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domingo, 25 de noviembre de 2018

No hay semana sin ‘show’

El diario El País en el día de hoy, en sus páginas de opinión, incluye un buen y apropiado artículo de Elvira Lindo. Por entender que dicho artículo puede ser del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.

Elvira Lindo, ( Cádiz, 1962) licenciada en periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Profesionalmente desempeñó el trabajo de locutora y guionista dentro del campo radiofónico y audiovisual. Colaboradora del  El País y en la SER.  Ocasionalmente ha intervenido como actriz secundaria en diversas películas.  Y como escritora su haber en cuanto libros publicados es largo y dentro de diferentes géneros literarios. Habiendo  que destacar, por popularidad, los de narrativa infantil, principalmente los de " Manolito Gafotas", personaje por el cual recibió en 1998el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por su libro: "Los trapos sucios" editado el 1997.


Elvira Lindo




No hay semana sin ‘show’


¿De dónde surgen esas formas y ese lenguaje en el oficio actual de la política que hasta ahora desconocíamos?


por: Elvira Lindo

El País 

a 25/11/2018

Cualquiera de nosotros conoce a personas con inquietudes políticas. Hombres y mujeres a los que reconocemos capacidad de convicción, de liderazgo, capaces de articular un buen discurso, de apaciguar los ánimos en un equipo, seres que despiertan respeto y respetan, que negocian sin humillar al que lleva las de perder, sagaces, peleadores, convincentes. Cuando nos encontramos con alguien que posee este poderoso atractivo, pensamos, ¿y por qué no hay personas así en la política? Esta semana hemos tenido una vez más la respuesta.

La vida laboral de los ciudadanos que viven fuera de los focos obliga a una negociación continua. Cuántas veces no se ha de controlar el impulso de soltar algo desagradable, en cuántas ocasiones la buena educación vence al exabrupto, cuánto hemos reprimido (me incluyo) la parte desabrida de nuestro carácter para que nuestros hijos tuvieran un buen ejemplo en casa o nos hemos callado ante un chulo por no liarla; de qué manera la armonía familiar se mantiene gracias a que hacemos oídos sordos al ya célebre cuñado. Y esa actitud no nos hace menos auténticos, menos apasionados o valientes, porque echamos mano de recursos como la seducción para salirnos con la nuestra. Quien más educado está, quien más inteligente es, más capacidad muestra para convencer o vencer sin necesidad de herir. Como antídoto a lo que hemos visto esta semana en el Congreso de los Diputados yo propongo observar lo que ocurre en la calle, en el trabajo, en nuestro hogar: ¿podemos permitirnos el lujo de insultar a la mínima sin que eso tenga unas consecuencias lamentables? ¿Cuántas veces en la vida ha pronunciado usted una mala palabra para desacreditar al adversario?

No todos estamos enzarzados a diario en peleas virtuales 

Fascista, golpista, indecente, indigno. Jamás he utilizado estos términos en un cara a cara o en una discusión por más encendida que esta fuera. Si alguien las hubiera usado contra mí no concebiría la posibilidad de una reconciliación. ¿De dónde surgen entonces esas formas y ese lenguaje en el oficio actual de la política que hasta ahora desconocíamos? ¿Están calcadas de Twitter, de los shows televisivos? ¿Para qué público actúan los que convierten el oficio público en una de esas payasadas de lucha libre que tanto inspiran a Donald Trump ? Deben saber quienes se dedican a la política que no todos los votantes estamos enzarzados a diario en peleas virtuales, y si alguna vez nos hemos revolcado en ellas (porque momentos de debilidad los tiene cualquiera) estamos empezando a evitarlas al ser conscientes de lo intoxicadoras y estériles que son. Sacan de nosotros el monstruo que tenemos encerrado en la vida real bajo siete llaves. Pero cada vez más distinguimos entre el acaloramiento natural de un debate y los números que se montan solo para sacudir el fango de esas redes que manipulan nuestra rabia y nuestro criterio.

Tan acostumbrados están algunos a reinar en lo virtual que ya no saben comportarse presencialmente. No podemos permitir que esa vulgaridad se nos contagie. Insisto, no son en absoluto un espejo de lo que sucede en la vida real, de la misma forma que no lo es Twitter. Son muchos los ciudadanos que cada día se enfrentan al mundo con espíritu de negociación, negocian, contienen sus más oscuras emociones, se censuran la burla o el desprecio. Precisamente porque no somos santos, concebimos la educación como una estrategia para la convivencia. Y hay grandes estrategas. Con qué dignidad ocuparían un asiento en el Congreso, pero ¿qué persona brillante y educada se expondría a semejante jauría? Nadie en su sano juicio.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Ciudadano Rufián

El prestigioso diario El País, en sus páginas de Opinión, incluye un buen e interesante atinado, somero  y hasta considerado artículo en el cual hace referencia al diputado por ERC, Gabriel Rufián, aunque éste pertenece a la plataforma Súmate. pero en la lectura, nosotros  interpretamos que en realidad, aunque haga mención  al político Rufián, hace referencia a un tipo de parlamentarismo y declaraciones de determinados políticos, éstos llenos de enorme "moral" cínica, irreverencias, injurias e histrionismo.La mentira continuada a sabiendas y defender lo que no es posible defender. 

A nuestro juicio,  demasiada extendida la moral cínica, entre la clase política, principalmente y  de forma muy mayoritaria entre los políticos catalanes de la argucia política disfrazada de independentismo y demás argumentos precisos para mantener el poder.    

Andrés Barba (Madrid, 1975) Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, posee estudios de Filosofía. Escritor, ensayista, poeta y traductor. Fue seleccionado en el 2010, por la Revista Granta en Inglaterra, como uno de los jóvenes escritores más importantes de habla hispana.  Andrés Barba, ha obtenido diversos premios y reconocimientos por sus trabajos.  Su última obra, 2017,  "República Luminosa" de Editorial Anagrama.



