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sábado, 22 de febrero de 2020

Barcelona no es de fiar

Una vez más, El diario digital Vozpópuli, aparte de la información, nos ofrece artículos de opinión. En el día de hoy, Vozpópuli incluye un buen y acertado artículo de opinión,firmado por  Gregorio Morán.

Un realista buen artículo y, a su vez, triste para nosotros, dado que hace referencia a nuestra ciudad, Barcelona, la cual, cada día que pasa se acentúa su general deterioro. Realidad que, desde este mismo blog, y por la red social Facebook hemos denunciado y señalando a los que creemos que son los responsables de ello, las propias instituciones de la Ciudad Condal, el ayuntamiento, la Generalitat, los de la argucia política disfrazada de Independencia, junto la enorme inoperancia del resto de los partidos políticos.   


Por entender que el artículo puede ser del interés de nuestros lectores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.


Gregorio Morán Suárez (1947-Oviedo- Asturias) escritor, periodista y articulista colaborador en distintos medios de comunicación.  Autor de fina visión, virtud, la cual sin duda le ha provocado más de un problema, dado que no se acepta la franqueza, más si está contiene una cierta ironía. Gregorio Morán tiene en su haber magníficos artículos y a su vez es autor de más de una docena de buenos libros, entre los cuales, dos biografías,  entre otros, " La cura de los mandarines" del año 2014, editorial Akal  y " La decadencia de Cataluña, contada por un charnego" del el año 2013, editorial Penguin Random House. 







Barcelona no es de fiar

Barcelona se ha ido deteriorando conforme la sociedad y sus poderes adoptaron el narcisismo urbano, lo que sumado a la situación política de Cataluña ha dado ese resultado incontrovertible



Plaça Real de Barcelona

Sabatinas Intempestivas

por: Gregorio Morán

a 22.02.2020 


Gregorio Morán



Las ciudades enferman. Hay algunas que se mantienen con cuidados intensivos y así llevan siglos, con sus achaques y remedios paliativos. Véase Venecia. Aún sigue con multitudes de turistas que dan fe de cierta inclinación de los seres humanos a contemplar los restos, fastuosos, de lo que fue emporio de civilización y que hoy sobrevive a duras penas. En el otro extremo, nadie que la haya visto olvidará la imagen de Atlantic City, con aquel crepuscular Burt Lancaster en el no menos crepuscular filme de Louis Malle; ahí estaba una ciudad de antiguos sueños de juego y fiesta devenida en escenografía para ídolos rotos.

Ni lo uno ni lo otro, pero sí un poco de uno y de otro, Barcelona se ha ido deteriorando conforme la sociedad y sus poderes adoptaron el narcisismo urbano, lo que sumado a la situación política de Cataluña ha dado como resultado algo incontrovertible: esta ciudad no es de fiar. Con esa perspectiva no resulta extraño que la industria de los ordenadores, la más representativa de los tiempos que corren, se haya acogido a una disculpa de gran calado, el coronavirus, para dar el carpetazo a los riesgos que genera la incomodidad de una urbe desnortada.

Hasta que los grandes de la computación no mostraron su desinterés por arriesgarse a la feria del Mobile en Barcelona, parecía como si la ciudad condescendiera con ellos y les consintiera pisar esta tierra salutífera. Era un favor del narcisismo urbano a los comerciantes más avispados del planeta. Bastó que alguien soplara una improbable alarma para que el castillo de naipes se derribara y nos adentráramos en la fórmula barcelonesa por excelencia: la herencia de tiempos de industriales de fortunas y queridas exuberantes, ocultas a la indiscreción. El silencio de la complicidad se hizo dueño. Nadie se atrevió a preguntar a los poderes siempre ubicuos de esta ciudad sin prodigios por qué Ámsterdam celebraba su Mobile con una sola empresa ausente y por qué aquí nadie asumía si no había algo que dificultaba la empatía de esta urbe, jactanciosa de un pasado de acogimiento y urbanidad.

La elogiosa cita de Cervantes en el Quijote caducó y lo que ayer fue ahora ya no es. Nadie se juega su prestigio cuando éste se valora en miles de millones porque a una ciudadanía impotente y en ocasiones cómplice se le ocurra asumir lo inasumible. Cuando la alcaldesa Ada Colau considera que su timbre de gloria está en ser la primera edil que exhibe su bisexualidad, a mí me importa lo mismo que si tuviera inclinaciones a la zoofilia o al nudismo doméstico, un terreno limitado a la privacidad, y de lo que se trata es de hacer funcionar una ciudad abandonada a la improvisación.


