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miércoles, 20 de julio de 2016

Incógnitas otomanas

Adrian  Mac Liman, en su blog Ventana al Mundo, nuevamente nos ilustra con su visión, aunque en esta ocasión formulándose interesantes   preguntas, sobre el pasado "golpe de estado en Turquía" . Por entender que puede ser de interés para nuestros lectores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi. 

Adrian Mac Liman, escritor, periodista. Colaborador en varias revistas, y ha sido corresponsal en distintos medios de comunicación.  Agudo observador y analítico político. Autor de varios libros sobre Oriente Medio y el Islam radical.  



Adrian Mac Liman 

Incógnitas otomanas

Por: Adrian Mac Liman

Ventana al Mundo 

18/07/2016

Desde hace más de cinco lustros, nos hemos acostumbrado a presenciar guerras, revoluciones y golpes de Estado en directo, en la pequeña pantalla de nuestro televisor. Las imágenes son casi siempre las mismas; los comentarios apenas difieren. Es lo que sucedió el pasado fin de semana con la intentona golpista de Turquía, retransmitida minuciosamente por centenares de cadenas televisivas de todo el mundo. Vimos las mismas escenas en Londres, Atlanta, París, Ankara, Sofía o Bucarest. Idénticos encuadres, aunque preocupaciones distintas.

Mientras las autoridades griegas no dudaron en reforzar la vigilancia en los confines con Turquía, los demás países miembros de la OTAN del sureste europeo – Bulgaria y Rumanía – adoptaron una postura titubeante. Tanto Sofía como Bucarest se enorgullecen de tener relaciones privilegiadas con Ankara. Los intereses económicos y culturales del país otomano son omnipresentes; los intercambios comerciales superan a veces el nivel del comercio bilateral con algunos Estados miembros de la UE. De hecho, Turquía se ha convertido en una especie de pivote económico del Mar Negro.

Desde el punto de vista estratégico, la Alianza Atlántica cuenta con la participación activa de la marina de guerra turca en la creación de una fuerza naval atlantista en el Mar Negro, única opción capaz de contrarrestar el poderío marítimo ruso en la zona. La puesta en marcha de este proyecto se decidirá en la próxima reunión ministerial de la OTAN, prevista para el mes de septiembre.

De ahí que nos planteemos un sinfín de interrogantes. ¿Qué pasó en la noche del 15 al 16 de julio? ¿Cuál fue el papel de los servicios de inteligencia de la OTAN a la hora de detectar y/o neutralizar la intentona golpista? ¿Estaban al tanto? ¿Por qué no actuaron? ¿No lo estaban? Más inquietante todavía.  Turquía es, como lo indicábamos antes, una potencia regional, uno de los baluartes de la estabilidad estratégica en la extensa región del Cáucaso, el Mar Negro, Oriente Medio, un factor clave en los conflictos de Siria e Irak, un punto estratégico primordial para la ofensiva contra el Estado Islámico. ¿Un golpe de Estado en un país miembro de la OTAN? Aparentemente, ello parece impensable. Y más aún, en un Estado que pertenece a la Alianza desde 1951.

De todos modos, cabe recordar que desde la década de los 60 del pasado siglo, el Ejército turco protagonizó cuatro golpes (1960, 1971, 1980 y 1997). Siempre, para acabar con la “ineficacia” de los políticos. No hay que extrañarse que, desde la victoria electoral del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), Erdogan se haya fijado como meta acabar con la influencia del estamento militar en la política.

¿Sólo en la política? Poco se ha hablado de la presencia de los militares en el mundo empresarial, de las entidades que controlan ante todo en la República del Norte de Chipre, que han extendido sus “tentáculos” en el mundo árabe musulmán. Otro Estado dentro del Estado, que Ankara no logra controlar.