Andrés Barba


Por considerar que el articulo de opinión de hoy, en el diario de El País y firmado por Andrés Barba, puede ser de interés para nuestros lectores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi



Gabriel Rufián, en el Congreso el pasado miércoles. JAIME VILLANUEVA, fotografía que acompaña el buen articulo de Andrés Barba




Ciudadano Rufián 


No está claro hasta qué punto el político es consciente de la tradición filosófica a la que pertenece: el cinismo clásico


por: Andrés Barba

El País

Opinión

a 04/11/2018


Es una de las anécdotas más celebradas del pensamiento materialista y la relata Diógenes Laercio en su "Vida, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres". A su paso por Corinto, el gran emperador Alejandro Magno se acerca a la tinaja en la que vive rodeado de perros y en una miseria extrema el filósofo Diógenes de Sínope y le ofrece: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. La respuesta de Diógenes: “Apártate, que me estás quitando el sol”, es la primera declaración situacionista de la historia y la performance perfecta: no solo obliga tácitamente al emperador a reconocer la superioridad de Diógenes, sino que pone de manifiesto la futilidad del sistema con el que el poderoso ha medido el mundo. Impertinente y literal, la respuesta de Diógenes es algo más que una provocación, es una representación: genera de inmediato un espacio teatral en el que el emperador se ve obligado a representar la obra que Diógenes ha preparado para él. Y literalmente.

Una de las razones por las que Gabriel Rufián es seguramente el hombre más odiado por la derecha (y por parte de la izquierda) española, es precisamente esa: al igual que Diógenes ante el emperador, comete el pecado imperdonable de dar una respuesta materialista a una pregunta idealista. No resulta extraño que media España quiera linchar a Rufián (ese cocktail perfecto entre Diógenes, personaje de Alicia en el país de las maravillas, y estudiante envalentonado que se enfrenta al profe); lo extraño es que la razón por la que quieren hacerlo —muy por encima de sus peticiones nacionalistas es su aire “faltón, irrespetuoso e impresentable”, como si fuera menos faltón, irrespetuoso e impresentable la procesión de políticos amnésicos que no se acuerdan de nada, ni conocen a nadie, ni nunca estuvieron allí. Solo el malabarismo de una dialéctica puritana, más preocupada por las formas que por los contenidos, ha conseguido el milagro de hacer creer a un país relativamente crítico que el primer delito es menos perdonable que el segundo.

A esa ofensa de ser “faltón e impresentable” se suele unir con gran indignación el argumento de que no tiene sentido que Rufián se beneficie y forme parte de una estructura cuya autoridad no reconoce. Es, reciclado en parte, el mismo argumento que promueve tratar poco democráticamente a los “no demócratas”, y en última instancia, asesinar a los asesinos. Pero, en la misma estela de Diógenes,  Rufián no trata de ocultar que no reconoce la autoridad que le da una tribuna, sencillamente se aprovecha de ella. Lo sepa o no, sea o no consciente (sería mucho aventurar aquí que Rufián tiene un plan diseñado), la estrategia del filósofo cínico no se enreda en pensar si es consecuente o inconsecuente —a diferencia del político “idealista” o del hombre de negocios, que no pocas veces cambian los nombres de las cosas para dar gato por liebre— la dialéctica cínica es frontal y pragmática, su arma es la literalidad y su intención no es tanto construir un discurso como mostrar las mentiras que se esconden tras los “grandes valores”.

La dialéctica cínica es frontal, su arma es la literalidad y su intención es mostrar mentiras que se esconden tras los “grandes valores”

Cuando Platón definió al hombre como bípedo implume, Diógenes desplumó un pollo, lo soltó en plena Academia y dijo: “Ahí va el hombre de Platón”. La mejor forma de desacreditar el argumento platónico no era un discurso elocuente, bastaba un pollo desplumado. ¿Por qué no habría de bastar entonces una camiseta con la fotografía del ministro Rato entrando en prisión bajo el lema: “Es el mercado, amigo”, o alzar una impresora en el Congreso para señalar al “enemigo? Al evitar la retórica, el filósofo cínico evita también sus trampas. Sabe algo importante: que donde hay una buena carcajada hay siempre una idea, que la indignación es la mejor muestra de que se ha tocado una herida y que muchas veces así es como se revela que tal vez no era tan sublime lo que se nos vendía como tal. Diógenes sabía que su lucha no era tanto formular una propuesta como evitar que el idealismo nos mintiera más de la cuenta. No sé hasta qué punto Rufián es consciente de la tradición dialéctica a la que pertenece, pero hay que tener cuidado con tratar con demasiado paternalismo al perro: puede morder la mano. Y también con menospreciar su función: es un buen guardián de la casa de las ideas y del correcto funcionamiento de la política. El perro del materialismo nos protege de que alguien nos suelte una bomba de humo para vendernos nuestro propio ataúd con un enorme lazo rosa. Tal vez no sea al fin y al cabo tan imperdonable que alguien se burle abiertamente de quienes tan abiertamente se burlan de nuestra inteligencia. Y por lo mismo: tal vez el ciudadano Rufián no sea tanto un enemigo de la política, como la manifestación de su total inoperancia en los términos en los que la estamos articulando hoy. El perro no siempre ladra a lo loco; a veces lo hace también a quien intenta robar la casa.



(1) Diógenes Laercio, Siglo,III,  d.C.Historiador griego de filosofía clásica. Autor de diversas obras, entre ellas una biografía :Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.  Libro traducido del griego, por D. José Ortiz y Sanz