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domingo, 13 de septiembre de 2015

Nuestro amigo Bashar

Adrian Mac Liman, en su Blog Ventana al Mundo, publica un artículo, el cual por considerarlo interesante, como prácticamente todos, lo publicamos en el blog de fcosvi.

Nuestro amigo Bashar 
por Adrian Mac Liman

10/09/2015



El 10 de junio de 2000, cuando el oftalmólogo Bashar al Assad asumió en cargo de Presidente de la República Árabe Siria, el recién ungido monarca republicano fue acogido con vítores y gritos de Alá, Siria y Bashar, el viejo país de los omeyas parecía encaminarse hacia una nueva etapa histórica. El rey Abdalá de Jordania no dudó en tildar al hijo del dictador Hafez al Assad de renovador, aperturista y amante del progreso. ¿Falsa percepción? ¿Simple manipulación de una opinión pública occidental crédula e inocente? Huelga decir que los primeros gestos del inexperto gobernante sirio parecían acreditar esta tesis. Pero las primeras reformas emprendidas por el régimen de Damasco fueron a la vez tímidas y lentas. El raís tropezaba invariablemente con las reticencias de la vieja guardia del Partido Ba’as, poco propensa a renunciar a sus prerrogativas. Las férreas estructuras ideadas por el viejo dictador no facilitaban los cambios ansiados por la joven generación. Modificar el sistema suponía romper con el pasado. Mas Bsahar al Assad fue incapaz de llevar a cabo la titánica tarea.

Para las monarquías feudales de la región, Siria era un país laico, que salía de los moldes de la sacrosanta ley coránica, aliado de Moscú y de Teherán, es decir, de  infieles y… de ¡chiitas! Para Occidente, se trataba de uno de los últimos vestigios de la colonización gala en la región, de una isla de cultura francófona, que contaba con intelectuales de primerísima fila: arquitectos, escritores, poetas, filósofos… Una élite cultural que, pese a las limitaciones impuestas por el régimen totalitarista, lograba competir con la flor nata de la intelectualidad europea.

Pero el cambio de rumbo preconizado por Basar al Assad finalizó con la llegada de las mal llamadas primaveras árabes. Alguien de fuera de la zona decidió acabar con las dictaduras laicas y reemplazarlas por regímenes islámicos moderados. A la caída del tunecino Ben Alí le siguió la derrota del egipcio Mubarak, el repulsivo asesinato del libio Gadafi, la guerra civil yemenita. Sin embargo, el califa de Damasco seguía en su trono. Algo realmente imperdonable para los guionistas de las primaveras árabes. Siria acabó convirtiéndose, pues, en el laboratorio de una guerra de guerrilla, en escenario de enfrentamientos entre grupúsculos islámicos de toda índole, apoyados por mecenas saudíes, qataríes y… norteamericanos. Su objetivo prioritario: acabar con Bashar al Assad. Su meta real: convertir al último alfil de Rusia en Oriente Medio en baluarte de la democracia made in USA.

En cuatro años, la guerra civil siria se cobró más de 300.000 víctimas mortales. Alrededor de 2,8 millones de personas cruzaron las fronteras, buscando refugio de los países vecinos. Pero Jordania, Líbano y Turquía no cuentan con las infraestructuras básicas para albergarlos. Por su parte, los países del Golfo Pérsico descartan la posibilidad de acoger a los refugiados. Aparentemente, son… demasiado pobres para poder integrarse en el mundo de la opulencia edificado por el maná de los petrodólares.

Los refugiados optaron por coger el camino de Europa, dirigiéndose hacia la prospera Alemania o la multirracial Inglaterra. ¡Qué vienen los musulmanes! De repente, los gobernantes del Viejo Continente descubrieron que tenían un aliado en tierras de Oriente; un gobernante que combatía el peligro yihadista: el presidente sirio Bashar al Assad. Presidente a secas, sin más calificativos. El mundo cambia.

Hace un par de años, cuando Barack Obama estuvo a punto de bombardear Damasco, bastó con una llamada de atención del Presidente Putin para que los aviones de la Fuerza Aérea se queden el tierra. Hoy en día, Europa coquetea con la idea de sumarse a la guerra contra el yihadismo. Aparentemente, Austria y España son los principales valedores del régimen sirio. Francia se sumará a los bombardeos contra las posiciones del Estado Islámico; Inglaterra no tardará en unirse al operativo bélico. La avalancha de refugiados genera, pues, un tardío y traumático despertar.