¿Cómo se explica la respuesta popular a los llamamientos lanzados por los miembros del Gobierno de AKP en la noche del 15 al 16 de julio? El Presidente cuenta, indudablemente,  con el apoyo de varios sectores de la población. Sus seguidores proceden, ante todo, del campesinado de las aldeas deprimidas y de los trabajadores no cualificados de los núcleos urbanos, cuyo nivel de vida ha registrado un incremento anual del 3,8 por ciento en la última década. Los detractores de Erdogan provienen mayoritariamente de la clase media y la burguesía, de los círculos intelectuales y/o de negocios, más propensos a defender las estructuras del Estado laico fundado por Mustafá Kemal Atatürk en 1923 y/o de los derechos fundamentales del ser humano. Un país dividido, pues, con conceptos diametralmente opuestos en cuanto a los valores democráticos. Las ciudades miran hacia Occidente; el campo…

La intentona golpista, que algunos intelectuales no dudaron en tachar, al igual que algunos medios de comunicación occidentales, de… “autogolpe” puesto en escena por el propio Erdogan , habrá servido para acentuar la división, para desencadenar purgas masivas en el seno del Ejército (alrededor de 3.000 militares detenidos pocas horas después del fracaso del operativo militar), para la detención de cinco magistrados del Tribunal Supremo, y la separación de su cargo de 2.745 jueces. Sin olvidar, claro está, la rocambolesca solicitud de extradición a los Estados Unidos del clérigo Fetullah Gülen,  dueño de un imperio de instituciones docentes, medios de comunicación y organizaciones benéficas con ramificaciones en el mundo entero, que los analistas no dudan el tildar de “Opus Dei musulmán”.  Al multimillonario Gülen, ex aliado y amigo de Erdogan hasta el 2013, se le acusa de tratar de controlar la prensa, la justicia, la educación y el ejército turcos, objetivos prioritarios de los islamistas e islamizantes del AKP.

Fetullah Gülen, que vive en los Estados Unidos desde 1999, ha negado rotundamente su participación en el intento de Golpe de Estado. Por su parte, el Secretario de Estado John Kerry exigió a las autoridades turcas “pruebas concretas” sobre la hipotética implicación del clérigo en el levantamiento militar.

Toca volver al punto de partida, al golpe del pasado fin de semana y sus consecuencias para el futuro del país otomano. Toca finalizar este breve repaso con más interrogantes que respuestas. Cabe preguntarse: ¿qué hará Erdogan después del forcejeo del 15 – 16 de julio? ¿Buscará el diálogo con la oposición moderada y/o la minoría kurda? ¿Aprovechará esta oportunidad para instaurar un régimen (aún más) autoritario? ¿Modificará la Constitución, introduciendo el sistema presidencialista rechazado por el Parlamento? ¿Reforzará el papel de Turquía en el seno de la OTAN? ¿Apoyará incondicionalmente la ofensiva contra el Estado Islámico? ¿Seguirá buscando la integración de su país en la Unión Europea? ¿Hará las paces con Rusia?

No hay que olvidar que en Turquía, al igual que en los demás países musulmanes, cada gesto tiene una doble, cuando no múltiple lectura.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El fin de la historia y los cuentos sin fin





El fin de la Historia y los cuentos sin fin

pòr :Adrian Mac Liman

31-01-2016

Blog: Ventana al Mundo


En la última década del siglo pasado causó un gran revuelo la publicación del ensayo " El fin de la Historia y el último hombre " del politólogo estadounidense Francis Fukuyama. ¿El fin de la historia? La tesis defendida por Fukuyama en 1992 parecía relativamente sencilla: al finalizar la Guerra Fría, es decir, en enfrentamiento ideológico Este-Oeste, la Historia se había acabado. La única opción viable para el mundo, para el conjunto de las naciones de la Tierra, era la democracia liberal, sistema socio-político que se sustentaba en tres pilares: la economía de mercado, la gobernanza democrática y el imperio del derecho. Una receta única, basada en un pensamiento único.

Fukuyama aludía al pensamiento hegeliano al afirmar que: el fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas.

