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sábado, 7 de abril de 2018

‘Procés’ ilegal y violento



Certera y magnifica editorial del día de hoy en el prestigioso diario EL PAIS, sobre la decisión del Tribunal de Schleswig-Holstein (Alemania) de dejar en libertad al huido de la justicia española ex presidente de la Generalitat de Catalunya, señor Carles Puigdemont. Éste fue previamente detenido por la policía, en la localidad de Schuby (Alemania) con motivo de haberse reactivado por el Juez del Tribunal Supremo, Sr. Llarena, la euroorden de su arresto y entrega.  

Por entender que la editorial puede ser del interés de nuestros seguidores lo incluimos en nuestro blog, elblogdefcosvi.







‘Procés’ ilegal y violento


El tribunal alemán ni absuelve a Puigdemont ni legitima el secesionismo


Editorial

EL PAÍS

07/04/2018

La decisión del Tribunal de Schleswig-Holstein de inadmitir la petición de entrega a España del expresident de la Generalitat Carles Puigdemont por el delito de rebelión no equivale, como han pretendido algunos, a un veredicto incriminatorio sobre la democracia española, su Estado de derecho ni sus instituciones judiciales. Tampoco puede ser leída como una absolución, total o parcial, de los líderes independentistas actualmente encausados por el Tribunal Supremo y, por supuesto, menos aún como una legitimación de las gravísimas actuaciones por ellos desarrolladas en los funestos meses de septiembre y octubre del año pasado.

Esa lectura no es posible porque, como el propio tribunal alemán ha explicado, queda acreditado no solo que hubo violencia, sino que “los actos violentos” del 1-Ose pueden imputar al acusado en cuanto iniciador y defensor de la celebración del referéndum”. Cuestión distinta es que el tribunal no aprecie que el grado de violencia atribuible a Puigdemont fuese tan abrumador como para obligar al Gobierno a “capitular” ante sus exigencias, que sería el requisito de gravedad que en Alemania convertiría el delito español de rebelión en el alemán de alta traición y que permitiría franquear así la euroentrega. En consecuencia, el tribunal ha estimado que los delitos no son equivalentes, como exige la Decisión Marco de 2002 que regula la euroorden, no que el delito no existiera en España de acuerdo con la legislación española.

Tampoco valida el Tribunal los argumentos de Puigdemont respecto a la comisión de “persecución política” en España, dejando así al descubierto la falsedad de la afirmación —que éste volvió a repetir a la salida de la prisión— sobre la existencia de presos políticos en España. No hay por tanto sustento en los intentos de Puigdemont y los suyos de autoabsolverse valiéndose del pronunciamiento del tribunal alemán, ni tampoco queda expedita la vía para un retorno de Puigdemont a la Presidencia de la Generalitat.

Es cierto que la causa en Tribunal Supremo queda en una posición difícil, pero no imposible, pues el juez Llarena tiene ante sí varias vías de actuación, incluyendo el planteamiento de una cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea que permita verificar si los jueces alemanes han aplicado correctamente el mecanismo de la euroorden.

Pero más allá del curso judicial que siga el proceso, ni Puigdemont ni los independentistas van a lograr cambiar los hechos que caracterizan su gravísimo proceder, su deslealtad a la democracia, a la Constitución española, a las instituciones del autogobierno catalán y, en definitiva, a los ciudadanos de este país, cuyos derechos políticos han lesionado de forma deliberada en su empeño de promover un proceso de secesión ilegal y de ruptura de nuestro país.

Esos hechos son claros y están a la vista de todos. Incluyeron derogar la Constitución y el Estatut; elevar unas leyes sediciosas votadas por medio Parlament a sustitutos de esas normas supremas; y hacerlo desobedeciendo a los tribunales y sin la concurrencia de mayoría cualificada, y por métodos que privaron a la oposición (que representa a más de la mitad de los catalanes) de sus funciones representativas y de control. Todo ello constituyó un golpe de Estado que no solo merece condena política sino reprobación judicial aunque corresponda a los tribunales establecer los tipos de aplicación concretos.