"Como el consejero Buch no puede apelar a Trump y el derecho a llevar armas, nos sugiere que llevemos bien apretado el bolso y la cartera, y que tengamos suerte"


Si una alcaldía vive de sus ensoñaciones puede ocurrir de todo; incluso aprovechar los escasos espacios libres para edificar, digo bien, edificar plazas duras. La invención de las plazas duras es uno de los escarnios a que someten los alcaldes con rostro de cemento armado a los vecinos, con la nada abnegada ayuda de los arquitectos ejecutores de este delito urbano. Son plazas en las que no debe haber nada verde, ni árboles. Todo obra muerta y cobrada con la tampoco abnegada colaboración de las taciturnas agrupaciones ecologistas. ¡Fuera el verde, que cuesta dinero, y viva el cemento, que da trabajo a los intelectuales del diseño! Desde que Barcelona se miró en su espejo y se creyó Narciso la ciudad está llena de plazas duras: hasta tiene una dedicada a los Países Catalanes, premiada por el gremio, cuya vista me produce siempre perplejidad y cuya única bondad reside en el lugar de la amplia instalación, frente a la Estación de Sants, lo que consiente que verla y escapar pueda hacerse en apenas un impulso.

Nadie recuerda ya las palmeras que se enseñoreaban de las grandes avenidas olímpicas, ni de los barrios para jóvenes profesionales asentados, convertido todo en pecios de naufragios sucesivos. Eso sí, la Policía Municipal podrá a partir de ahora llevar tatuajes. Gran decisión, porque confundirá a los urbanos con el paisaje humano de barrios fuera de control, sin ley, pero con mucha historia. Por algo antes se llamaba Barrio Chino y ahora se denomina El Raval. Cuando una concejal socialista, Itziar González, pretendió poner coto a la delincuencia en pisos y adicciones hubo de dimitir ante el silencio de sus compañeros de partido, de los medios de comunicación y de los poderes públicos. Entendió que le iba la vida en el empeño y lo dejó. Discreción es la norma, y para enseñanza de discretos nada como no darse por enterados. La última propuesta de la Consejería de Interior ante la alarmante inseguridad de Barcelona consiste en la “autoprotección”. Como el consejero Buch no puede apelar a Trump y el derecho a llevar armas, nos sugiere que llevemos bien apretado el bolso y la cartera, y que tengamos suerte. Sería para reír si no fuera para llorar. Una variante de aquel indescriptible anuncio oficial que clamaba, como quien tira el dinero para pagar la ronda: Barcelona, ponte guapa, sin precisar quién debe gratificar al cirujano plástico.


"Qué interés puede tener alguien en arriesgar sus millones en una ciudad donde se jalea a los muchachos de los CDR, protegidos por sus padres en la Generalidad"


Barcelona sufre todas las tardes a partir de las ocho un piquete que no alcanza a cien personas pero que bloquea la vía norte de la ciudad, la Meridiana. Llevan así varios meses y seguirán hasta que les pete, y ojito con acercarse a preguntar o fotografiar, como lo hizo el periodista Xavier Rius. Te agredirán ante la mirada ingrávida de los Mozos de Esquadra.

Seamos coherentes: qué interés puede tener alguien en arriesgar sus millones en una ciudad donde se jalea a los muchachos de los CDR, protegidos por sus padres en la Generalidad, que pinchan las ruedas de las bicicletas de alquiler, queman autobuses de turistas o pintarrajean las sedes de sus adversarios. Barcelona no es lo que fue. Podemos ponernos estupendos y abonar el huerto narcisista para introducir el conflicto de Trump y China, en la misma medida que un día se reaccionó al atentado yihadista de las Ramblas gritando No tenemos miedo, el lema más críptico de manifestación alguna. No se decía por miedo a quién no se tenía miedo, ni por qué no había que tenerlo cuando toda la ciudad estaba acojonada, los poderes públicos mintiendo y los muertos abandonados.