¿A qué se debe este cambio radical de Occidente? Tratemos de hacer memoria: hubo una época - no muy lejana - en la que nuestros amigos los dictadores tenían vara muy alta en las Cancillerías del primer mundo. Una época en la que los diplomáticos del Viejo Continente trataban muy ceremoniosamente de monsieur le Président a los Mobutu o los Tchombe, tiranos africanos que controlaban los yacimientos de cobalto o las minas de oro y de diamantes, en la que la modélica democracia de Bonn se desvivía en complacer al general Strossner, oriundo alemán convertido en dictador del Paraguay, cuando la  City de Londres actuaba de principal centro financiero de los jeques del oro negro. En aquel entonces, las afirmaciones de los señores dictadores o los respetables tiranos tenían el don de convertir los ríos de sangre en lingotes de oro. Luego llegó la introducción forzosa de la democracia del mundo civilizado y, con ella, la corrupción.

Es obvio que para hallar una solución coherente y duradera al conflicto sirio es preciso contar con los buenos oficios de Moscú y Teherán. Pero los iraníes advierten: no se puede contemplar un diálogo de paz sin la participación activa de Arabia Saudita y los Estados Unidos, los países que mueven los hilos de la contienda. 

En ese contexto, cabe preguntarse: ¿a qué universo pertenece nuestro (nuevo) amigo Bashar al Assad

Publicado por Adrian Mac Liman en 20:00 No hay comentarios:   
Etiquetas: Barack Obama, Bashar al Assad, EE.UU., España, Estado Islámico, Europa, Irán, Islamismo radical, Libia, Oriente Medio, primavera árabe, proceso de paz, Putin, Turquía, yihadismo

viernes, 21 de marzo de 2014

Lo que no se está diciendo sobre Ucrania

Lo que no se está diciendo sobre Ucrania
por: Vicenç Navarro , publicado  en el diario PÚBLICO, en la columna "Pensamiento critico"
18/3/ 2014


Este artículo presenta información que, salvo contadas excepciones, no ha aparecido en la mayoría de medios de comunicación en España, referente a la enorme influencia que un partido nazi tiene hoy en el nuevo gobierno de Ucrania.

Lo que no se está diciendo sobre Ucrania

La gran mayoría de medios españoles están presentando la situación que ocurre en Ucrania como un alzamiento popular en contra de un gobierno corrupto y sumamente impopular. De ahí que esté generando una simpatía generalizada, favorecida por unos medios que, todavía estancados en la ideología de la Guerra Fría, ven a Rusia como el enemigo. Y puesto que Rusia había apoyado a ese gobierno, mientras que los que se le opusieron favorecían más su conexión con la Unión Europea, se explica la lectura tan favorable de la revuelta popular contra el gobierno, la cual ha acabado deponiéndolo, aun cuando dicho gobierno había sido elegido democráticamente.

Ni que decir tiene que la revuelta contra el gobierno depuesto ha sido una revuelta popular. Pero la realidad es más complicada que la que los medios anuncian. En realidad, no se ha señalado (con la excepción de Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Alemania) que hoy Ucrania es el único país de Europa donde existen miembros de un partido nazi en posiciones de gran poder. El partido nazi se llama paradójicamente Libertad (Svoboda) y sus miembros en el gobierno son el ministro de Defensa (Igor Tenyukh), el viceprimer ministro para Asuntos Económicos (Aleksandr Sych, que es el ideólogo del partido que ha presionado, entre otras medidas, para que se prohíba el aborto), el ministro de Agricultura Igor Shvaika (uno de los mayores terratenientes de Ucrania), el ministro de Ecología (Andriy Moknyk, que había sido la persona de contacto con grupos nazis europeos), el director del Consejo Nacional de Seguridad Andry Parubiy (y director de la milicia militar del partido), el Fiscal General del Estado (Oleh Makhnitsky), y el ministro de Educación Serhiy Kvit, entre muchos otros. El poder de este partido condiciona claramente al nuevo gobierno de Ucrania.

