónica Global 

Pensamiento

a 25/01/2020



La contundente, reiterada , contumaz y obstinada resistencia del acusado a acatar un mandato investido de autoridad y dictado conforme a la legalidad” (texto de la sentencia condenatoria del President Torra).

Si ya es sorprendente el encuentro anunciado entre el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Quim Torra, lo es más cuando va producirse fuera del marco constitucional que se fijó en el acuerdo de un Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos. En éste, en el apartado 9 sobre Garantizar la convivencia en Cataluña, se afirmaba que “se fomentará el diálogo en Cataluña (...) siempre dentro de la Constitución (...). Garantizando la igualdad entre todos los españoles”. Desde este punto de partida, el posterior acuerdo entre el PSOE, como partido de Gobierno, y ERC, no se ajusta en absoluto a los términos constitucionalistas del primer acuerdo.

Hay mucha retórica, pero gravísimos errores y riesgos. La apelación a los “principios de lealtad institucionalidad y bilateralidad”, es la mera reproducción de lo establecido en el art.3.1 del Estatut de Autonomía. Pero, más allá de esta proclamación, el resto del acuerdo es muy preocupante.

En él, hay una expresa y deliberada omisión de cualquier referencia a la Constitución, núcleo y fundamento de nuestra convivencia democrática desde 1978. Lo que representa la deliberada infracción de dos preceptos básicos del Estatut .

El art. 2.4 de éste establece --y, bajo ningún concepto, puede eludirse-- que “los poderes de la Generalitat” se ejercen “de acuerdo con lo establecido en el Estatut y la Constitución”. La omisión se agrava cuando, en el art. 4.1 del Estatut, al fijarse los “principios rectores” de los poderes públicos de la Generalitat se les impone “promover” los “derechos y libertades” reconocidos en la “Constitución”.

Si ello ya es muy grave, señor Presidente, también lo es que los acuerdos que pretenden alcanzarse solo tengan que contar “con un apoyo amplio de la sociedad catalana”. Ante una crisis política, social y humana tan evidente, es otro y grave error que para la superación de la fractura social que ella representa no se hubiera exigido, explícitamente, una mayoría de nuestra ciudadanía, o, aún más, una mayoría cualificada.

Pero los errores siguen, señor Presidente. ¿Cómo se aceptó, como vía para la resolución del conflicto, ”superar la judicialización del mismo? Cuando ya han sido condenados dos Presidentes de la Generalitat y los responsables del proceso de ruptura antidemocrática que culminó el 27 de octubre de 2017 . Y, precisamente, cuando en estas fechas el Tribunal Constitucional ha informado de dos sentencias del pasado 15 de este mes rechazando los recursos de amparo de Carme Forcadell y Jordi Sánchez por sus respectivas prisiones preventivas.

Evidentemente, muy fundamentadas. Pero lo más grave es que el partido mayoritario, ya en el Poder Ejecutivo del Estado español, acepte firmar un acuerdo político que representa, cuando menos, una forma de injerencia en el Poder Judicial, quebrantando uno de los cimientos de nuestra democracia.

Porque, aparte del “trabalenguas” que expresa dicho término, como ha dicho con acierto Kepa Aulestia, es muy complejo comprender que entienden por “desjudicialización”. Excluimos que el Ejecutivo pretenda controlar al Ministerio Fiscal, legalmente obligado a actuar con imparcialidad, es decir, con objetividad y rechazando de plano cualquier clase de influencias o presiones, máxime si provienen del ámbito del poder político o económico. Y, aún más, ante la acreditada independencia de la futura Fiscal General del Estado.

Y, ya sabemos, que hay otras vías para favorecer a privilegiados delincuentes como el indulto o precipitadas e interesadas reformas del Código Penal, como están anunciándose por altos cargos del Gobierno. Pero, confiemos en el respeto que merecen el Poder Judicial, los jueces y magistrados en el ejercicio independiente de sus funciones.

En todo caso, ante cualquier medida que pretenda adoptarse para el desarme del Estado de Derecho y la celebración de juicios justos, --no me faltan experiencias-- siempre estará presente el derecho de los ciudadanos para el ejercicio de la acción popular ante los tribunales y su compromiso contra la impunidad.

