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domingo, 1 de marzo de 2020

Reencuentro en la boca del lobo


Hoy el diario digital, El Español, publica una idónea carta de su director, Pedro J. Ramírez, donde éste, describe su parecer. 

Pedro J. Ramírez ( Logroño, 26-03-1952) Licenciado en periodismo por la Universidad de Navarra. Ejerció durante el curso 1973-74  de profesor de literatura española contemporánea en el Lebanon Valley College ( Pensilvania), siendo nombrado en el año 1996, doctor honoris causa. Fue director del Diario 16 durante 9 años. Director del diario El Mundo, durante 25 años. Pedro J. Ramírez, ha colaborado y colabora con otros medios de comunicación. Habiendo recibido numerosos premios y es autor de mas de una docena de libros.

Por considerar elblogdefcosvi que dicho escrito, el contenido del mismo, bien puede ser del interés de nuestros seguidores, lo incluimos en el blog


Nota de: elblogdefcosvi, donde el autor Pedro J. Ramírez, escribe: "El drama sería que no fuera suficiente"para el blog, mire por donde se mire, el drama está servido y las consecuencias del mismo, en nuestra opinión, saldrán, tardarán menos o más, pero sin duda llegarán y serán aciagas, profundas. Es imposible normalizar hoy, 2020cuartos del siglo XXI,  tanta vileza y amoralidad política, mediática y civil, frente a una mayoría de la ciudadanía, por más cortinas de huno que se levanten por parte de los gobernantes implicados. Más, cuando se tiene frente si, toda una  existencia de generales graves problemas de carácter social.


                          

     Reencuentro en la boca del lobo

Lo peor de la Mesa de Negociación que se escenificó el miércoles por la tarde en la Moncloa, ocurrió por la mañana. O sea, antes de empezar. Concretamente, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.


Diario digital, El Español 

Carta del Director 

por: Pedro J. Ramírez

a 1 de Marzo, 2020




magnifica Ilustración de, Javier Muñoz


Sánchez acababa de eludir la pregunta de Casado sobre cómo piensa "garantizar la igualdad entre los españoles", con el más socorrido de los tópicos, dentro del género "lecciones, las justas". ¿Cuál es el problema del PP? Pues que "ustedes confunden la igualdad con la uniformidad".

Entonces le tocó el turno a la portavoz de Junts, Laura Borràs, en plena huida hacia delante para convertir la imputación por amañar contratos, que beneficiaron a su peña, en parte de la persecución de la Justicia española contra el independentismo. La literalidad de su pregunta planteaba "qué le corresponde hacer al Gobierno", tras el crecimiento rampante, "durante los últimos diez años", del voto a los partidos catalanes empeñados en separarse de España.

En lugar de contestar con la obviedad de que al Gobierno le corresponde aplicar las leyes que forman parte del orden constitucional; en lugar de alegar que ésa es la única fuente de la legitimidad de los electos para ejercer competencias tasadas; en lugar de pararle los pies, replicando que el titular exclusivo de la soberanía es el pueblo español en su conjunto, Sánchez cometió el aparente error de recoger el guante.

                                                 "El independentismo no ha obtenido la mayoría de los votos en ninguno de los cinco comicios celebrados durante esa década", replicó el presidente. Entrando, para más inri, en la distinción entre "mayoría de escaños" y "mayoría social".

El corolario también era manido donde los haya: reconozcan ustedes el pluralismo de la sociedad catalana. Borràs podrá ser corrupta, pero no tonta. Sánchez se lo había puesto, como quien dice, "a huevo" y ella no desaprovechó la ocasión de emplazarle para la posteridad: "¿Si consiguiéramos la mayoría social, la reconocerían? Está por ver".

Que Sánchez se dejara llevar al huerto en el que le esperaba la interpelante sólo podría obedecer a dos razones. La más obvia, que el riesgo de que se configure esa "mayoría social" independentista fuera prácticamente nulo o al menos muy remoto. Pero resulta que, en las dos últimas elecciones autonómicas, la suma de Junts, Esquerra y la CUP ha sobrepasado el 47,5% de los votos, con lo que bastaría un progreso de tan sólo el 5% de esa casi media Cataluña, o sea, un trasvase del 2,5% de un bloque a otro, poco más de cien mil votos, para que la hipótesis otrora descabellada se hiciera realidad.


    "Borràs no desaprovechó la ocasión de emplazarle para la posteridad: "¿Si consiguiéramos la mayoría social, la reconocerían?" 


Sólo queda por lo tanto pensar que Sánchez quiso quedar deliberadamente rehén de su dialéctica. O sea, que no fue error sino cálculo. Que no hubo improvisación -¿cómo iba a haberla si conocía, por adelantado, el tenor de la pregunta?- sino estrategia. Una estrategia temeraria a más no poder.

Es esta perspectiva la que convierte en siniestra la rutilante iluminación de la superproducción de la tarde, que presentó a un racista inhabilitado por desobediencia como Torra con hechuras de noble estadista. Un hombre de apariencia razonable y hablar pausado, dispuesto a encauzar sus fundadas reclamaciones, a través de la serenidad de una mesa de diálogo. A su lado, el entonces imputado y hoy procesado por cuatro delitos relacionados con el 1-O, Josep María Jové, hombre clave de Esquerra como lugarteniente del convicto Junqueras.

¿Cómo no darles cincuenta mil votos más a cada uno de estos dos partidos tan institucionales o, mejor dicho, tan institucionalizados por el atril de la Moncloa? Para cualquier votante dudoso, la cuota de pantalla y los honores rendidos a los 'indepes' deberían zanjar la cuestión.