Dicho partido fue fundado en 1991, presentándose como el sucesor de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (ONU) fundada por un personaje, Stepan Bandera, clave en la historia reciente de Ucrania. El partido Svoboda lo presenta como su máxima inspiración. Fue definido como un héroe nacional en el año 2010 por el Presidente Victor Yushchenko, más tarde sustituido por el democráticamente elegido Yanukovich, el Presidente del gobierno depuesto como resultado de la revuelta popular. Este último gobierno retiró el honor que se había concedido a Bandera, aunque es más que probable que el nuevo gobierno lo restituya.

Bandera, cuyo homenaje conllevó la protesta de la Tribunal Europeo de Justicia (European Court of Justice), fue el mayor aliado del régimen nazi de Hitler en Ucrania, habiendo dirigido dos batallones que se integraron en las SS nazis alemanas en su lucha contra la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial (según el Centro Simon Wiesenthal, esos batallones detuvieron a 4.000 judíos ucranianos, enviándolos a campos de concentración nazis en Lviv en julio de 1941). En los escritos de la organización fundada y dirigida por Bandera (ONU) se habla explícitamente de la necesidad de limpiar la raza, eliminando a los judíos. El Profesor de Historia de la Tufts University Gary Leupp, en su detallado artículo “Ukraine: The Sovereignty Argument, and the Real Problem of Fascism” (CounterPunch, 10.03.2014), del cual extraigo todos los datos que presento en esta primera parte del artículo, cita textos enteros mostrando el carácter nazi de dicha organización. Cuando la Alemania nazi invadió Ucrania, Bandera declaró su independencia, cuyo gobierno trabajó “muy próximo y hermanado con el nacionalsocialismo de la Gran Alemania, bajo el liderazgo de Adolf Hitler, que está formando una nueva Europa”.

El partido dominante en el nuevo gobierno de Ucrania, Svoboda, se considera orgulloso heredero del ONU, y quiere purificar la sociedad ucraniana, persiguiendo violentamente a homosexuales, prohibiendo el aborto, estableciendo un orden jerárquico y disciplinado, enfatizando la masculinidad y la parafernalia militar, llamando a la expulsión de la mafia judía moscovita y eliminando el comunismo, comenzando por la prohibición del Partido Comunista y la persecución de sus miembros o intelectuales afines. Piensa también eliminar más tarde a todos los partidos. En realidad, el programa no puede ser más claro. En el año 2010, la web del partido indicaba “Para crear una Ucrania libre… tendremos que cancelar el Parlamento y el parlamentarismo, prohibir todos los partidos políticos, estatalizar todos los medios, purgar a todo el funcionariado y ejecutar (término que utilizan) a todos los miembros de los partidos políticos antiucranianos”. El Congreso Mundial Judío (World Jewish Congress) declaró a este partido como partido neonazi el mayo del año pasado.

¿Cómo es que un partido nazi está gobernando hoy Ucrania?

Las movilizaciones populares que terminaron con el gobierno eran en su mayoría movilizaciones espontaneas, con escasa estructura organizativa. De ahí que un grupo, incluso armado, con apoyo político internacional, pudiera adueñarse fácilmente de aquellas movilizaciones, jugando un papel importante en las etapas finales del movimiento popular. Y, por paradójico que parezca, tanto EEUU como la UE jugaron un papel clave en esta promoción. En realidad, EEUU más que la UE. Fue precisamente Victoria Nuland, responsable del Departamento de Estado para Asuntos Europeos y Euroasiáticos (una funcionaria de la ultraderecha dura nombrada por el Vicepresidente Cheney durante la Administración Bush, y que sorprendentemente fue mantenida en este cargo por la Administración Obama) la que apoyó más fuertemente y abiertamente al partido Svoboda, pues era el más antiruso de los grupos que existían en esas manifestaciones. Fue este personaje la que utilizó la famosa expresión !“¡Que se joda la UE!”  (“Fuck the EU"), insistiendo en que el gobierno tenía que tener en cuenta a Svoboda, por muy mala imagen que ello creara. En realidad, dicho partido, en las últimas elecciones, solo ha recibido un 10% del voto. Pero su enorme influencia no deriva de su apoyo popular, sino de las maquinaciones que han tenido lugar, en las que el gobierno estadounidense y el alemán han jugado un papel central. Ambos desean expandir el área de influencia de la OTAN hacia el este de Europa, y ven la situación de Ucrania como favorable a ello. El miembro de Svoboda que es ministro de Defensa es favorable a la OTAN y ha estudiado en el Pentágono en EEUU.