Venecia tiene una larga lista de homenajes; a Atlantic City le basta con el de Malle y Lancaster; aquí ¡oh Narciso! apenas nada. Barcelona no es de fiar; se lo ha trabajado a pulso y púa.

domingo, 7 de octubre de 2018

Con la cabeza en la boca del tigre


Francisco Rosell (1956, Ciudad Real) periodista, estudió en las  facultades de Ciencias de la Información y de Sociología y Políticas en el Instituto León XII, dependiente de la Universidad Pontificia de Salamanca.  Fue redactor jefe de El Correo en Sevilla. Director- fundador de el diario El Mundo en Andalucia. En la actualidad es el director de el diario El Mundo. Como periodista analista político colabora, por citar, entre otros: Televisión Española, Antena 3, Radio Nacional de España, Onda Cero. A su vez ha presentado diversas ponencias sobre los medios de comunicación, tanto en España como en el extranjero. 
  
Como escritor, es autor, entre otros, del libro Treinta años de nada: anatomía del régimen andaluz (2008). Editorial Almuzara. 

El diario El mundo, edita un interesante artículo de opinión, firmado por Francisco Rosell, por considerar que dicho artículo puede ser del interés de nuestros lectores lo adjuntamos en elblogdefcosvi. 



Mágnifica ilustración de Ulises, que se adjunta al articulo de Francisco Rosell



Con la cabeza en la boca del tigre




por: Francisco Rosell

A VUELTA DE PÁGINA

opinión 

Diario El Mundo 

a, 07/10/2018


Cuando se agotan los hechos, nacen las palabras, sentenció en 1835 en uno de sus memorables artículos aquel "curioso impertinente" -bendita impertinencia la suya- que fue Mariano José de Larra. De la misma manera que hay épocas de hombres y de hechos, entendía que la suya era la época de las palabras. Pronto advirtió, empero, que éstas se empleaban para edificar una nueva Babel: "El lobo los comía, y en lugar de comerse ellos al lobo, se comieron unos a otros".

A esa confusión contribuían tanto las palabras de dos caras, bifrontes y ambiláteras, a las que se podía dar un sentido o su contrario, según se precisara y conviniera, como aquellas otras que se dejan guiar cual palo de ciego: "Da ciento en la herradura y ninguna en el clavo". En medio de la pesadilla política de su tiempo, Larra coligió que la palabra que mejor resumía aquel siglo XIX que le tocó penar era cuasi. Era, en efecto, la que se correspondía con aquella "época de medias tintas, y de medianías, época de cosas a medio hacer", regida "por un Gobierno de cuasi medidas" y con "unas cuasi instituciones reconocidas por cuasi toda la nación".

Al cabo de siglo y medio de aquella espléndida gacetilla de Larra, la palabra cuasi sigue siendo pertinentemente descriptiva de la España de hoy en la que andar el camino supone retroceder y enzarzarse en largas disputas sobre una nación que, siendo de las más antiguas del orbe, pareciera aún por constituir. Un tejer y destejer como el manto de Penélope. De hecho, a la hora de afrontar la ruptura del orden constitucional y de la integridad territorial de España que perpetró hace justo un año el independentismo catalán, el Estado recurrió a aplicar un cuasi artículo 155. 

En vez de suponer la restauración del quebrantado Estado de derecho y de la convivencia democrática, esa alicorta decisión sólo sirvió en la práctica para convocar unas elecciones deprisa y corriendo que repusieron en el poder a unos golpistas que, aún puestos fuera de la ley, nunca se vieron despojados de los instrumentos reales de poder. 

Como ha declarado Felipe González, abierto partidario de un 155 largo, como Blair hizo sine die con la autonomía de Irlanda del Norte, "quien se salta la lealtad institucional y vulnera la legalidad, se le llama a capítulo, se le frena, se le quita poder o se le suspende". No pasaría gran cosa y se daría satisfacción a la generalidad de la sociedad catalana. La mayoría, lo admita a voz en cuello o con la boca chica, estaría de acuerdo con ello. Incluidos los que usan ese lazo amarillo de quita y pon para ahorrarse problemas. Ya, al constatar la rápida conversión de fascistas en antifascistas a la caída del duce Mussolini, Churchill bromeaba con que, sumando unos y otros, Italia había pasado de la noche a la mañana de tener 40 millones de habitantes a sumar 80.