Es tan persistente y notorio el blanqueamiento de los golpistas de octubre, que cualquiera diría que eso es lo que Sánchez desea que suceda. O sea, que dentro de unos meses, cuando Torra disuelva el Parlament, cinco minutos antes de que su inhabilitación sea firme, los negociadores tengan que afrontar que más de la mitad de los catalanes hayan votado por primera vez a favor de los separatistas.

Eso ayudaría a Sánchez a fomentar, con la retórica barata de que hay que asumir el veredicto de las urnas, el apoyo social a una solución pactada para Cataluña, cuya concreción ni siquiera vislumbra. A lo máximo que llegan los ideólogos gubernamentales es a decir que estaría a mitad de camino entre el actual marco constitucional -deliberadamente omitido tanto en Moncloa como en Pedralbes- y la ruptura unilateral. Sería una especie de mal menor en el que instalarse, para seguir tirando unos años más.

¿En qué consistiría? Seguro que, a base de tanto reunirse, algo se le ocurrirá a alguien. Eso es lo que venía a decir la portavoz María Jesús Montero, cuando en medio de su intrincada farfolla de lugares comunes y construcciones sintácticas imposibles, apeló a la búsqueda de "propuestas imaginativas". Sólo le faltó convocar un concurso de ideas, en pos de algo que suponga al mismo tiempo una cosa y su contraria.

Decir que los hipotéticos acuerdos "se formularán dentro del marco de la seguridad jurídica" es no decir nada. Hasta las peores dictaduras se jactan de ser Estados de Derecho. Todos los fusilados por el franquismo, desde Companys a los últimos de Hoyo de Manzanares, lo fueron "en el marco de la seguridad jurídica", simplemente porque estaban en vigor leyes e instituciones que permitían aplicar la ominosa pena capital.


"Es lo que venía a decir María Jesús Montero cuando apeló a la búsqueda de "propuestas imaginativas"


Si el vigente "marco de seguridad jurídica" no sirve, se crea otro y ya está. ¿O no era acaso eso lo que pretendían las llamadas "leyes de transitoriedad", encaminadas a legitimar la Declaración Unilateral de Independencia? Habría bastado que los poderes públicos se hubieran cruzado de brazos para que emergiera una situación de hechos consumados, con el ropaje de la legalidad. De eso es de lo que estamos hablando también cuando se plantea la reforma del Código Penal para rebajar las penas por sedición.

Es verdad que la actual composición de los altos tribunales sería un problema para que determinados enjuagues pasaran el filtro de la constitucionalidad. Por eso al PSOE le corre tanta prisa renovar el Consejo del Poder Judicial y el propio Tribunal Constitucional y acaricia un plan alternativo, en el caso de que el PP se atrinchere hasta que se recupere el consenso sobre el modelo territorial.

¿Cuál sería ese plan b? Por supuesto, cambiar por ley el sistema de renovación de los órganos constitucionales, hasta crear un nuevo "marco de seguridad jurídica" que permitiera al Gobierno explotar su precaria mayoría parlamentaria.

En cuanto un par de magistrados más inclinaran la balanza hacia el hoy trío minoritario que suele encabezar el juez Xiol, el TC se convertiría en un coladero que facilitaría esa transición a la inversa: el paso de la ley, a la ley para hacer desiguales a los españoles. Lo que ya pudo ser, si el alto tribunal no hubiera afeitado hace diez años aspectos clave del Estatuto vigente. Algo que, por otra parte, está silenciosamente en marcha, como consecuencia de la capacidad de coacción de los nacionalistas. No hay más que ver la diferencia entre la evolución del índice de paro en el País Vasco y en su limítrofe Cantabria.

Pero la simple ampliación de lo que podríamos llamar la brecha identitaria -cuanto más distinto te proclamas, más privilegios obtienes- sería, como digo, el escenario del mal menor. Una "inmoralidad", tal y como la definió Bono el martes, en su brillante apertura del Foro Camilo José Cela, con la que habría que convivir.

El drama sería que no fuera suficiente. Porque todo el cálculo de Sánchez se basa en que, al final, los separatistas se conformarán con vender a precio de oro su permanencia en el Estado y eso les dará a Iglesias y a él una o dos legislaturas de estabilidad en el poder. ¿Que, entre tanto, el estímulo de la desigualdad corroería las bases mismas de la existencia de España...? Bueno, el problema tendrían ya que resolverlo otros.

"Pero la simple ampliación de lo que podríamos llamar la brecha identitaria -cuanto más distinto te proclamas, más privilegios obtienes- sería, como digo, el escenario del mal menor"

Pero podría ocurrir que, a la hora de la verdad, hasta ese elemental pragmatismo de seguir avanzando paso a paso brillara por su ausencia y los separatistas decidieran volver a intentarlo, yendo a por todas, como hace tres años, sólo que desde una mejor correlación de fuerzas.

Es imposible tratar a los fanáticos como si fueran personas normales. No hay más que fijarse en el aquelarre de Puigdemont este sábado en Perpiñán o en las surrealistas últimas declaraciones de Junqueras, explicándole al director de El Nacional que el Estado español es tan "vengativo" que el Supremo o la Audiencia Nacional le citaban a declarar, "a propósito", las vísperas de los cumpleaños de sus hijos, para causarle "mayor dolor".

