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miércoles, 26 de febrero de 2020

El coronavirus y la sociedad de la mentira global


El Diario Digital, Nueva Tribuna, adjunta un magnifico, muy ilustrativo y realista artículo sobre el coronavirus,  firmado por, Pedro Luis Angosto

Por considerar que dicho artículo, sin duda alguna, será del interés de nuestros seguidores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi

Pedro Luis Angosto( 1960-Caravaca de la Cruz- Murcia), licenciado en Historia Moderna y Contemporánea  por la UMA. Colaborador en diversas publicaciones, entre ellas las especialistas en Historia. También colaborador en diversos medios de comunicación. Autor de diversos libros, entre ellos: "Sueño y pesadilla de un republicano Español", 2001- Universitat AlacantCapítulo del libro “Azaña y los suyos”, 2006Biblioteca Nueva.  Carles Espla, un periodista republicà" 2007,Editorial PUV.  Los periodistas del exilio”., 2009,FCE.  Capitulo en “La represión franquista en Levante”, 2009, Algaida-. La República en México: Con plomo en las alas. Las grandes  democracias contra la libertad de España. 2009. Editorial Renacimiento. 




Pedro Luis Angosto 



El coronavirus y la sociedad de la mentira global

Diario Digital, Nueva Tribuna

Por: Pedro Luis Angosto

26/02/20


Durante el año pasado se registraron en España 277.000 casos de cáncer. La mitad de los enfermos morirán en un plazo inferior a cinco años, sufriendo durante el resto de su vida un calvario indecible de idas y venidas al hospital, de quimio y radioterapia, de dolor y sufrimiento y de miedo indescriptible. En una sociedad avanzada y civilizada, las investigaciones para curar o paliar el cáncer, las enfermedades cardíacas y las degenerativas deberían ocupar un lugar preeminente, dedicándoles todos los medios económicos posibles. Del mismo modo, en un mundo civilizado y justo, la Organización Mundial de la Salud, en vez de callar, debería denunciar los precios altísimos de los tratamientos para esas enfermedades que están arruinando a los sistemas estatales de salud, declarar la libertad de todos los países copiar cualquier medicamento que sirva para mejorar la vida de los enfermos y condenar el reparto mafioso y monopolístico de los nuevos tratamientos por parte de los grandes laboratorios. No lo hace, mira para otro lado, y la curación de esas enfermedades que tanto dolor causan a tantísima gente se pospone hasta que la mafia quiera.

El año pasado murieron en España por accidente laboral casi setecientas personas, resultando heridos de gravedad o enfermos debido al trabajo varios miles de personas. Las causas están claras, precariedad laboral, jornadas interminables, destajo, escasas medidas de seguridad y explotación. Ningún organismo estatal ni mundial alerta sobre el deterioro de las condiciones de trabajo ni esas víctimas, que podrían haberse evitado con muy poca inversión, abren los telediarios ni ocupan más de su tiempo.


"No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres"


En 2019, seis mil españoles murieron de gripe, una enfermedad tan común como el sarampión que  mata todos los años a miles de personas en África sin que la OMS exija a los Estados miembros que aporten las vacunas necesarias -que valen cuatro perras- para evitar ese genocidio silencioso. Al fin y al cabo, la mayoría son negros.

En 2018, más de cuarenta mil personas murieron en España por la contaminación ambiental, siendo directamente atribuibles a esa misma causa el fallecimiento de ochocientas mil personas en la Unión Europea y casi nueve millones en el mundo, aparte de los millones y millones que padecen enfermedades crónicas que disminuyen drásticamente su calidad de vida.

En 2017 más de seis millones de niños murieron de puta hambre en el mundo mientras en los países occidentales se tiran a la basura toneladas y toneladas de alimentos. Ese mismo año, más de dos mil millones de personas trabajaron jornadas superiores a 15 horas por menos de 10 euros al día. Ningún informativo, ningún periódico, ninguna radio lleva días y días insistiendo machaconamente en esa tragedia que martiriza a diario a media humanidad y amenaza con llevarnos a todos a condiciones de vida insufribles.