"Estos engallados CDR parecen incluso tener sometido al propio Torra, como aquella fuerza armada llegó a envalentonarse con el mismo Hitler"

Así, ese cuasi 155 determinado por Mariano Rajoy, tras pactar un arreglo de mínimos con Pedro Sánchez y Albert Rivera, sólo reforzó a sus destinatarios directos y ha agravado la situación hasta los extremos registrados esta semana con la toma de las calles, la irrupción en edificios públicos para ultrajar la bandera española y el intento de allanamiento del Parlamento autonómico por grupos violentos espoleados por el president Torra. Al tiempo, como jefe máximo de la policía autonómica, éste daba instrucciones a los Mossos para que dejaran el camino expedito a esta especie de guardia pretoriana suya que constituyen los Comités de Defensa de la República (CDR), donde se alista su familia y cuyos métodos de amedrentamiento evocan al cuerpo paramilitar castrista de igual nombre.

Al modo de la Sección de Asalto (SA) del Partido Nazi, las siniestras camisas pardas, estos engallados CDR parecen incluso tener sometido al propio Torra. Como aquella fuerza armada llegó a envalentonarse con el mismo Hitler hasta que el dictador desató la Noche de los Cuchillos Largos el 30 de junio de 1934 para llevar a cabo la ejecución sumarísima de los jerarcas de las SA, decapitando al ala más radical del Partido Nazi. Al ver cómo le echaban este lunes en cara su falta de arrestos, a Torra no le quedó otra que proclamar "apretáis y hacéis bien en apretar". En línea sea dicho con sus antecesores Companys y Puigdemont, quienes dieron un salto en el vacío para no ser acusados de cobardes por sus compañeros de viaje.

Esas manifestaciones de Torra se interpretaron ajustadamente como un respaldo nítido a las acciones violentas de los CDR y, por ende, como una desautorización de los policías autonómicos a sus órdenes, quienes quedaron a los pies de los caballos. Siendo verdad que Arzalluz incurrió en su día en el despropósito de referirse a los terroristas de la kale borroka como "los chicos de la gasolina", hasta ahora ninguna autoridad con mando en plaza y responsable máximo de un cuerpo policial había animado como Torra a la comisión de delitos de esa gravedad. 

Nada parece haberse aprendido de la aplicación apocopada del artículo 155 como tampoco de la deslealtad histórica del nacionalismo. Hasta Azaña, gran valedor de la autonomía catalana durante la II República, no pudo contener su desencanto e indignación contra su "doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado", como describe en La Velada de Benicarló, escrita en 1937. 

No era para menos al contemplar como la Generalitat secuestraba funciones del Estado camino de su separación de hecho. Ni la derecha, leyéndolo encomiásticamente como Aznar, ni la izquierda, por afinidad ideológica, atendieron aquel aviso a navegantes, prefiriendo escarmentar en cabeza propia. Ciegos y más ciegos hasta tropezar y caer más profundo.

Así, perseverando en el error, el presidente Sánchez prolonga la política de apaciguamiento de Rajoy. Se sume en el mismo espejismo de pensar que, porque hay disensiones internas en el secesionismo -exclusivamente una lucha de poder por quien lo lidera y lo capitaliza en las urnas-, éste se va a romper. Luego, fracturado, concibe pactar con una parte del mismo -ERC, con Junqueras como hombre proverbial- un retorno a una cierta normalidad constitucional a cambio de concesiones estatutarias y presupuestarias, amén del indulto a los golpistas.


"La moción de censura de Sánchez quebró la liga constitucionalista"


De momento, por anticipado, se libran cheques en blanco de los que luego ministros se lamentan al no disponer de los mismos medios que aquellos a los que el Estado costea a caño abierto firmando en barbecho. Así, el ministro Borrell llora por las esquinas su falta de recursos para la acción diplomática, mientras la Generalitat amplía el número de legaciones al ritmo que Zara abre establecimientos por el mundo entero. Lo que rige para embajadas sirve para los Mossos cuando Hacienda acepta venda en ojo la supuesta "deuda histórica" del Estado con la policía autonómica, abonando sin rechistar ni discutir la cifra, los 700 millones -ampliables a 793- que exigía la Generalitat.