Sea como fuere, Sánchez e Iglesias nos han devuelto a aquella tremenda boca del lobo de octubre del 17, de la que nos sacaron el Rey, el fiscal Maza, el juez Llarena y la movilización de la España de los balcones. En eso consiste su tan blasonado "reencuentro". Sólo que ahora ya estamos mucho más cerca de la negra garganta en la que regurgita el ácido fúlvico. Y a quien alegue, señalando a las instituciones vascas, que si hemos logrado domesticar a los tigres del terrorismo es porque la música del diálogo amansa a las fieras más terribles, convendría recordarle que la diferencia estriba en que jamás nadie ha logrado incorporar a un lobo a ningún número de circo.

domingo, 16 de febrero de 2020

Las acróteras del poder

Hoy el diario digital, El Español, publica un magnifico y acertado artículo firmado por Pedro J. Ramírez


Pedro J. Ramírez ( Logroño, 26-03-1952) Licenciado en periodismo en la Universidad de Navarra. Ejerció durante el curso 1973-74  de profesor de literatura española contemporánea en el Lebanon Valley College ( Pensilvania), siendo nombrado en el año 1996, doctor honoris causa. Fue director del Diario 16 durante 9 años. Director del diario El Mundo, durante 25 años.Pedro J. Ramírez, ha colaborado y colabora con otros medios de comunicación. Habiendo recibido numerosos premios y es autor de mas de una docena de libros.

Por considerar elblogdefcosvi que dicho artículo puede ser del interés de nuestros seguidores, lo incluimos en el blog. 


Pedro J. Ramírez


Las acróteras del poder


por: Pedro J. Ramírez

Diario Digital, El Español

16/02/ 2020


El viernes 19 de abril de 1793 el diputado moderado Mazuyer pidió que la Convención Nacional Francesa interrumpiera el orden del día para tratar un asunto de la máxima urgencia.

En este momento se prepara la ejecución de una mujer, de una desgraciada cocinera que ha proferido expresiones contrarias al civismo. Esa mujer no estaba en sus cabales cuando utilizaba ese lenguaje. Se dice que estaba bebida. Pido que se aplace la ejecución de la sentencia.


Magnifica Ilustración de: Javier Muñoz



Se refería al caso Catherine Clère, una criada de 56 años que había sido juzgada la víspera por el Tribunal Revolucionario por unos hechos ocurridos, cinco semanas atrás, sobre la medianoche. Según diversos testimonios la señora Clère había sido detenida tras gritar varias veces "¡Viva el rey!", entonar canciones revolucionarias, alterando su letra para denostar a los jacobinos, y criticar el miserable sueldo de sus hijos reclutados para el Ejército.

El Tribunal le había aplicado el decreto que condenaba a muerte a cualquiera que hiciera exaltación de la Monarquía y la carreta que la conducía a la guillotina estaba a punto de salir de la cárcel del Palacio de Justicia.

Los dos bandos de la Convención se enfrentaron entonces en un debate casuístico. Isnard, portavoz de los moderados, alegó que la ley estaba concebida para castigar a "quien mantenga opiniones contrarrevolucionarias exprofeso", pero no a "una mujer que no sabe nada de política".

Augustin Robespierre, hermano de "El Incorruptible", replicó que lo aprobado era "una ley contra la Monarquía" y que, por lo tanto, "todo el que habla contra la ley es un monárquico". Era el silogismo perfecto de la sofística revolucionaria.

El debate se extendió entonces a los límites de la libertad de expresión y el propio Maximilien Robespierre se empleó a fondo: "Es más preciso que nunca mantener en toda su severidad estas leyes revolucionarias que sofocan el germen del monarquismo y el federalismo, flagelos que perderían a toda la República".

El semanario Revolutions de Paris especularía en su número siguiente sobre si la larga intervención de algún "prolijo orador" no habría impedido llegar a tiempo de salvar la vida de la señora Clère. Pero lo cierto es que cuando su cabeza fue separada del cuerpo, en la que hoy se denomina Plaza de la Concordia, la Convención Nacional ya había votado rechazar la petición de clemencia.

"Reconozco que cuando, el martes pasado, pregunté a mis tres contertulios de , Los desayunos de TVE, si eran partidarios de convertir en delincuente a quien grite "¡Viva Franco! ¡Arriba España!" en un espacio público, tenía en la cabeza la historia de la señora Clère, incluida en mi libro; El primer naufragio. No porque vea, por supuesto, el riesgo de que en España se vaya a guillotinar a nadie por sus ideas, salvo en sentido metafórico, sino porque los argumentos justificativos de la pretendida tipificación como delito de la apología del franquismo son los mismos que utilizaban entonces los "diputados de la Montaña"

"La coalición sanchopablista ha decidido aplicar la máxima de que "no se ejerce la dictadura impunemente... si es de derechas"

El principal de todos es el carácter intrínsecamente criminal del régimen anterior. De igual manera que, al decir de Saint-Just, "no se reina impunemente", la coalición sanchopablista que nos gobierna ha decidido aplicar la máxima de que "no se ejerce la dictadura impunemente... siempre que sea de derechas". Es decir que, más allá de sus actos concretos -que en cuarenta años de franquismo hubo, lógicamente, de todo- lo que merece una persecución retrospectiva es la propia naturaleza de aquel sistema de poder.

Con el agravante de que, así como Luis XVI fue juzgado apenas cinco meses después de su derrocamiento, el proceso a la sombra de Franco se desarrolla cuarenta y cinco años después de que el dictador muriera en la cama y casi ochenta después de que concluyera la fase más aguda de la represión vinculada a la postguerra.

Sin tener en cuenta tampoco que, al mismo tiempo que los españoles padecíamos esa dictadura que tan expeditivamente se tilda de "fascista", en Portugal, Grecia, la mayor parte de América Latina y muchos países de Asia y Africa había regímenes equivalentes y en toda la Europa del Este, la Unión Soviética y China imperaban las dictaduras comunistas.

Por eso, mucho más útil que alancear ahora esos fantasmas del pasado, me parecería que los altos cargos del PSOE y Podemos cuyos padres o abuelos tuvieron algún protagonismo en aquel régimen -hay casos muy notables-, o incluso mera afinidad ideológica con sus valores, trataran de explicar, a través de sus recuerdos infantiles, cuáles fueron los mecanismos sociológicos que permitieron la consolidación, durante tanto tiempo, de algo que ahora presentamos como epítome de lo abyecto.

