El blog Ventana al Mundo, de Adrian Mac Liman, publica un nuevo artículo, el cual consideramos interesante su punto de vista. Por lo cual lo íncluimos en nuestro blog.
Guerra contra la "hidra islámica" y… ¿más?
por: Adrian Mac Liman
23/01/2015
Me preguntaba el otro día un amigo periodista cuál de los dos movimientos radicales musulmanes – Al Qaeda o el Estado Islámico – resultaba, a mi juicio, más pernicioso para la seguridad mundial. Mi respuesta le sorprendió: “Pero si estamos hablando de dos engendros gemelos. Tienen los mismos padres y, si te descuidas, los mismos padrinos”.
¿Los mismos padres? Conviene recordar que Occidente tardó en denunciar la crueldad de los combatientes del Estado Islámico, los métodos inhumanos empleados por esos nuevos defensores de la fe. Al parecer, los gobernantes del Primer Mundo empezaron a preocuparse por la suerte de las víctimas de las huestes del Islam cuando el EI se adueñó de los yacimientos petrolíferos de Siria y de Irak. Por vez primera, en las redacciones de los medios occidentales aparecieron los vocablos yazidíes, kurdos, alevíes. Poblaciones en peligro, según las cajas de resonancia de Washington o de Bruselas, que habían permanecido silenciosas durante los enfrentamientos de Siria, donde la multicéfala hidra trataba de derrocar el régimen autoritario de Bashar el Assad.
El Estado Islámico y Al Qaeda combatían en el mismo bando. Sus valedores eran los supuestamente pro occidentales Qatar y Arabia Saudita, aliados de Washington y… miembros la de coalición internacional antiterrorista liderada por el Presidente Barack Obama.
En ambos casos, se trata de agrupaciones que persiguen el mismo objetivo: levantar un Califato regido por la Sharia, la ley islámica. Algo que, de paso sea dicho, Bin Laden había conseguido en el Afganistán de los talibanes. Ni que decir tiene que la eliminación física del multimillonario saudí no obstaculizó el desarrollo del proyecto. Al contrario, su muerte aceleró el proceso de radicalización. O al menos, eso es lo que se pretende insinuar a través de imágenes distorsionadas, de argumentos perversos.
Es obvio que George W. Bush no ganó la guerra contra el terrorismo. Lo único que logró el expresidente norteamericano fue un incremento de la corriente anti islámica en Estados Unidos y algunos países de Europa occidental. Un buen caldo de cultivo para la incomprensión y… el odio. Los atentados del 11 – M de Madrid (2004) y/o las bombas que estallaron durante la maratón de Boston (2013) sirvieron para alimentar la animadversión de una opinión pública desconcertada. La matanza perpetrada en la redacción del semanario parisino Charlie Hebdo fue la detonante para la nueva ofensiva, esta vez, generalizada, contra el radicalismo islámico. ¿Contra el radicalismo o contra algunos radicales?
Conviene preguntarse, pues: ¿a qué se debe este largo paréntesis de silencio de los políticos occidentales? A finales de 2001, durante la retirada de Afganistán, Al Qaeda advirtió que la lucha no había acabado, que sus combatientes volverán a manifestarse al cabo de dos o tres lustros. Los servicios de inteligencia habían detectado la presencia de las llamadas células durmientes en Europa y Norteamérica, los movimientos de los yihadistas extranjeros en los países del Mashrek, la connivencia de los regímenes islámicos moderados con las agrupaciones armadas. Por si fuera poco, los atentados de Boston y de París han sido calificados de ataques contra los valores democráticos de Occidente. Razones más que suficientes para actuar. Sin embargo…
El tardío despertar de los estadistas del Primer Mundo, su afán el declarar (¿redeclarar?) la guerra al Estado Islámico presenta malos presagios para las relaciones con el mundo árabe-musulmán. Si bien es cierto que la mayoría de los musulmanes no se identifica con los salvajes procedimientos de los yihadistas del EI o la farragosa retórica de Al Qaeda, también es verdad que los argumentos empleados por Occidente – libertad de expresión, derecho a criticar, véase ofender al Islam – no cuentan con muchos seguidores en el mundo musulmán.
¿Miopía política o deseo de fabricar un nuevo enemigo? ¿Es preciso que el mundo sin ideales, sin ideología, sin rumbo se movilice contra algo, contra alguien? Aparentemente, los gobernantes lo tienen claro: tras 24 meses de guerra sin cuartel contra los movimientos islamistas, tocará abrir otros frentes.
Señores kremlinólogos, prepárense.