Se equivoca de medio a medio el Gobierno, salvo que haga un ejercicio de hipocresía, sobre la fractura del independentismo. A la postre, siempre cierra filas cual mejillón que se da un golpe contra las rocas y se deja arrastrar por los más radicales. Como advierte Alain Minc, "el odio constituye un lazo social" que la Cataluña racista y xenófoba tinta de color amarillo. Pero es que, además, al adeudar a los separatistas el préstamo de votos que sufragó la catapulta de Sánchez a La Moncloa con 84 exiguos escaños, es altamente probable que el doctor Sánchez, ¿supongo? no desee entender algunas cosas teniendo en cuenta que su sueldo depende cabalmente de hacer como si no las entendiera.

Claro que no se puede caer en sobreactuaciones, luego rectificadas, como la del ministro Ábalos, secretario de Organización del PSOE, de considerar que la jornada de reivindicación del referéndum ilegal del 1-O estaba transcurriendo de modo "asumible", con la Generalitat garantizando la seguridad, cuando ésta dejaba la calle en poder de los camorristas violentos, mientras entorpecía la actuación de los Mossos.

Desgraciadamente, el bloque independentista está más unido que la liga constitucionalista, quebrada a raíz de la moción de censura que aupó a Sánchez a La Moncloa de la mano, entre otros, del separatismo catalán. Desde la amarga hora en que se hizo revivir el proceso catalán con aquel cuasi artículo 155 y sus promotores condicionan la gobernación de España entera, por medio de sus escaños en las Cortes, el PSOE se descolgó de la alianza constitucionalista por razones de poder. Ello después de hacer la goma a la rueda del ciclista Rajoy para enfrentar la rebelión separatista capitaneada sucesivamente por Mas y Puigdemont.

Como botón de muestra de ese descosido, el mismo líder del PSC, Miquel Iceta, quien no tuvo escrúpulos en valerse de la bandera española buscando beneficio electoral, no desaprovechó la ocasión -cosa que no hizo siquiera el interpelado- de afear a la líder de la oposición y líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, que interpelara, con una de las enseñas españolas que se tremolaron en la gran manifestación que siguió al histórico discurso del Rey, al silente Torra: "Ni usted ni sus comandos van a hacer desaparecer esta bandera".

Tampoco anduvo a la zaga el portavoz del PP, Alejandro Fernández, al recurrir a uno de los mecanismos más certeros contra el totalitarismo como es el humor: "Señor Torra, si Cataluña es una colonia, ¿cómo es posible que un ser inferior como yo tenga colonizado a un ser superior como usted? Físicamente se parece mucho más a mí que a un saltador de pértiga noruego. Aunque le duela, es usted muy español. Somos un par de españolazos los dos". Nada mejor que una broma, como en la novela de Milan Kundera de ese título, para desactivar sutilmente la maquinaria de un régimen abusivo y abrasivo.

Es verdad que, en el Gobierno de Sánchez, no se posee de Torra una opinión mejor que la que Indalecio Prieto dispensaba al presidente de la Generalitat, Lluís Companys -"Está loco; pero loco de encerrar en un manicomio"- y que, probablemente, no haya más solución para la cuestión catalana que la que el antropólogo Caro Baroja proponía en los días más extremados y tenebrosos de su tierra vasca -enviar allí trenes llenos de psiquiatras-, pero se empeña en dar una apariencia de normalidad y no darse por enterado de afrentas y vejaciones. 

En todo caso, Sánchez no debiera perder de vista que el tigre nacionalista no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse. No resulta conveniente, pues, que meta la cabeza dentro de la boca de la fiera, sino quiere perecer en el acto mismo, por mucho que presuma de buen domador y quiera hacer razonar a la bestia. Como el confitero de Larra que se había quedado dormido de confusión y pesadumbre, despertando despavorido, quizá quepa exclamar: "¡Mi opinión, sí, mi opinión, señores, es que Dios nos asista!".

viernes, 5 de octubre de 2018

Nos gobiernan los activistas

El prestigioso diario El País, en sus páginas de Opinión, Cataluña, adjunta un articulo firmado por Francesc de Carreras. Por considerar que dicho artículo puede ser del interés de nuestros seguidores,lo adjuntamos en elblogdefcosvi.

Francesc de Carreras, (Barcelona) Jurista, y articulista, colaborador en diversos diarios, como El País, entre otros, así como también en diversas revistas científicas.  Catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona.Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas . 