¿Eran todos los que, por activa o por pasiva, edificaron o respaldaron aquel régimen "verdugos voluntarios" de Franco, por utilizar el término de Daniel Goldhagen sobre la Alemania nazi? Tal vez una respuesta, ajustada en su complejidad a la envergadura de esa pregunta, contribuiría a abortar, con más eficacia que la inclusión de la exaltación del franquismo en el Código Penal, el auge de la ultraderecha que tanto parece preocupar a los colaboradores de Pedro y Pablo.

"¡Menudo lío!", exclamó una de mis colegas de tertulia, cuando sugerí algo parecido. Y tanto que lo fue... ¿Cómo es posible que quienes propugnan la "desjudicialización" de un proceso de sedición flagrantemente en marcha, pretendan "judicializar", con el atizador del Código Penal, la pervivencia de los exánimes rescoldos del pasado?

El maniqueísmo político consiste en sustituir el análisis del intrincado universo de tonalidades grises, que casi siempre conforma la realidad, por la simplificación estereotipada de un mundo en blanco y negro, en el que todo se reduce a la pugna entre el bien y el mal. Por eso, cualquier grupo político que se erige en vanguardia del progreso e intérprete del interés social, lo primero que hace es inventar o maximizar el peligro atribuible a un enemigo, al que se presenta como la encarnación del mal.

Si Vox no existiera, el PSOE y Podemos tendrían que inventarlo, en la medida en que su auge les sirve de pretexto para sus desafueros, de factor de cohesión entre sus parroquianos y de elemento de distracción frente al gran público. Eso sin contar con el fraccionamiento de la oposición y las contradicciones que induce en el PP, al intentar liderarla.

"El maniqueísmo político es sustituir el análisis del intrincado universo gris, por la simplificación del mundo en blanco y negro"

En realidad Vox es un tigre de papel que ruge mucho en los escenarios pero es incapaz de articular soluciones en los despachos. La entrevista de TVE a Santiago Abascal lo puso en evidencia el jueves por la noche. Su propuesta de "elegir" a los inmigrantes, teniendo en cuenta de qué países procede el puñado de delincuentes que participan en "violaciones grupales", denota una xenofobia tan rupestre como la de la alcaldesa de Vic, cuando apela al "aspecto físico" para distinguir al "catalán autóctono" de otras variedades de primates.

¿Y qué decir de que su alternativa a que pueda haber algún colegio en el que se cometan excesos en las sesiones de educación sexual, sea que en ningún colegio se ofrezca ningún tipo de educación sexual? Y que la justifique en que, el mero hecho de entrar en la materia, atenta contra la "inocencia" de los niños. Como si volviéramos al "sadismo en nuestra infancia", Vázquez Montalbán dixit, cuando nos hacían creer que las poluciones nocturnas eran pecado y la masturbación, causa de enfermedades mortales. 

"Vox no es un peligro sino un espantapájaros, frente al que la izquierda se define, a modo de antagonismo purificador. A la disposición natural del PSOE a practicar ese juego, acrecentada en el nuevo "tiempo histórico" de Zapatero, se unen ahora los relatos complementarios de Podemos, con su épica contra el capitalismo y el imperialismo, en la que hasta un tirano como Maduro adquiere carácter redentor, y Esquerra Republicana, con su patrioterismo tribal, en el que la sangre derramada en el martirio de Companys se convierte en el santo óleo que mana de la herida luminosa abierta en el traje de presidiario de Junqueras"

Por supuesto que todo es un falaz cómic para adultos, resumido en el fumetti de la intervención de Gabriel Rufián, tras abrir las puertas del salón, para irrumpir con modales de vaquero en la sesión de control parlamentario: "Que la izquierda haga de izquierda, frente al fascismo de corbata, toga y uniforme". Le faltó añadir un "ahí lo dejo", escupiendo la colilla por la comisura de los labios.

Nadie les tomaba en serio, ni a Pablo Iglesias ni a él, ni a las propias portavoces socialistas, mientras estaban en la oposición o incluso gobernaban en funciones; pero ahora tienen la potestad de cincelar las acróteras del nuevo poder, legítimamente constituido.

Como los amantes de la arquitectura y los lectores de Lope de Vega saben, las acróteras son, en sentido estricto, los zócalos que adornan los frontones de los templos y, en sentido amplio, las propias figuras decorativas que rematan esas cimas. Máscaras de terracota, pegasos alados o símbolos religiosos. Como escribe el "Fénix de los Ingenios" en La Filomena, "en vez de musas, las funestas aves/ cantaron, por los frisos y acróteras/ por las pizarras altas y arquitrabes/ fúnebres himnos, alternando fieras".

Las acróteras eran, en definitiva, los exhibicionistas puntos sobre las íes, mediante los que se definía caprichosamente la identidad e incluso la intención de cada templo. Algo así como las patas de animales, colgadas del cinturón, que distinguían a cada tribu india o, según Tom Wolfe, el periódico bajo el brazo con el que, en la era analógica, cada lector se presentaba ante los demás. La boina, la gorra, el pañuelo anudado a la cabeza, el bombín, el canotier o el sombrero de copa. Dime lo que te pones ahí arriba y te diré quién eres.

Claro que lo importante no son esas señales de humo emitidas desde la cumbre de la montaña, a modo de flores reventonas sobre el ojal de la geografía política, sino lo que suceda en el interior del recinto. Me reitero en que a Sánchez e Iglesias los juzgaremos por los dos grandes baremos de la unidad e igualdad de la España constitucional, por un lado, y de la evolución de las cifras del paro, por el otro.