Blog misceláneo, dedicado a reflexiones varias, Política, Política de Catalunya, corrientes de opinión, artículos diversos, y entretenimiento.
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viernes, 30 de enero de 2015
Guerra contra la "hidra islámica" y… ¿más?
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miércoles, 1 de octubre de 2014
Obama: si vis pacem...
Adrian Mac Liman en su blog: Ventana al mundo, nos ofrece su visión mediante su articulo: Obama: si vis pacem...(si quieres la paz..)
Obama: si vis pacem...
25-09-2014
por: Adrian Mac Liman
El Presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, sorprendió a propios y extraños al afirmar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que “…este es el mejor momento de la historia humana”. El mejor momento para nacer, recalcó el actual inquilino de la Casa Blanca, en un acalorado discurso en el que defendió el papel de los Estados Unidos, potencia que promueve “la paz y la estabilidad” a nivel planetario.
¿Paz y estabilidad? Si algo se parece a una guerra, es el gigantesco operativo “pacificador” del Nobel Barack Obama. Los ataques aéreos contra los radicales del Estado Islámico, llevados a cabo con el apoyo de Arabia Saudita, Emiratos Unidos, Jordania y Bahréin, requieren una intervención terrestre. Curiosamente, ningún país occidental parece dispuesto a mandar tropas a la zona. ¿Serán los gobernantes árabes los artífices de la victoria final contra el EI, los verdugos de esos desalmados terroristas? No hay que olvidar que algunos regímenes “prooccidentales” de la región avalaron la creación de agrupaciones radicales islámicas – Al Qaeda, Estado Islámico, el Frente Al Nusra – financiando, entrenando y armando a los rebeldes. La vocación de Arabia Saudita no es de combatir el Islam, sino de velar por su expansión en el mundo.
Si algo se parece a una guerra, es la inestabilidad de Oriente Medio. A la crisis política de Irak, fomentada por los partidarios del enfrentamiento entre chiitas y sunitas, se suma la guerra civil de Siria, desencadenada por quienes deseaban acabar con el régimen autoritario de Bashar el Assad. Mas la primavera árabe no pudo con el hombre fuerte de Damasco. Quedaba, pues, el viejo y socorrido recurso de la desestabilización. En ese contexto, las víctimas civiles, decenas de miles de víctimas, figuran en el apartado de los daños colaterales, eufemismo ideado por los estrategas militares para no emplear la palabra muertos.
Si algo se parece a una guerra, es el interminable enfrentamiento entre israelíes y palestinos, un conflicto en el cual los Estados Unidos actúan como juez y parte. En efecto, ninguna Administración norteamericana se atrevió a plantar cara a Israel, ninguna se pronunció abiertamente a favor del derecho de autodeterminación del pueblo palestino. Durante la última ofensiva israelí contra la Franja de Gaza, la postura sumamente cauta de Obama provocó la ira de algunos Gobiernos árabes, que acostumbran defender a los “hermanos palestinos” con palabras, palabras y más palabras.
Si algo se parece a una guerra, son los operativos bélicos llevados a cabo en los últimos tres lustros en Afganistán, feudo y refugio de Osama Bin Laden, Paquistán, donde los ataques con drones causaron la muerte de 4.000 personas, Yemen o Libia. De hecho, la desaparición de Moamar Al Gadafi no dio paso a la democracia. Al contrario, el país africano vuelve al tribalismo reinante durante la época de la monarquía.
Si algo se parece a una guerra, es la caótica situación generada en Ucrania tras el golpe de palacio que acabo con la presidencia de Víctor Yanukóvich, el político que se negó a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea. De hecho, Berlín y Washington parecían muy interesados en que ello suceda. En el caso de la Canciller Merkel, para recuperar una antigua zona de influencia germana en Europa oriental; en el de la Administración Obama, para estrechar el cerco contra Rusia. La insistencia de Moscú en no abandonar su ya de por sí limitada esfera de influencia (sus antiguos aliados del Pacto de Varsovia pertenecen hoy en día a la Alianza Atlántica), fue interpretada como una declaración de guerra por la Casa Blanca, el Pentágono y la OTAN. Una guerra tibia, que desembocó en la adopción en una serie de sanciones contra Rusia. ¡Ay! Otro error de cálculo: la reacción de los rusos, sean estos partidarios o detractores de Vladimir Putin, ha sido diametralmente opuesta a las previsiones de Occidente. No, Rusia no deja de ser una gran potencia.