¿Un mundo sin guerras, sin enemigos, sin abusos, sin corrupción? ¿Una sociedad global democrática? Aparentemente, esa perspectiva no era del agrado del establishment político militar que controla los destinos de la humanidad. En 1992, mientras Bosnia estaba sumergida en una guerra étnica, inesperado conflicto entre cristianos y musulmanes europeos, los aviones de la OTAN bombardeaban Serbia, uno de los últimos reductos del mal llamado socialismo científico. El ensayo de Fukuyama se publicó unas semanas antes de la revelación del prestigioso rotativo Washington Post, que profetizaba la aparición de otro temible enemigo potencial: el Islam. Cabe suponer que la predicción no nació en la redacción del diario, sino el algún despacho oficial de la capital estadounidense. La democracia liberal tenía, pues, un enemigo: el mahometismo. Mas la clase política occidental se apresuró en corregir el error. El verdadero enemigo no era el Islam, sino los… islamistas radicales. Algunos amigos que profesaban la religión fundada por Mahoma insistieron en cambiar el nombre: hablen de musulmanes radicales, no de islamistas; asimilar a la Casa del Islam a las acciones de unos pocos es una ofensa…  Pero, ¿quiénes eran esos musulmanes radicales? Lo comprendimos, Occidente lo comprendió el 11 de septiembre de 2001. Exactamente nueve años después de la publicación del premonitorio artículo del Washington Post  y… del libro de Francis Fukuyama.

Lo que sucedió después en harto conocido: Afganistán, Irak, las primaveras árabes, la guerra civil de Siria, Yemen, la caída de algunos dictadores (Gadafi, Mubarak)… el advenimiento del caos. Los Bush, Clinton y Obama trataron de reconducir la situación. Sin éxito; todos los intentos de aparente modernización del mundo árabe fracasaron. La Historia seguía su curso, fragmentada en… cuentos sin fin.

Francis Fukuyama volvió a aparecer hace unas semanas en una república caucásica exsoviética, en un foro patrocinado por entes públicos estadounidenses. Esta vez, el mensaje del antiguo neo-con distaba mucho de la profecía de 1992. No, el fin de la Historia aún no había llegado. Habrá que esperar la desaparición de dos grandes obstáculos: el putinismo y el islamismo. Dos enemigos que, al menos aparentemente, poco tienen en común. El radicalismo islámico, creado o fomentado por las fuerzas ocultas del aparato estadounidense, con apoyo saudí, qatarí, etc. ha llevado a la creación del siniestro Estado Islámico. Para Fukuyama, los militantes del EI son un puñado de jóvenes sin novias y sin trabajo. Se acabó el fin de la Historia; empiezan los cuentos sin fin.  

El putinismo, la nueva e inesperada amenaza, nació de un simple error de cálculo de los politólogos de la Universidad de Yale, quienes habían sugerido, también en 1992, que tras la caída del sistema soviético y la desintegración de la antigua URSS, el Kremlin acabaría arrodillándose ante la presión de Occidente. Contaban los analistas estadounidenses con una pinza OTAN – China.  Obviamente, tomaban sus deseos por realidades.

Si bien es cierto que las promesas de Mijaíl Gorbachov sobre la transición rápida hacia la democracia liberal, léase la economía de mercado, parecían materializarse durante el mandato de Boris Yeltsin, la llegada al poder de Vladimir Putin coincidió con la introducción progresiva de un sistema autoritario.

"Nos equivocamos en 1991 al creer que la transición será rápida ", afirma Fukuyama, recordando sin embargo que la democracia liberal tardó más de un siglo en arraigarse en los países de Europa Occidental. Y añade: habrá islamismo y putinismo para rato.

En resumidas cuentas: prepárense para el sinfín de cuentos. 


viernes, 30 de enero de 2015

Guerra contra la "hidra islámica" y… ¿más?

El blog Ventana al Mundo, de Adrian Mac Liman, publica un nuevo artículo, el cual consideramos interesante su punto de vista. Por lo cual lo íncluimos  en nuestro blog.



Guerra contra la "hidra islámica" y… ¿más?
por: Adrian Mac Liman

23/01/2015

Me preguntaba el otro día un amigo periodista cuál de los dos movimientos radicales musulmanes – Al Qaeda o el Estado Islámico – resultaba, a mi juicio, más pernicioso para la seguridad mundial. Mi respuesta le sorprendió: “Pero si estamos hablando de dos engendros gemelos. Tienen los mismos padres y, si te descuidas, los mismos padrinos”. 