"Conocemos ya cuáles son las acróteras que, a modo de títeres de un teatrillo de marionetas, los nuevos gobernantes han colocado sobre el guiñol de su poder"

Tras la entreguista reunión con Torra y la nueva senda de estabilidad que sólo aspira a mantener el nivel de desempleo actual, ninguno de los primeros síntomas en ambos frentes son demasiado alentadores, pero es de justicia aplazar, incluso el más provisional de los veredictos, hasta una fase más avanzada del partido. No seré yo quien opine sobre nada antes de que haya sucedido.

"En cambio, sí que conocemos ya cuáles son las acróteras que, a modo de títeres de un teatrillo de marionetas, los nuevos gobernantes han colocado sobre el guiñol de su poder. Y ya que el perezoso sueño de la razón no llegó a tiempo de detener aquella traqueteante carreta que llevó a la guillotina a la pobre cocinera que había gritado "¡Viva el rey!", espabilémonos ahora para movilizar los valores liberales, en contra de la criminalización de las ideas que detestamos. "Freedom for the thoughts that we hate" (Libertad para los pensamientos que odiamos, en palabras del juez Holmes, presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos."

No vaya a ser que, de tanto perseguir un franquismo inexistente y un fascismo imaginario, terminemos reinventándolos, mediante la morbosa seducción que sobre los adolescentes ejerce lo prohibido.

No vaya a ser que dentro de otras cuatro décadas, cuando lo que se proponga sea prohibir la apología del separatismo racista y reaccionario o de las dictaduras bolivarianas y sus compañeros de viaje, lo pertinente resulte emplazar a los hijos y nietos del actual régimen en ciernes a que expliquen por qué sus padres y abuelos pudieron abrazar o siquiera justificar doctrinas y conductas tan aberrantes como las de Junqueras y Maduro.

No vaya a ser que las flamantes acróteras de hoy sólo sirvan de "señales", como en la canción de Rodrigo Caro a aquella Itálica famosa, trocada en "campos de soledad, mustio collado", de un "despedazado anfiteatro", enterrado en las ruinas del mañana.

viernes, 7 de febrero de 2020

Dialogar, ¿para qué?

El diario digital, El Español, edita un acertado artículo firmado por Pedro Insua. De dicho artículo, elblogdefcosviúnicamente tenemos  una discrepancia, es la misma que mantenemos con la mayoría de los medios de comunicación, opinadores y políticos, que no es otra que; "No existe confrontación Catalunya con España", tampoco hay, "conflicto con Catalunya", ni "problema con Catalunya". La confrontación, el conflicto, el problema que tiene el Estado Español y que, no es en absoluto menor, es con unos osados, manipuladores, populistas y antidemocraticos políticos, determinados sectores sociales y mediáticos catalanes, que no son otros que, los de la argucia política disfrazada de independencia  


Pedro Insua (Vigo, 1973), licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Colabora con sus escritos en revistas de filosofía, escritor y colaborador en diversos medios de comunicación. Como Investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno ha intervenido en diversos cursos, congresos y ciclos de conferencias tanto nacionales como internacionales.

Consideramos que dicho artículo puede ser de interés para nuestros lectores, por ello, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.



Dialogar, ¿para qué?



Pedro Insua




diario digital, El Español 

COLUMNAS SAL-LE AL PASO

Por:Pedro Insua  

07-02-2020


La confrontación España/Cataluña, sobrentendida como una relación de tensión en la que la segunda aspira, al parecer, a ejercer unos derechos soberanos que la primera le impide, es completamente tendenciosa y falaz (inducida por el nacionalcatalanismo) porque parte, precisamente, de una falacia de petición de principio, a saber: la de presuponer a Cataluña como una nación cuya constitución se ha producido al margen de España, con derechos adquiridos que le han sido hurtados (por ejemplo, hacia 1714), y que, ahora, España tiene la obligación “democrática” de devolverle.

Consecuencia necesaria de esta petición de principio es que la reivindicación de un referéndum para ejercer el presunto “derecho a decidir” se vuelve paradójica: si solo votan “los catalanes”, entonces ya se considera a Cataluña como nación soberana (y por tanto independiente), siendo así que un referéndum que sancione tal hecho, al margen del resultado, sería completamente superfluo (para poder votar y decidir si son nación o no tienen, ya, que ser nación).

Por otra parte, si a Cataluña se le considera parte de España, como una región entre otras, entonces el referéndum involucraría al resto de la nación española, en su integridad, que como sujeto decisorio seguiría determinando el estatuto político de Cataluña. En un primer caso, en el que decidan sólo los catalanes, no haría falta votar, porque ya se le ha concedido desde el principio aquello que se quiere decidir (y no por resultado de la votación, que aún no se produjo); en un segundo caso tampoco hará falta votar, porque, también desde el principio, y de nuevo al margen del resultado, este sería consecuencia de un derecho ejercido por todos los españoles.

No hay, pues, posibilidad de una vía “plebiscitaria” (“democrática”) hacia la separación de Cataluña, de tal modo que si esta, finalmente, se produjese (y no hay ninguna razón para pensar que no se pueda llegar a producir), nunca sería porque “los catalanes” hayan decidido “su futuro”, sino porque la facción separatista, y por las vías que fueran (la negociación, el diálogo, el chantaje, la extorsión, etc), se habría terminado por imponer al resto, impotente para evitar la fragmentación e impedir que una parte se apropie de lo que no es sólo suyo.

Y es que este sería, y no otro, el resultado de la separación de Cataluña: no la “restauración” de unos derechos que nunca han existido, los de esa fantástica Cataluña soberana, sino que representaría un auténtico saqueo, una usurpación, operado sobre los españoles (incluidos naturalmente los catalanes), al hurtarles una parte de su territorio, la región catalana, que, de momento, sigue siendo suyo, del conjunto de la nación española, mientras no se renuncie a él.