"La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G"


Hace unas semanas surgió en una región de China un virus que causa neumonía y tiene una indicencia mortal menor al uno por ciento. Los medios de comunicación de todo el mundo, acompañados con las redes sociales de la mentira global, decidieron que ese era el problema más terrible que había azotado al mundo desde los tiempos de la peste bubónica del siglo XIV que diezmó la población de Europa en casi un tercio. No hay telediario, portada de periódico por serio que sea o red social en la que el coronavirus no ocupe un lugar preferente y reiterativo hasta la saciedad, como si no tuviésemos bastante con las enfermedades ya conocidas que matan de verdad a muchísima gente después de largos periodos de sufrimiento y tortura vital. No sé como surgió ese nuevo virus, tampoco si es nuevo, carezco de conocimientos científicos para ello, lo único que sé es lo que cuentan los especialistas, y es que apenas mata ni deja secuelas importantes. Pese a ello, a que lo saben, los informativos siguen creando alarma a nivel mundial. ¿Por qué?

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres. Vivimos un tiempo de relevos, la potencia hegemónica -Estados Unidos- tiene por primera vez desde el final de la Guerra Fría un serio competidor que se llama China. Ese competidor fue alimentado desde los años ochenta por las potencias occidentales debido a su enorme población, a su pobreza y a los salarios bajísimos de sus trabajadores. Han pasado cuarenta años y lo que entonces pareció una decisión magnífica para acabar con los Estados del Bienestar, abaratar costes e incrementar riquezas de modo exponencial, ha tomado otro cariz y ahora esa potencia pobre produce casi el 18% de todo lo que se fabrica en el mundo y está en disposición de dar el gran salto que la coloque en como primera potencia mundial, algo que será inevitable haga lo que haga Trump y sus amigos porque tienen el capital, la tecnología y la mano de obra necesaria. La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G. Se trataba de impedir de cualquier manera que los chinos pudiesen demostrar que hay campos en los que ya están por delante de Estados Unidos y, por supuesto, de Europa. No hay otra explicación ni otra razón. Con la cancelación del congreso de Barcelona y la información apocalíptica sobre las consecuencias de la expansión del coronavirus se daba un paso más en la nueva guerra fría que se ha inventado Donald Trump, dejando claro a China que todo vale en la guerra y que su ascenso al primer puesto les va -nos va- a costar sangre, sudor y lágrimas.

El coronavirus es una enfermedad que no arroja datos alarmantes, primero porque no se expande al ritmo de las grandes epidemias que ha sufrido el mundo, segundo porque tampoco los porcentajes de mortandad son equiparables a los de otras plagas como la “gripe española”. Sin embargo, y dentro de un lenguaje medieval, se está intentando crear pánico a escala global y por eso cada día nos cuentan el nuevo caso que se ha descubierto en Italia, Croacia, Malasia o Torrelodones, uno por uno, haya dado muestras de quebranto o no. Se trata de alimentar el bicho del miedo a escala global con fines estrictamente políticos y económicos, y nunca antes como hoy, en la sociedad de la desinformación, han existido tantos medios para imponer las mentiras como verdades absolutas al servicio de intereses bastardos. El coronavirus no es el fin del mundo ni nada que se le parezca, es una enfermedad normal, como tantas y con poca mortandad, pero la manipulación mediática interesada puede llevarnos a una crisis de consecuencias devastadoras.


sábado, 22 de febrero de 2020

Barcelona no es de fiar

Una vez más, El diario digital Vozpópuli, aparte de la información, nos ofrece artículos de opinión. En el día de hoy, Vozpópuli incluye un buen y acertado artículo de opinión,firmado por  Gregorio Morán.

Un realista buen artículo y, a su vez, triste para nosotros, dado que hace referencia a nuestra ciudad, Barcelona, la cual, cada día que pasa se acentúa su general deterioro. Realidad que, desde este mismo blog, y por la red social Facebook hemos denunciado y señalando a los que creemos que son los responsables de ello, las propias instituciones de la Ciudad Condal, el ayuntamiento, la Generalitat, los de la argucia política disfrazada de Independencia, junto la enorme inoperancia del resto de los partidos políticos.   