Quim Torra y Elsa Artadi en el Parlament. Foto: Albert García, EL PAÍS


OPINIÓN 
Nos gobiernan los activistas


El callejón no tiene salida, y seguirá sin tenerla, mientras los que nos han llevado a donde estamos no rectifiquen


por: Francesc de Carreras 

El País
Opinión

a 05/10/2018

A un año de los gravísimos sucesos de septiembre y octubre de 2017, y de la ridícula “declaración de independencia”, la política catalana está bloqueada y confusa: contradicciones en el seno del independentismo, desunión en la oposición, mal funcionamiento de las instituciones, desórdenes en las calles y deterioro de la convivencia social. Con un Gobierno de la Generalitat dirigido por activistas irresponsables, que no por políticos serios, el caos y la confusión, como no puede ser de otra manera, son la nota dominante. Si repasamos algunos rasgos de la situación actual quizás podremos aclararnos un poco.

En primer lugar, y no es un detalle menor, ignoramos quién manda en la Generalitat: ¿Puigdemont? ¿Torra? ¿El Govern de la Plaça de Sant Jaume? ¿El grupo de Waterloo? Ahí nadie se aclara. El espectáculo alcanza, a veces, el esperpento. La tensión entre el PDCat y ERC es evidente desde hace meses y se han recrudecido en las últimas semanas. Ahora mismo, mientras escribo este artículo, están reunidos de urgencia Torrent y Torra por un grave desacuerdo entre ellos. La dignidad institucional cae por los suelos ante tanta desfachatez: ¿qué hace el presidente (sic) del ejecutivo negociando con el presidente de la cámara a la vista de todo el mundo, sin disimular siquiera?

Por otro lado, las luchas internas dentro de los ex-convergentes muestran una importante fractura: Puigdemont y los suyos van por un lado y el aparato del partido por otro. Además, ¿alguien se cree que ERC es moderada? Quizás ahora, desde el punto de vista táctico, y con su líder procesado y en la cárcel, así lo parece, pero ERC siempre ha pretendido la independencia, en eso ha sido consecuente, y es iluso pensar que haya cambiado de estrategia.

En segundo lugar, está la agitación en la calle. Cuándo en el invierno de 2012, sectores de CiU y de ERC, más nacionalistas que iban por libre, crearon la Assemblea Nacional de Catalunya, ¿sabían lo que estaban haciendo? ¿No se imaginaban que en un momento dado se harían con el control del Govern de la Generalitat y dirigirían, sin plan alguno, el procés que estaba a punto de iniciarse? ¿No sabían que la revolución, como Saturno, devora a sus propios hijos?

Artur Mas se dejó llevar por este movimiento acéfalo cuando convocó elecciones poco después, a fines de 2012, e inició sin ninguna estrategia razonable lo que está culminando en un puro desastre para todos. Puigdemont y Torra encarnan el espíritu anárquico de aquellos momentos, y la CUP, los CDR, Arran y lo que se quiera añadir, son consecuencia de aquella iniciativa de 2012.

“La calle es nuestra” proclaman ahora. No sé si saben que algo muy parecido, exactamente “la calle es mía”, es lo que dijo Fraga Iribarne tras una trágica revuelta antifranquista en Vitoria cuando fue ministro de la Gobernación con Arias Navarro, presidente del Gobierno. En eso son casi igualitos, deberían enterarse. Y digo casi porque a Fraga Iribarne nunca se le ocurrió ocupar mediante la violencia el Parlamento.

En tercer lugar podríamos añadir otros rasgos de la presente situación. Las diferencias entre los mossos profesionales y sus mandos políticos es muy grave. Claro, si Torra dice a los que ocupan la calle, “apretar, hacéis bien en apretar”, el autor intelectual del intento de asalto al Parlamento, entre otras refriegas de estos días, ya sabemos quien es: el responsable máximo del Govern. ¿O quizás no? Quizás el presidente legal obedece órdenes del presidente “legítimo” que reside en Bélgica. Todo es kafkiano, un gran disparate. Ridículo si no fuera trágico. Y no dejemos pasar algo que no es un mero detalle: esta semana han sido detenidos y puestos a disposición judicial el presidente de la Diputación de Lleida y 24 personas más, todos ellos relacionados con los casos Palau de la Música y 3%. La corrupción también tiene mucho que ver con el procés, quizás es su telón de fondo: por eso quieren controlar a los jueces.