El nombre que el separatismo le ha dado a esta usurpación es el de “derecho de autodeterminación”, y que no es otra cosa, en realidad, que un salvoconducto eufónico para ejercer la exclusión y la segregación sin cortapisas de unos españoles por otros, buscando, en último término, su división y enfrentamiento.

Hable de lo que hable Sánchez con Torra, y Torra con Sánchez, ninguno tiene autoridad ni derecho a dividir y enfrentar a los españoles, siendo así que una sociedad dividida y enfrentada es, naturalmente, menos libre -soberana- que unida y coordinada. Una España rota y dividida en pequeños estados significaría para ellos, no la “independencia”, como pretende el separatismo y cómplices, sino mayor dependencia de otros estados más grandes y poderosos e, incluso, de empresas multinacionales, para las que los nuevos estaditos serían presa fácil.

Naturalmente que esto es un conflicto de naturaleza “política” por el que España está sufriendo la embestida de la amenaza separatista, de tal manera que, si los planes de las facciones separatistas salen adelante, ello supondría la descomposición nacional. Y esto es lo único que ofrece Torra a la sociedad española, su descomposición nacional.

lunes, 27 de enero de 2020

La trampa saducea de Carmen Calvo

El diario digital El Español, publica un articulo firmado por Pedro J. Ramírez ( Logroño, 26-03-1952) Licenciado en periodismo en la Universidad de Navarra. Ejerció durante el curso 1973-74,  de profesor de literatura española contemporánea en el Lebanon Valley College ( Pensilvania), siendo nombrado en el año 1996, doctor honoris causa. Fue director del Diario 16 durante 9 años, Director del diario El Mundo, durante 25 años, en la actualidad es presidente del diario digital, El Español.  

Pedro J. Ramírez, ha colaborado y colabora con otros medios de comunicación. Habiendo recibido numerosos premios y es autor de mas de una docena de libros.


elblogdefcosvi, adjunta el el blog, el escrito de opinión de Pedro J. Ramírez, por considerarlo un buen y acertado artículo. Entendiendo que puede ser del interés de nuestros lectores. 



elblogdefcosvi, únicamente y desde todo el respeto, tenemos  una discrepancia con el notorio autor, y es con respecto al, para nosotros, sedicionista político, Juan Guaidó. Al cual lo colocamos al mismo nivel que, Puigdemont, Junqueras y el resto de los políticos que participaron en los actos de sedición acaecidos entre septiembre y octubre del 2017, en Barcelona. Y, que a su vez, han influenciado y, continúan influenciado y, ya son más de 7 años, en la ciudadanía para que se manifieste en contra del Estado. Es más, respetuosos que lo somos y mucho, de los países europeos de larga tradición democrática, lamentamos, independientemente satisfaga más, regular o menos el régimen de Maduro, que éstos, se hayan comprometido en exceso en el apoyo a Juan Guaidó. Pues, al igual que con respecto a los sedicionistas catalanes, las cosas se pueden hacer de otra manera, nunca con formas antidemocráticas, de abusos, manipuladoras, tergiversadoras, engañosas y generadoras de manifestaciones y violencia.   



Pedro J. Ramírez 



La trampa saducea de Carmen Calvo


por: Pedro J. Ramírez 

diario digital, El Español 

a 26/01/2020


¿Está usted de acuerdo con reformar nuestro obsoleto Código Penal para adaptarlo armónicamente a la legislación europea, "acompasar acontecimientos democráticos a tipos penales" y evitarnos nuevas "humillaciones" como las que, como bien ha dicho mi compañero, el vicepresidente segundo Pablo Iglesias, se han producido cuando jueces de otros países han emitido resoluciones contrarias a las de los nuestros?

Un momento, un momento… No contesten a Carmen Calvo, hasta después de la publicidad. Tenemos en primer lugar un espacio, patrocinado como branded content por la Asociación de Estudios Bíblicos, sobre los saduceos. Se trataba de una secta o grupo político judío, del siglo primero antes de Cristo, integrado por quienes se declaraban descendientes del Sumo Sacerdote Sadoq -Zadok the priest en el Himno de la Coronación de Händel- que ungió como rey a Salomón.


Magnifica Ilustración de, Javier Muñoz.


Los saduceos pertenecían a la clase alta de la sociedad judía y negaban la inmortalidad del alma. Sostenían que Dios premiaba en vida a los hombres buenos y que eso justificaba sus riquezas. Colaboraban con los ocupantes romanos, copando los principales cargos de la administración y se jactaban de su dominio de la retórica. En una ocasión, tal y como recogen los Evangelios de San Marcos y San Mateo, tratando de avalar sus creencias, los saduceos preguntaron a Jesús cuál sería el marido de una mujer que hubiera tenido siete esposos, si todos ellos resucitaran. Por supuesto, Jesús se salió por la tangente.

Otras veces los saduceos preguntaban si había que cumplir el mandato de Moisés de lapidar a las adúlteras o si era lícito pagar los tributos impuestos por el emperador romano. Ay de ti, contestaras lo que contestaras. Todo ello explica que la Fundéu defina la "trampa saducea" como "una manipulación capciosa para conseguir que el adversario dé un paso en falso o cometa un grave error".

El segundo espacio publicitario que debemos ver y escuchar, antes de contestar a Carmen Calvo, es una grabación de noviembre de 1972, procedente del archivo de TVE y patrocinada por los Amigos de la Historia de la Transición. Corresponde a una comparecencia del ministro-secretario general del Movimiento, Torcuato Fernández Miranda, ante las Cortes franquistas , en la que se le planteó que aclarara si era partidario o no de las "asociaciones políticas", que promovían sectores del régimen, como alternativa a los partidos.