Por entender que el artículo puede ser del interés de nuestros lectores, lo adjuntamos en elblogdefcosvi.


Gregorio Morán Suárez (1947-Oviedo- Asturias) escritor, periodista y articulista colaborador en distintos medios de comunicación.  Autor de fina visión, virtud, la cual sin duda le ha provocado más de un problema, dado que no se acepta la franqueza, más si está contiene una cierta ironía. Gregorio Morán tiene en su haber magníficos artículos y a su vez es autor de más de una docena de buenos libros, entre los cuales, dos biografías,  entre otros, " La cura de los mandarines" del año 2014, editorial Akal  y " La decadencia de Cataluña, contada por un charnego" del el año 2013, editorial Penguin Random House







Barcelona no es de fiar

Barcelona se ha ido deteriorando conforme la sociedad y sus poderes adoptaron el narcisismo urbano, lo que sumado a la situación política de Cataluña ha dado ese resultado incontrovertible



Plaça Real de Barcelona

Sabatinas Intempestivas

por: Gregorio Morán

a 22.02.2020 


Gregorio Morán



Las ciudades enferman. Hay algunas que se mantienen con cuidados intensivos y así llevan siglos, con sus achaques y remedios paliativos. Véase Venecia. Aún sigue con multitudes de turistas que dan fe de cierta inclinación de los seres humanos a contemplar los restos, fastuosos, de lo que fue emporio de civilización y que hoy sobrevive a duras penas. En el otro extremo, nadie que la haya visto olvidará la imagen de Atlantic City, con aquel crepuscular Burt Lancaster en el no menos crepuscular filme de Louis Malle; ahí estaba una ciudad de antiguos sueños de juego y fiesta devenida en escenografía para ídolos rotos.

Ni lo uno ni lo otro, pero sí un poco de uno y de otro, Barcelona se ha ido deteriorando conforme la sociedad y sus poderes adoptaron el narcisismo urbano, lo que sumado a la situación política de Cataluña ha dado como resultado algo incontrovertible: esta ciudad no es de fiar. Con esa perspectiva no resulta extraño que la industria de los ordenadores, la más representativa de los tiempos que corren, se haya acogido a una disculpa de gran calado, el coronavirus, para dar el carpetazo a los riesgos que genera la incomodidad de una urbe desnortada.

Hasta que los grandes de la computación no mostraron su desinterés por arriesgarse a la feria del Mobile en Barcelona, parecía como si la ciudad condescendiera con ellos y les consintiera pisar esta tierra salutífera. Era un favor del narcisismo urbano a los comerciantes más avispados del planeta. Bastó que alguien soplara una improbable alarma para que el castillo de naipes se derribara y nos adentráramos en la fórmula barcelonesa por excelencia: la herencia de tiempos de industriales de fortunas y queridas exuberantes, ocultas a la indiscreción. El silencio de la complicidad se hizo dueño. Nadie se atrevió a preguntar a los poderes siempre ubicuos de esta ciudad sin prodigios por qué Ámsterdam celebraba su Mobile con una sola empresa ausente y por qué aquí nadie asumía si no había algo que dificultaba la empatía de esta urbe, jactanciosa de un pasado de acogimiento y urbanidad.

La elogiosa cita de Cervantes en el Quijote caducó y lo que ayer fue ahora ya no es. Nadie se juega su prestigio cuando éste se valora en miles de millones porque a una ciudadanía impotente y en ocasiones cómplice se le ocurra asumir lo inasumible. Cuando la alcaldesa Ada Colau considera que su timbre de gloria está en ser la primera edil que exhibe su bisexualidad, a mí me importa lo mismo que si tuviera inclinaciones a la zoofilia o al nudismo doméstico, un terreno limitado a la privacidad, y de lo que se trata es de hacer funcionar una ciudad abandonada a la improvisación.