Pese a todo, ERC y los dirigentes del independentismo saben, sobradamente, que son numerosos los procesos penales pendientes, además de los ya concluídos, especialmente el incoado a causa de la actividad delictiva desarrollada desde 2013 hasta 2017. Y, otros, pendientes de juicio oral o en fase avanzada de instrucción. Por delitos, no solo de rebelión o sedición, sino por otros muchos como malversación de caudales públicos, prevaricación o, entre otros, desobediencia.

Procesos, que es muy difícil que puedan ser afectados por eso que, con el consentimiento del PSOE, han dado en llamar “desjudicialización”. Lo que, en definitiva, representaría una gravísima forma de lo que he calificado de desarme del Estado democrático.Solo para dar satisfacción a un independentismo minoritario, insolidario y excluyente, además de anticonstitucional. Señor Presidente, nuestra democracia es merecedora de una respuesta plenamente constitucional.

miércoles, 12 de junio de 2019

Un golpe de estado como una casa

El diario, El Periódico publica hoy un apropiado artículo de opinión, firmado por Joaquim Coll. (Barcelona, 1967), licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona Escritor, ensayista y colaborador en diversos medios de comunicación.  Como escritor son varios sus libros editados, a su vez también es coautor de otras diversas obras. 

Por considerar que el artículo de opinión publicado en El Periódico y firmado por Joaquim Coll, puede ser del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.



Joaquim Coll



Un golpe de estado como una casa

por: Joaquim Coll

El Periódico 

a 12-06-2019



Sorprende el disgusto que ha causado a muchos la descripción del fiscal Javier Zaragoza del 'procés' como un golpe de Estado. Lo dijo invocando a un clásico del derecho como el austriaco Hans Kelsen, que tuvo que huir de los nazis. También en Catalunya se utilizaron vías ilegales para derogar la Constitución e intentar alcanzar la independencia. Esa es la verdad aunque incomode y escandalice. Desde las filas secesionistas se niega la mayor porque sería reconocer el carácter antidemocrático de la vía unilateral. Lo que se entiende menos es que una parte de la opinión catalana no separatista compre acríticamente el relato del farol, de que todo fue simbólico y solo hubo desobediencia. Pues bien, si lo del golpe de Estado no gusta, imaginen en su lugar a unos ladrones que se disfrazan de payasos para asaltar un banco con pistolas de juguete que parecen reales. Exigen con determinación el botín aunque lo hacen apelando al buen rollo, despertando incluso la simpatía del público. Si logran el robo serán elevados a la categoría de genios, pero si la Policía actúa a tiempo y salen corriendo alegarán que todo era una broma. ¿Tampoco merecerían ser juzgados?

Aunque incruenta, hubo rebelión

El 'procés' no fue ninguna payasada sino un golpe de Estado como una casa, porque se intentó sustituir el orden constitucional por la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república catalana votada en el Parlament el 7 de septiembre de 2017. Sobre ese punto no cabe ninguna duda. Ha sido el golpe más largo de la historia, que no se limitó a lo declarativo sino que hizo abiertos intentos de preparar la desconexión en cuestiones de hacienda pública y tributaria, como ha investigado el juzgado número 13. Ese propósito nunca fue un secreto. Ahora bien, en su traducción penal el asunto se complica mucho, porque la rebelión exige un alzamiento violento. La última palabra sobre la suficiencia e idoneidad de la violencia la tienen los jueces, pero que hubo hechos violentos es innegable, como agresiones físicas a policías, actos de hostigamiento frente a los acuartelamientos de la Guardia Civil y en los hoteles donde las fuerzas de seguridad se alojaban, coacciones, amenazas, insultos, destrozo de vehículos, etcétera. Contra lo que a veces se afirma, no hace falta que el alzamiento sea armado ni cruento para que haya rebelión. Tampoco fueron unos simples desórdenes públicos, sino que la movilización impulsada por las entidades soberanistas tenía como fin llevar a cabo el referéndum para legitimar la independencia anunciada. Los acusados, la mayoría de los cuales eran autoridades públicas, habían garantizado ese vínculo con leyes, decretos y reiteradas declaraciones para animar a la ciudadanía a votar. En realidad, la responsabilidad última de todos los episodios de violencia, incluida la ejercida por los cuerpos de seguridad para cumplir con la orden judicial de impedir el 1-O, podría ser atribuida a los acusados, que fueron advertidos de los riesgos de mantener la convocatoria por los Mossos.