La Fundéu define la "trampa saducea" como "una manipulación capciosa para conseguir que el adversario dé un paso en falso o cometa un grave error"

Fernández Miranda asesoraba ya al príncipe Juan Carlos en el propósito de convertir a España en una democracia plena, cuando se produjera "el hecho sucesorio" y, por lo tanto, se veía en el brete de avalar un sucedáneo, que podía desvirtuar el sentido último de su proyecto, o aparecer como un reaccionario, opuesto a toda innovación modernizadora. Por eso comenzó diciendo:

"Quizá tendría yo un éxito rotundo y fácil si aceptara la tentación de contestar sí o no... En política, como en toda actividad humana, los noes no tienen sentido más que cuando enmarcan, confirman o aclaran una afirmación de la cual se parte. Decir no a algo, por ejemplo a las asociaciones políticas, sólo estaría justificado, como consecuencia de un sí previo, al cual naturalmente se adhiere el ánimo del que después dice no; porque, con ese no, no hace más que definir y delimitar el sí que afirma".

Aquello no era un galimatías, ni menos aún un trabalenguas, sino una reflexión profunda en la que, bajo su espeso envoltorio dialéctico, latía el pálpito verdadero de otra pregunta impronunciable: "Señorías, ¿de qué va realmente esto?".

El hemiciclo oscilaba ya entre el pasmo y la estupefacción, cuando Fernández Miranda terminó de explicarse: "Jamás mi actitud será negativa. Si algo niego, lo hago porque lo que afirmo previamente me lleva a las negaciones circunstanciales que configuran y definen la afirmación que mantengo. Decir por tanto sí o no a las asociaciones políticas es sencillamente una trampa saducea".

Y dio carpetazo al asunto: "Los saduceos preguntaban así, montando una alternativa respecto a la cual, si se aceptaba uno de los términos, malo, y si se aceptaba el otro, peor. Pues bien: ruego a los señores procuradores que tengan paciencia, pues no caeré en la trampa de decir sí o no al asociacionismo político, porque de ese modo no se esclarecería el tema".

Volvamos, pues, queridos espectadores, tras esta ilustrativa pausa publicitaria, a la máquina de la verdad de Julián Lago. Y lo hacemos en condiciones de avanzar, de manera decisiva, un paso más allá de lo que lo hizo el inteligente catedrático de Derecho Político asturiano, en su críptica respuesta de hace medio siglo.

Porque mientras Fernández Miranda se sentía obligado a guardar todas sus cartas en la manga -téngase en cuenta que no sólo vivía Franco, sino también Carrero, y la camarilla de El Pardo estaba en su apogeo-, nosotros, y cuando empleo este plural me refiero a todos los demócratas de cualquier ideología, no tenemos ningún problema en definir ese "sí previo" que, según él, era imprescindible para desmontar la "trampa saducea". El "sí previo" del Estado de Derecho que relativiza y permite repudiar cualquier apelación banal -y no digamos falaz- a la armonización europea.

Fernández Miranda no podía decir: "Señorías, quiero que España se convierta en una monarquía constitucional, plenamente democrática y, por lo tanto, las asociaciones políticas serán válidas, o no, en la medida en que nos acerquen, o no, a ese objetivo, a modo de antecesoras de los partidos políticos".

Pero nosotros sí podemos decir: "Con los derechos de los españoles no se mercadea... Con el Código Penal no se puede mercadear , ni lo pueden decidir aquellos [delincuentes] que aún hoy siguen diciendo que, si pueden, lo volverán a hacer".

Y tan lo podemos decir, que ya lo hemos dicho. Porque un socialista, Emiliano García-Page, depositario -como presidente de Castilla-La Mancha- del claro legado de patriotismo constitucional, atesorado por sus predecesores, Bono y Barreda, heredero de la tradición socialista a fuer de liberal de Indalecio Prieto y Julián Basteiro, ha hablado en nombre de todos nosotros.

Estoy seguro de que Carmen Calvo habrá entendido perfectamente esa afirmación previa, esa premisa insoslayable, pues, aunque se haya olvidado de organizar conmemoración alguna sobre el inicio del Trienio Liberal, como colega de Fernández Miranda en el estudio del Derecho Político, no puede ignorar que, cuando en 1822 se aprobó el primer Código Penal de nuestra historia, sus redactores asumieron el noble principio de nulla pena sine previa lege. Es decir, nadie podía ser castigado retroactivamente por conductas no tipificadas en el momento de su comisión, pero todos quedaban sometidos por igual a la punición vigente.

Siendo esa la base de la seguridad jurídica, entraba dentro de lo previsible que durante el debate televisado de la última campaña electoral, Sánchez propusiera modificar el Código Penal, para volver a clasificar como delito la convocatoria ilegal de referendos. ¿Por qué? Porque por dos veces, en el caso de Artur Mas en 2014 y en el de Puigdemont y Junqueras en 2017, las autoridades catalanas osaron cruzar una línea roja que ni siquiera se había atrevido a cruzar el Ibarretxe más marciano, azuzado por los proetarras más viles. La de desobedecer a los altos tribunales y convocar sendas consultas de las que, sobre todo en el segundo caso, se dedujeron graves males para la convivencia entre catalanes y, por ende, para el interés general de los españoles.

Lo que nadie podía imaginar es que Sánchez fuera a promover una reforma que viniera a facilitar la reiteración de la desobediencia

Lo que nadie podía imaginar es que el mismo Sánchez fuera a promover, una vez investido, una reforma que, en sentido opuesto, viniera a facilitar la reiteración de tales conductas. No sólo olvidándose de reintroducir el mentado delito, sino rebajando las penas por el de sedición, que es el que ha determinado las condenas de los golpistas juzgados y sentenciados, en resolución unánime de siete variopintos magistrados del Tribunal Supremo.