"Como el consejero Buch no puede apelar a Trump y el derecho a llevar armas, nos sugiere que llevemos bien apretado el bolso y la cartera, y que tengamos suerte"


Si una alcaldía vive de sus ensoñaciones puede ocurrir de todo; incluso aprovechar los escasos espacios libres para edificar, digo bien, edificar plazas duras. La invención de las plazas duras es uno de los escarnios a que someten los alcaldes con rostro de cemento armado a los vecinos, con la nada abnegada ayuda de los arquitectos ejecutores de este delito urbano. Son plazas en las que no debe haber nada verde, ni árboles. Todo obra muerta y cobrada con la tampoco abnegada colaboración de las taciturnas agrupaciones ecologistas. ¡Fuera el verde, que cuesta dinero, y viva el cemento, que da trabajo a los intelectuales del diseño! Desde que Barcelona se miró en su espejo y se creyó Narciso la ciudad está llena de plazas duras: hasta tiene una dedicada a los Países Catalanes, premiada por el gremio, cuya vista me produce siempre perplejidad y cuya única bondad reside en el lugar de la amplia instalación, frente a la Estación de Sants, lo que consiente que verla y escapar pueda hacerse en apenas un impulso.

Nadie recuerda ya las palmeras que se enseñoreaban de las grandes avenidas olímpicas, ni de los barrios para jóvenes profesionales asentados, convertido todo en pecios de naufragios sucesivos. Eso sí, la Policía Municipal podrá a partir de ahora llevar tatuajes. Gran decisión, porque confundirá a los urbanos con el paisaje humano de barrios fuera de control, sin ley, pero con mucha historia. Por algo antes se llamaba Barrio Chino y ahora se denomina El Raval. Cuando una concejal socialista, Itziar González, pretendió poner coto a la delincuencia en pisos y adicciones hubo de dimitir ante el silencio de sus compañeros de partido, de los medios de comunicación y de los poderes públicos. Entendió que le iba la vida en el empeño y lo dejó. Discreción es la norma, y para enseñanza de discretos nada como no darse por enterados. La última propuesta de la Consejería de Interior ante la alarmante inseguridad de Barcelona consiste en la “autoprotección”. Como el consejero Buch no puede apelar a Trump y el derecho a llevar armas, nos sugiere que llevemos bien apretado el bolso y la cartera, y que tengamos suerte. Sería para reír si no fuera para llorar. Una variante de aquel indescriptible anuncio oficial que clamaba, como quien tira el dinero para pagar la ronda: Barcelona, ponte guapa, sin precisar quién debe gratificar al cirujano plástico.


"Qué interés puede tener alguien en arriesgar sus millones en una ciudad donde se jalea a los muchachos de los CDR, protegidos por sus padres en la Generalidad"


Barcelona sufre todas las tardes a partir de las ocho un piquete que no alcanza a cien personas pero que bloquea la vía norte de la ciudad, la Meridiana. Llevan así varios meses y seguirán hasta que les pete, y ojito con acercarse a preguntar o fotografiar, como lo hizo el periodista Xavier Rius. Te agredirán ante la mirada ingrávida de los Mozos de Esquadra.

Seamos coherentes: qué interés puede tener alguien en arriesgar sus millones en una ciudad donde se jalea a los muchachos de los CDR, protegidos por sus padres en la Generalidad, que pinchan las ruedas de las bicicletas de alquiler, queman autobuses de turistas o pintarrajean las sedes de sus adversarios. Barcelona no es lo que fue. Podemos ponernos estupendos y abonar el huerto narcisista para introducir el conflicto de Trump y China, en la misma medida que un día se reaccionó al atentado yihadista de las Ramblas gritando No tenemos miedo, el lema más críptico de manifestación alguna. No se decía por miedo a quién no se tenía miedo, ni por qué no había que tenerlo cuando toda la ciudad estaba acojonada, los poderes públicos mintiendo y los muertos abandonados.

Venecia tiene una larga lista de homenajes; a Atlantic City le basta con el de Malle y Lancaster; aquí ¡oh Narciso! apenas nada. Barcelona no es de fiar; se lo ha trabajado a pulso y púa.