También la abogada del Estado reconoció en sus conclusiones finales que hubo violencia aunque no formase parte “estructural” del plan secesionista. Es una pirueta argumental para pedir solo sedición y responde a la voluntad del Gobierno de Sánchez de echar agua al vino. No sonó muy convincente en boca de la letrada Rosa María Seoane, pero como estamos ante algo inédito, un golpe civil desde las instituciones autonómicas, serán los jueces del Supremo los que fijen qué tipo de violencia es necesaria para la rebelión posmoderna. Pero negar que hubo un clima intimidatorio se parece mucho a cuando los niños pequeños se tapan los ojos con la mano para no ver la realidad que tienen delante. Lo mismo ocurre con la malversación, que también se cuestiona con tecnicismos pese a las evidencias. La fantasía de que no se gastó un céntimo público se fue por el desagüe el día que las cuatro abogadas del Estado explicaron el principio del devengo.

Fracaso político

Finalmente, el último asidero para negar la rebelión es que los acusados ni declararon de verdad la independencia ni intentaron retener el poder el 27 de octubre. No hubo oposición de ningún tipo, se enfatiza. Se trata de un argumento sorprendente porque el hecho mismo de que el Senado tuviera que aprobar el 155 para restablecer el orden constitucional, sin olvidar el grave discurso de Felipe VI, ya es en sí mismo una prueba de que las autoridades de la Generalitat se negaban a deponer su actitud. El fracaso político no les exime de su responsabilidad penal, que el tribunal tendrá que argumentar en base a la participación de cada acusado en los hechos probados.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Ciudadano Rufián

El prestigioso diario El País, en sus páginas de Opinión, incluye un buen e interesante atinado, somero  y hasta considerado artículo en el cual hace referencia al diputado por ERC, Gabriel Rufián, aunque éste pertenece a la plataforma Súmate. pero en la lectura, nosotros  interpretamos que en realidad, aunque haga mención  al político Rufián, hace referencia a un tipo de parlamentarismo y declaraciones de determinados políticos, éstos llenos de enorme "moral" cínica, irreverencias, injurias e histrionismo.La mentira continuada a sabiendas y defender lo que no es posible defender. 

A nuestro juicio,  demasiada extendida la moral cínica, entre la clase política, principalmente y  de forma muy mayoritaria entre los políticos catalanes de la argucia política disfrazada de independentismo y demás argumentos precisos para mantener el poder.    

Andrés Barba (Madrid, 1975) Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, posee estudios de Filosofía. Escritor, ensayista, poeta y traductor. Fue seleccionado en el 2010, por la Revista Granta en Inglaterra, como uno de los jóvenes escritores más importantes de habla hispana.  Andrés Barba, ha obtenido diversos premios y reconocimientos por sus trabajos.  Su última obra, 2017,  "República Luminosa" de Editorial Anagrama.



Andrés Barba


Por considerar que el articulo de opinión de hoy, en el diario de El País y firmado por Andrés Barba, puede ser de interés para nuestros lectores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi



Gabriel Rufián, en el Congreso el pasado miércoles. JAIME VILLANUEVA, fotografía que acompaña el buen articulo de Andrés Barba




Ciudadano Rufián 


No está claro hasta qué punto el político es consciente de la tradición filosófica a la que pertenece: el cinismo clásico


por: Andrés Barba

El País

Opinión

a 04/11/2018


Es una de las anécdotas más celebradas del pensamiento materialista y la relata Diógenes Laercio en su "Vida, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres". A su paso por Corinto, el gran emperador Alejandro Magno se acerca a la tinaja en la que vive rodeado de perros y en una miseria extrema el filósofo Diógenes de Sínope y le ofrece: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. La respuesta de Diógenes: “Apártate, que me estás quitando el sol”, es la primera declaración situacionista de la historia y la performance perfecta: no solo obliga tácitamente al emperador a reconocer la superioridad de Diógenes, sino que pone de manifiesto la futilidad del sistema con el que el poderoso ha medido el mundo. Impertinente y literal, la respuesta de Diógenes es algo más que una provocación, es una representación: genera de inmediato un espacio teatral en el que el emperador se ve obligado a representar la obra que Diógenes ha preparado para él. Y literalmente.