Independientemente de su calificación judicial, el procés tuvo un carácter violento: hubo usos indebidos y exorbitantes de la fuerza: hubo obstrucción física de la Justicia; destrucción de vehículos policiales; ocupación ilegal de carreteras; obstaculización de vías férreas con peligro para la integridad de los propios actuantes; intimidaciones y escraches contra personas, partidos y asociaciones considerados rivales o enemigos; violencia sobre objetos callejeros; y actuaciones del Govern y de la policía autonómica tendentes a facilitar algunos de esos abusos. Y sobre todo, fue un proceso presidido por la coacción, pues se violó la ley de forma sistemática para intentar imponer a la ciudadanía, desde la calle y desde las instituciones, una secesión unilateral, ilegal y obligatoria.

El secesionismo catalán pretendió situar al Estado ante el dilema de desbordar al Estado y forzarle a allanarse ante una independencia impuesta de forma ilegal; o bien emprender una actuación extrema cuyos perfiles sirviesen para autoinfligirse descrédito y un alto coste reputacional. Como carecía del apoyo de la mayoría social, el movimiento independentista pretendió imponerse por la vía de los hechos consumados. Una vía que, pese a algunas autocríticas, todavía no ha desechado de forma clara ni rotunda.

Ni el tribunal alemán ni la propaganda independentista pueden cambiar esos hechos, que son ya parte de la historia de los españoles y su lucha por mantener la democracia. La democracia española ha sido sometida a una dura prueba y ha estado en grave peligro. Pero su Estado de derecho y sus instituciones judiciales funcionan.

jueves, 18 de enero de 2018

Desestabiliza que algo queda


Adrian Mac Liman, periodista, escritor, corresponsal de diversos e importantes diarios internacionales.  Tras su participación en los preparativos de la Conferencia Euromediterránea de Barcelona (1995), se incorporó en calidad de experto al Grupo de Estudios Mediterráneos de la universidad parisiense de La Sorbona.

Adian Mac Liman es autor de varios libros sobre Oriente Medio y la evolución del islamismo, entre los cuales:  Crónicas palestinas (1989), Las tramas secretas de la Guerra del Golfo (ed. 1990), De la nación de refugiados al Estado-nación (1995), Vía Dolorosa (1999), Palestina: el volcán (2001, trad. italiana 2002 ), El caos que viene (2002, trad. rumana 2004) y Turquía – Un país entre dos mundos (2004).

Adrian Mac Liman publica en su blog; Ventana al Mundo, otro magnifico artículo, sobre el cual por entender que puede ser de interes para los seguidores de El Blog de fcosvi.


Adrian Mac Liman



Ventana al Mundo


Desestabiliza que algo queda


por: Adrian Mac Liman

a 17/01/2018 



Sucedió a comienzos de la década de los 90 del pasado siglo, durante la guerra de los Balcanes. La Sexta Flota estadounidense realizaba maniobras en el Mediterráneo. Un juego de guerra habitual en aquellos tiempos, cuando las grandes potencias se disputaban el poder por tierra, mar y aire. Pero algo insólito pasó aquél día. El portaaviones Nimitz, buque insignia de la escuadra, quedó totalmente incomunicado. Un repentino apagón de las ondas hertzianas afectó las comunicaciones radiotelefónicas, el radar y el sistema de teledirección de misiles. Durante unos minutos, el gigante de acero quedó ciego y sordo. ¿Explicación lógica? Ninguna.

Lo cierto es que aquella mañana el almirante comandante de la flota informó lacónicamente a la oficialidad reunida en la cubierta: “Señores, la época del poderío naval ha acabado. Estamos entrando en una nueva era; empieza la guerra del ciberespacio…” Una guerra poco tradicional, sin campos de batalla ni concentración de tropas, sin bajas reales, pero con más daños colaterales. Pero el peligro tardó décadas en materializarse.

Huelga decir que desde el espionaje tradicional – sustracción de documentos, acciones de propaganda o intoxicación de la población civil – hasta la utilización masiva de las nuevas tecnologías hay un abismo. Los primeros casos de espionaje informático se remontan a la década de los 70, cuando los servicios de inteligencia estadounidenses detectaron la presencia de agentes chinos en los organismos de defensa. Su objetivo prioritario: apropiarse de la tecnología militar americana. Hoy en día, los chinos cuentan con alrededor de 25.000 agentes en suelo norteamericano.

Otro caso muy sonado fue el de Jonathan Pollard, ex analista civil de los servicios secretos de la Marina de los Estados Unidos, condenado por espiar para Israel. Pollard reconoció su culpabilidad antes de la celebración del juicio, esperando conseguir una reducción de pena. 