Nos gobiernan los activistas. El callejón no tiene salida, y seguirá sin tenerla, mientras los que nos han llevado a donde estamos no rectifiquen. Y nos han llevado adonde estamos Convergència (a punto de cambiar de nombre otra vez) y Esquerra. Nadie más, no invoquemos a un apagado nacionalismo español.

Rebobinen, digan que se han equivocado y busquen otros caminos. Mientras sigan por donde van solo encontrarán el ridículo y la cárcel.

lunes, 9 de abril de 2018

EL BARÇA Y EL PELIGRO AMARILLO


Joan Ferran Serafini, Barcelona 1951. Licenciado en Filosofía y letras por la Universidad Autónoma de Barcelona y diplomado en Historia Contemporánea. Escritor y colaborador en distintos medios de comunicación.  Miembro del PSC, Partit dels socialistes de Catalunya. Ha trabajado en el sector de la enseñanza. Ha sido en varias legislaturas, Diputado en el Parlament de Catalunya, siendo portavoz adjunto del grupo parlamentario socialista del 2006 hasta el 2010.


En la actualidad político sin ninguna responsabilidad en el Partit dels socialistes de Catalunya.


Elblogdefcosvi, entiende que el escrito de opinión efectuado por Joan Ferran en su blog bien podría ser de interés de nuestros seguidores, motivo por lo cual, lo adjuntamos.




Joan Ferran 


El blog d'en Joan Ferran 



AMARILLO CANSINO...


EL BARÇA Y EL PELIGRO AMARILLO 



por: Joan Ferran 

08/04/2018



Un buen amigo socio del Barça, medio en serio medio en broma, sostiene que el procés es como la carcoma. Sí, ese gusanillo que se introduce en los intersticios de los muebles y horadando, sin tregua, descompone lo que le pongan por delante hasta convertir cualquier madera noble en polvo y astillas. Mi colega, buen polemista, pone como ejemplos de la acción destructiva del procés la desaparición de Unió Democrática, la voladura de CDC, las tribulaciones de los Comuns, la marcha de tránsfugas en el PSC y la permanente inestabilidad política que azota al país. Argumenta que los sindicatos, antaño de clase, tampoco se libran de la voracidad de esta carcoma y, aduce, que ya padecen síntomas de disensión interna tras acomodarse a las exigencias del guión secesionista… Para otra ocasión dejaremos los efectos del carcoma-procés sobre la economía catalana y la cohesión social. 

Los activistas del secesionismo, con sus performances, irresponsabilidades, CDRs y despropósitos varios, lo deterioran casi todo. Y dentro de ese casi todo también están los grandes clubs de futbol del país como son el Barça y el Espanyol. La UEFA está enojada, no se anda con guasas y prepara expedientes. En más de una ocasión ya ha advertido al club azulgrana respecto al uso de simbología política en los partidos de competición europea. El numerito de los globitos amarillos durante el match contra la Roma le puede costar más de un disgusto al equipo de Valverde, la profusión de banderas i pancartas también. El nacionalismo y los fundamentalismos en Europa no gozan de buenas referencias, provocan prevenciones. No vean en mis palabras una intención de laminar la libertad de expresión de los ciudadanos. Nada de eso, lo único que insinuó es que cada cosa debe ocupar el lugar que le corresponde para que el deporte se libere de aquellas gentes que lo utilizan con fines partidistas. El barcelonismo en su sentido más amplio, desgraciadamente, va perdiendo fuelle. La identificación del club que algunos pretenden con el denominado ‘procés’, las esteladas o la broma de los globitos amarillos retrae a muchos aficionados. Amantes del futbol que en el resto de España declaraban públicamente su barcelonismo -y nutrían sus peñas- se han instalado desconcertados en un silencio acomplejado y frustrante. No entienden ni comparten la instrumentalización del deporte y de su equipo por motivos políticos. Algunos me dirán que ‘el Barça es mes que un club’. Cierto, pero precisamente por eso, por su universalidad, no puede dejarse domesticar con fines espurios o partidistas. 

Entre los seguidores de los dos grandes clubs catalanes hay gentes de todas las ideologías, creencias y orígenes. No permitamos que la carcoma haga polvo y astillas de las maderas más nobles. El peligro amarillo no está en los orientales, como querían hacernos creer algunos en el siglo XIX. No amigos, viene de la mano de irresponsables sin rumbo aficionados a las performances secesionistas.