Una gran potencia que, según las palabras de Barack Obama ante la Asamblea General de las Naciones Unidas es, después de la mortífera epidemia de ébola, la…..... segunda mayor amenaza de la escena mundial. El Estado Islámico ocupa el tercer lugar en la lista. Pero nadie habla, al menos de momento, de una coalición para bombardear a Rusia. De momento…......
Obama: si vis pacem...
25-09-2014
por: Adrian Mac Liman
El Presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, sorprendió a propios y extraños al afirmar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que “…este es el mejor momento de la historia humana”. El mejor momento para nacer, recalcó el actual inquilino de la Casa Blanca, en un acalorado discurso en el que defendió el papel de los Estados Unidos, potencia que promueve “la paz y la estabilidad” a nivel planetario.
¿Paz y estabilidad? Si algo se parece a una guerra, es el gigantesco operativo “pacificador” del Nobel Barack Obama. Los ataques aéreos contra los radicales del Estado Islámico, llevados a cabo con el apoyo de Arabia Saudita, Emiratos Unidos, Jordania y Bahréin, requieren una intervención terrestre. Curiosamente, ningún país occidental parece dispuesto a mandar tropas a la zona. ¿Serán los gobernantes árabes los artífices de la victoria final contra el EI, los verdugos de esos desalmados terroristas? No hay que olvidar que algunos regímenes “prooccidentales” de la región avalaron la creación de agrupaciones radicales islámicas – Al Qaeda, Estado Islámico, el Frente Al Nusra – financiando, entrenando y armando a los rebeldes. La vocación de Arabia Saudita no es de combatir el Islam, sino de velar por su expansión en el mundo.
Si algo se parece a una guerra, es la inestabilidad de Oriente Medio. A la crisis política de Irak, fomentada por los partidarios del enfrentamiento entre chiitas y sunitas, se suma la guerra civil de Siria, desencadenada por quienes deseaban acabar con el régimen autoritario de Bashar el Assad. Mas la primavera árabe no pudo con el hombre fuerte de Damasco. Quedaba, pues, el viejo y socorrido recurso de la desestabilización. En ese contexto, las víctimas civiles, decenas de miles de víctimas, figuran en el apartado de los daños colaterales, eufemismo ideado por los estrategas militares para no emplear la palabra muertos.
Si algo se parece a una guerra, es el interminable enfrentamiento entre israelíes y palestinos, un conflicto en el cual los Estados Unidos actúan como juez y parte. En efecto, ninguna Administración norteamericana se atrevió a plantar cara a Israel, ninguna se pronunció abiertamente a favor del derecho de autodeterminación del pueblo palestino. Durante la última ofensiva israelí contra la Franja de Gaza, la postura sumamente cauta de Obama provocó la ira de algunos Gobiernos árabes, que acostumbran defender a los “hermanos palestinos” con palabras, palabras y más palabras.
Si algo se parece a una guerra, son los operativos bélicos llevados a cabo en los últimos tres lustros en Afganistán, feudo y refugio de Osama Bin Laden, Paquistán, donde los ataques con drones causaron la muerte de 4.000 personas, Yemen o Libia. De hecho, la desaparición de Moamar Al Gadafi no dio paso a la democracia. Al contrario, el país africano vuelve al tribalismo reinante durante la época de la monarquía.
Si algo se parece a una guerra, es la caótica situación generada en Ucrania tras el golpe de palacio que acabo con la presidencia de Víctor Yanukóvich, el político que se negó a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea. De hecho, Berlín y Washington parecían muy interesados en que ello suceda. En el caso de la Canciller Merkel, para recuperar una antigua zona de influencia germana en Europa oriental; en el de la Administración Obama, para estrechar el cerco contra Rusia. La insistencia de Moscú en no abandonar su ya de por sí limitada esfera de influencia (sus antiguos aliados del Pacto de Varsovia pertenecen hoy en día a la Alianza Atlántica), fue interpretada como una declaración de guerra por la Casa Blanca, el Pentágono y la OTAN. Una guerra tibia, que desembocó en la adopción en una serie de sanciones contra Rusia. ¡Ay! Otro error de cálculo: la reacción de los rusos, sean estos partidarios o detractores de Vladimir Putin, ha sido diametralmente opuesta a las previsiones de Occidente. No, Rusia no deja de ser una gran potencia.
Una gran potencia que, según las palabras de Barack Obama ante la Asamblea General de las Naciones Unidas es, después de la mortífera epidemia de ébola, la…..... segunda mayor amenaza de la escena mundial. El Estado Islámico ocupa el tercer lugar en la lista. Pero nadie habla, al menos de momento, de una coalición para bombardear a Rusia. De momento…......
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