Todos entendemos su descarnado problema político -o más bien aritmético-  y la obscena forma de afrontarlo. El precio de la investidura fue la mesa de negociación que pondrá en marcha con un Torra inhabilitado por desobediencia, que acaba de declararse en rebeldía frente a las resoluciones de la Junta Electoral y el Supremo. El precio de los Presupuestos que, en la práctica, pueden darle tres años más en la Moncloa, es poner en libertad -así de claro- a Oriol Junqueras.

Hay una manera ortodoxa de hacerlo que es la concesión de un indulto, tal y como sugirieron en su día Iceta o la propia delegada del Gobierno Teresa Cunillera. Supondría un coste político, pero no vulneraría la legalidad. El único problema es que tendría como requisito imprescindible el previo arrepentimiento de los reos y, como acabamos de escuchar al más chulesco y desafiante Junqueras, lo que mantienen hoy por hoy, entre imprecaciones groseras, es que "se han ganado el derecho a volver a intentarlo".

Quedaría como alternativa una Ley de Amnistía, que es lo que exigen los separatistas, equiparándose así a todos los asesinos de ETA, el FRAP, el GRAPO y la ultraderecha o a los policías torturadores, que se beneficiaron de la de 1977. Pero, como su más que dudosa constitucionalidad desaconseja ese camino, ha surgido la ocurrencia de impulsar una modificación ad hoc del Código Penal, en sentido inverso a la que hace tres meses se necesitaba, para beneficiar retrospectivamente a los condenados.

Y encima camuflándola falsamente de armonización europeísta, como si la vicepresidenta nos tomara a todos por tontos o ignorara el derecho comparado, como para no saber que, por su regla de tres, igual podría desaparecer el delito de sedición, como en Alemania, o ver agravado su castigo hasta quince años, como en Italia.

Puesto que Page ya le ha contestado, en nombre del común de los demócratas, desmontando la trampa saducea de Carmen Calvo con aplastante llaneza -"aguar la sedición es como invitar a que se haga todos los fines de semana"-, lo prudente es ahora esperar acontecimientos.

En la Moncloa saben que hemos pinchado su globo sonda y que el punzón ha sido un socialista cabal, amén de valiente. Ahora ya podemos responder a Carmen Calvo. Sí: queremos cualquier "armonización", "reforma" o "corrección", supuestamente europeísta, siempre y cuando le convenga a la España constitucional. No, no la queremos si conviene a quienes reiteran su pretensión de destruir nuestro Estado democrático, por muy cogido que tengan a Pedro Sánchez de las meninges del alma, vulgo patas de su poltrona.

Otro tanto cabría decir del volantazo, en favor del régimen del "tirano" Maduro, a costa de ultrajar a quien debía haber entrado en la Moncloa como huésped de honor: Juan Guaidó, "único representante de Venezuela con legitimidad democrática”. Como la caracterización de ambos personajes corresponde a otro socialista, nada menos que Felipe González, insisto en que toca esperar y ver porque, a este paso, la oposición que más daño va a hacer, muy pronto, a Sánchez es la que está germinando en el seno del PSOE. O al menos en su base electoral.

Acaba de transcurrir la segunda semana de esta coalición imposible de dos gobiernos inviables, fruto de una investidura infame y eso implica que, en el peor de los casos, -a ver una sonrisa- sólo quedan otras 198.

Si el domingo pasado les recetaba, de la mano de Schopenhauer, una buena dosis de eudemonología, como arte de la felicidad, desde el relativismo de que todo podría ser muchísimo más desastroso, hoy les recomiendo la nankurunaisa que, además de estar considerada como una de las palabras más bellas del mundo, significa en el dialecto japonés de Okinawa que “con el tiempo se arregla todo”.

Page es el gigante cívico de la semana y alcanzará dimensiones de titán el día que pida al Grupo Socialista que no vote esa reaccionaria contrarreforma penal

Nada de perder la flema, nada de levantar la voz desde el minuto dos, como si deseáramos desencadenar el apocalipsis por un quítame allá ese pin parental. Lo que más puede convenir a Sánchez es que todos los que no estén con él, parezcan de Vox. Como si cada domingo el centro y la derecha liberal repitieran el rito suicida de la plaza de Colón.

Por eso no me costaría ningún esfuerzo mezclar unas cuantas cucharadas de ataraxia con la suficiente pizquita de amnesia para aplaudir la beligerancia de González con la libertad de Venezuela, si no fuera por sus conexiones con Slim y los Cisneros. Por eso toca subrayar, sin ironía alguna, que Page es el gigante cívico de la semana y alcanzará dimensiones de titán el día que pida al Grupo Socialista que no vote esa reaccionaria contrarreforma penal.

Porque tomarse las cosas con calma no es ignorar lo que sucede y menos aún la dimensión de lo que se está incubando. Porque, parafraseando a Condorcet, no es conveniente ver engañar al pueblo sin que tenga consecuencias.

Es imprescindible desarbolar dialécticamente la trampa saducea de Carmen Calvo sobre el Código Penal, restarle apoyos sociales y parlamentarios, hasta hacerla impracticable. Que nadie se caiga del guindo. Se trata del balbuceante ensayo general de lo que, a continuación se emprendería mediante la reforma del Estatuto de Cataluña: una transición "de la Ley a la Ley, sin apartarse de la Ley". O sea, la misma técnica con la que Fernández Miranda desmontó el franquismo, sólo que al servicio de la demolición del Estado constitucional.