¿Los mismos padres? Conviene recordar que Occidente tardó en denunciar la crueldad de los combatientes del Estado Islámico, los métodos inhumanos empleados por esos nuevos defensores de la fe. Al parecer, los gobernantes del Primer Mundo empezaron a preocuparse por la suerte de las víctimas de las huestes del Islam cuando el EI se adueñó de los yacimientos petrolíferos de Siria y de Irak. Por vez primera, en las redacciones de los medios occidentales aparecieron los vocablos yazidíes, kurdos, alevíes. Poblaciones en peligro, según las cajas de resonancia de Washington o de Bruselas, que habían permanecido silenciosas durante los enfrentamientos de Siria, donde la multicéfala hidra trataba de derrocar el régimen autoritario de Bashar el Assad.

El Estado Islámico y Al Qaeda combatían en el mismo bando. Sus valedores eran los supuestamente pro occidentales Qatar y Arabia Saudita, aliados de Washington y… miembros la de coalición internacional antiterrorista liderada por el Presidente Barack Obama.  

En ambos casos, se trata de agrupaciones que persiguen el mismo objetivo: levantar un Califato regido por la Sharia, la ley islámica. Algo que, de paso sea dicho, Bin Laden había conseguido en el Afganistán de los talibanes. Ni que decir tiene que la eliminación física del multimillonario saudí no obstaculizó el desarrollo del proyecto. Al contrario, su muerte aceleró el proceso de radicalización. O al menos, eso es lo que se pretende insinuar a través de imágenes distorsionadas, de argumentos perversos.

Es obvio que George W. Bush no ganó la guerra contra el terrorismo. Lo único que logró el expresidente norteamericano fue un incremento de la corriente anti islámica en Estados Unidos y algunos países de Europa occidental. Un buen caldo de cultivo para la incomprensión y… el odio. Los atentados del 11 – M de Madrid (2004) y/o las bombas que estallaron durante la maratón de Boston  (2013) sirvieron para alimentar la animadversión de una opinión pública desconcertada. La matanza perpetrada en la redacción del semanario parisino Charlie Hebdo fue la detonante para la nueva ofensiva, esta vez, generalizada, contra el radicalismo islámico. ¿Contra el radicalismo o contra algunos radicales?

Conviene preguntarse, pues: ¿a qué se debe este largo paréntesis de silencio de los políticos occidentales? A finales de 2001, durante la retirada de Afganistán, Al Qaeda advirtió que la lucha no había acabado, que sus combatientes volverán a manifestarse al cabo de dos o tres lustros. Los servicios de inteligencia habían detectado la presencia de las llamadas células durmientes en Europa y Norteamérica, los movimientos de los yihadistas extranjeros en los países del Mashrek, la connivencia de los regímenes islámicos moderados con las agrupaciones armadas. Por si fuera poco, los atentados de Boston y de París han sido calificados de ataques contra los valores democráticos de Occidente. Razones más que suficientes para actuar. Sin embargo…

El tardío despertar de los estadistas del Primer Mundo, su afán el declarar (¿redeclarar?) la guerra al Estado Islámico presenta malos presagios para las relaciones con el mundo árabe-musulmán. Si bien es cierto que la mayoría de los musulmanes no se identifica con los salvajes procedimientos de los yihadistas del EI o la farragosa retórica de Al Qaeda, también es verdad que los argumentos empleados por Occidente – libertad de expresión, derecho a criticar, véase ofender al Islam – no cuentan con muchos seguidores en el mundo musulmán.

¿Miopía política o deseo de fabricar un nuevo enemigo? ¿Es preciso que el mundo sin ideales, sin ideología, sin rumbo se movilice contra algo, contra alguien? Aparentemente, los gobernantes lo tienen claro: tras 24 meses de guerra sin cuartel contra los movimientos islamistas, tocará abrir otros frentes.

Señores kremlinólogos, prepárense. 

 

jueves, 8 de enero de 2015

CHARLIE HEBDO, a su lado

CHARLIE HEBDO, a su lado 

Poco se puede decir ante la barbarie, no existe justificación, no puede haber motivo, no debería existir finalidad alguna.

Estamos a favor de la democracia en toda su profunda expresión, de la libertad, del respeto, de la vida, de la imprescindible dignidad y mejora general del ser humano, y de todos los pueblos.

No a la manipulación, no a la fuerza, no a los abusos del poder,  no al terrorismo, no a la violencia, no a la guerra.  Si a la confraternidad, solidaridad y colaboración entre los pueblos.  

Nuestro respeto y solidaridad a las víctimas, sus familias y al semanario CHARLIE HEBDO




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