Pero esos incidentes embrionarios poco o nada tienen que ver con la verdadera guerra informática. Hay constancia de la utilización de tecnología cibernética en Bosnia, Kosovo, Taiwán, Estonia, Yemen, Oriente Medio, las mal llamadas “primaveras árabes”. Sin olvidar las ofensivas detectadas, denunciadas y condenadas por los Gobiernos occidentales: la posible y muy probable manipulación de las últimas elecciones presidenciales norteamericanas y, más recientemente, el “procés” catalán.

La lista de ataques informáticos es muy amplia. Recodemos los más sonados:

· En 1999, durante la guerra de Kosovo, varios centenares de hackers, liderados por el capitán Dragan, un ex militar serbio, se introdujeron en los ordenadores de la OTAN, la Casa Blanca y la fuerza naval estadounidense en el Mediterráneo. Con sus cuarenta ordenadores, trataron de contrarrestar la campaña mediática de la Alianza Atlántica. Su meta: desmentir las noticias facilitadas por la OTAN.   

· En 2003, el sistema informático de Taiwán fue sometido a un ataque llevado a cabo con virus y troyanos por el ejército chino.

· En 2007, Estonia fue víctima de ciberataques dirigidos contra los bancos, medios de comunicación e instituciones gubernamentales. Se detectó la intervención de hackers rusos.

 · En 2012, los ordenadores de Arabia Saudita, Egipto,  Irán, Israel, Sudán y Siria, fueron infectados con el malware Flame o sKyWIper, diseñado expresamente para tareas de ciberespionaje. Conviene recordar que la región pasaba por un período muy convulso.

Pero hay más: el 28 de noviembre de 2010, el portal WikiLeaks, fundado por el australiano Julian Assange, publica un paquete de 8.761 documentos confidenciales procedentes de los archivos de la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense. Se trata de material restringido, relativo a asuntos de defensa, vigilancia, corrupción, técnicas empleadas por los servicios secretos de Washington

En junio de 2013, Edward Joseph Snowden, antiguo empleado de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional,  difunde, a través de los diarios The Washington Post y The Guardian, documentos ultrasecretos relativos a los programas de vigilancia PRISM y XKeyscore.

A mediados del año 2015, el grupo hackers APT29, identificado como  “mercenarios de las autoridades rusas”, entró en la red del Partido Demócrata, robado información de los colaboradores de Hillary Clinton. El presidente Obama no disimuló su enfado, responsabilizando a Vladímir Putin del hackeo de la cuenta de John Podesta,  jefe de la campaña del Partido Demócrata, así como de los archivos de la Fundación  Clinton. Las revelaciones del operativo, difundidas a través de WikiLeaks, DCLeaks y GUccifer, ponían de manifiesto la alianza estratégica de la candidata demócrata con los grupos financieros de Wall Street.

La Administración Obama decretó sanciones diplomáticas contra Rusia, alegando que las autoridades moscovitas habían tratado de perjudicar a la candidata demócrata, favoreciendo a Donald Trump. Sin embargo, Moscú rechazó las acusaciones de la Casa Blanca.

Otra injerencia patente fue la difusión de noticias falsas durante el “procés” catalán (septiembrenoviembre del pasado año), cuando el aparato de propaganda rusa se volcó a la causa independentista, asegurando que la inmensa mayoría de la población de Cataluña apoyaba el secesionismo. Esta vez, la agresividad verbal de la maquinaria de propaganda desencadenó el sistema de alarma de la Unión Europea. Obviamente, las noticias falsas presuponen un peligro real para la seguridad de los Estados miembros de la UE. Hacía falta crear estructuras de defensa eficaces.

En octubre de 2014, el relator especial de la ONU sobre contraterrorismo y derechos humanos presentó ante la Asamblea de Naciones Unidas un informe en el que se condena explícitamente al ciberespionaje masivo en Internet. Conviene señalar, sin embargo, que los  delitos de espionaje cibernético o la ciberguerra no están tipificados ni castigados en los tratados internacionales. 

La reciente reacción de las agencias de seguridad estadounidenses -  CIA, FBI, Seguridad Nacional – abre la vía al inicio de un proceso político y jurídico para elaboración de acuerdos multilaterales destinados a punir los delitos cibernéticos.

Tenía razón el almirante de la Sexta Flota al vaticinar el final de la Guerra Fría. Entramos en la era de la Guerra Cibernética.