Una de las razones por las que Gabriel Rufián es seguramente el hombre más odiado por la derecha (y por parte de la izquierda) española, es precisamente esa: al igual que Diógenes ante el emperador, comete el pecado imperdonable de dar una respuesta materialista a una pregunta idealista. No resulta extraño que media España quiera linchar a Rufián (ese cocktail perfecto entre Diógenes, personaje de Alicia en el país de las maravillas, y estudiante envalentonado que se enfrenta al profe); lo extraño es que la razón por la que quieren hacerlo —muy por encima de sus peticiones nacionalistas es su aire “faltón, irrespetuoso e impresentable”, como si fuera menos faltón, irrespetuoso e impresentable la procesión de políticos amnésicos que no se acuerdan de nada, ni conocen a nadie, ni nunca estuvieron allí. Solo el malabarismo de una dialéctica puritana, más preocupada por las formas que por los contenidos, ha conseguido el milagro de hacer creer a un país relativamente crítico que el primer delito es menos perdonable que el segundo.

A esa ofensa de ser “faltón e impresentable” se suele unir con gran indignación el argumento de que no tiene sentido que Rufián se beneficie y forme parte de una estructura cuya autoridad no reconoce. Es, reciclado en parte, el mismo argumento que promueve tratar poco democráticamente a los “no demócratas”, y en última instancia, asesinar a los asesinos. Pero, en la misma estela de Diógenes,  Rufián no trata de ocultar que no reconoce la autoridad que le da una tribuna, sencillamente se aprovecha de ella. Lo sepa o no, sea o no consciente (sería mucho aventurar aquí que Rufián tiene un plan diseñado), la estrategia del filósofo cínico no se enreda en pensar si es consecuente o inconsecuente —a diferencia del político “idealista” o del hombre de negocios, que no pocas veces cambian los nombres de las cosas para dar gato por liebre— la dialéctica cínica es frontal y pragmática, su arma es la literalidad y su intención no es tanto construir un discurso como mostrar las mentiras que se esconden tras los “grandes valores”.

La dialéctica cínica es frontal, su arma es la literalidad y su intención es mostrar mentiras que se esconden tras los “grandes valores”

Cuando Platón definió al hombre como bípedo implume, Diógenes desplumó un pollo, lo soltó en plena Academia y dijo: “Ahí va el hombre de Platón”. La mejor forma de desacreditar el argumento platónico no era un discurso elocuente, bastaba un pollo desplumado. ¿Por qué no habría de bastar entonces una camiseta con la fotografía del ministro Rato entrando en prisión bajo el lema: “Es el mercado, amigo”, o alzar una impresora en el Congreso para señalar al “enemigo? Al evitar la retórica, el filósofo cínico evita también sus trampas. Sabe algo importante: que donde hay una buena carcajada hay siempre una idea, que la indignación es la mejor muestra de que se ha tocado una herida y que muchas veces así es como se revela que tal vez no era tan sublime lo que se nos vendía como tal. Diógenes sabía que su lucha no era tanto formular una propuesta como evitar que el idealismo nos mintiera más de la cuenta. No sé hasta qué punto Rufián es consciente de la tradición dialéctica a la que pertenece, pero hay que tener cuidado con tratar con demasiado paternalismo al perro: puede morder la mano. Y también con menospreciar su función: es un buen guardián de la casa de las ideas y del correcto funcionamiento de la política. El perro del materialismo nos protege de que alguien nos suelte una bomba de humo para vendernos nuestro propio ataúd con un enorme lazo rosa. Tal vez no sea al fin y al cabo tan imperdonable que alguien se burle abiertamente de quienes tan abiertamente se burlan de nuestra inteligencia. Y por lo mismo: tal vez el ciudadano Rufián no sea tanto un enemigo de la política, como la manifestación de su total inoperancia en los términos en los que la estamos articulando hoy. El perro no siempre ladra a lo loco; a veces lo hace también a quien intenta robar la casa.



(1) Diógenes Laercio, Siglo,III,  d.C.Historiador griego de filosofía clásica. Autor de diversas obras, entre ellas una biografía :Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.  Libro traducido del griego, por D. José Ortiz y Sanz