¿Cuál es el futuro de Ucrania?

Hoy las elites gobernantes a los dos lados del Atlántico norte se encuentran en una situación conflictiva. Por un lado, está el complejo militar industrial de EEUU, que está muy a la defensiva (debido a los recortes tan notables del gasto militar del gobierno federal, resultado del hartazgo de la población estadounidense hacia las campañas bélicas que caracterizan la política exterior de EEUU) y que desea reavivar por todos los medios la Guerra Fría para justificar la recuperación de su papel central en el sistema político-económico estadounidense.

Pero esta estrategia choca claramente con los intereses financieros y económicos de la UE y también de EEUU. Rusia es el tercer socio comercial de la UE después de EEUU y China, con un intercambio comercial de más de 500.000 millones de dólares en 2012 (Bob DreyfussCapitalism Will Prevent a Cold War Over Ukraine”, The Nation, 10.03.2014). Alrededor del 75% de todas las inversiones extranjeras en Rusia proceden de la UE, siendo Rusia la mayor proveedora de gas de la UE. Y el capital de los grandes oligarcas rusos está en bancos europeos, en su mayor parte en la City de Londres. Hoy, el gran capital financiero e industrial no desea una Guerra FríaEn realidad, gran parte del armamento de Rusia es construido hoy en Suecia y Francia (la última compra es de helicópteros, 1.700 millones de dólares).

De ahí que por mucho que se hable de penalizar a Rusia, poca acción militar es probable que ocurra. No estamos en la primera página de la III Guerra Mundial, pero ello no implica que no estemos viendo el resurgimiento del nazismo, apoyado paradójicamente por élites gobernantes a los dos lados del Atlántico norte, que representa la mano dura necesaria para llevar a cabo las políticas de corte neoliberal que el gobierno ucraniano realizará para facilitar su integración en la UE.

viernes, 14 de marzo de 2014

Algunas cuestiones sobre Ucrania

El periódico digital; El Inconformista digital, publica un interesante artículo de Francesc Sánchez, sobre la actualidad en  Ucrania.


Algunas cuestiones sobre Ucrania
por Francesc Sánchez
14-03-2014

Desde que los infantes de marina rusos tomaron la península de Crimea prácticamente sin pegar un solo tiro han empezado las voces de alerta en los países de Europa del Este que forman tanto parte de la Unión Europea como de la OTAN. Nos recuerdan continuamente la anexión que llevaron a cabo los alemanes de la región checoslovaca de los Sudetes (con la aquiescencia de Francia y la Gran Bretaña en la Conferencia de Munich) y de Austria (el famoso Anschluss) en los prologuémonos de la Segunda Guerra Mundial. Temen o se les hace temer una invasión militar rusa no solo en Ucrania si no en las Repúblicas Bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) donde hay minorías rusas (sin nacionalidad en muchos casos) y hasta en los países que formaban parte del Pacto de Varsovia (Polonia, Chequia, Eslovaquia, Rumania, y Bulgaria). Entonces, continuando con la equiparación histórica, Putin es Hitler y su partido es el nacionalsocialista. Lo que nos lleva irremediablemente hacia una Tercera Guerra Mundial. Creo conveniente recordar que los neonazis de Svoboda (Libertad) han sido parte de la vanguardia en la revuelta de Kiev y que ahora forman parte del nuevo gobierno. También que la Segunda Guerra Mundial, ciertamente tuvo esos prolegómenos previos a la invasión de los alemanes de Polonia que antes mencionábamos, pero la prueba de fuego, la antesala, fue la guerra civil española, en la que los italianos y los alemanes enviaron divisiones de soldados enteras y escuadrillas completas de aviones para combatir al gobierno legítimo de la República, que a su vez estaba asistido tanto por el armamento soviético como por miles de milicianos extranjeros integrados en las Brigadas Internacionales. Todo mientras las democracias europeas (Francia y la Gran Bretaña) no movieron un dedo por no querer verse envueltos en un conflicto de grandes proporciones que finalmente les llegó igualmente.

Se nos dice también que Putin con su incursión en Crimea ha iniciado la fragmentación territorial en las regiones del Este y el Sur de Ucrania, en donde se habla el ruso, sin tener en cuenta que la ruptura entre el pueblo ucraniano la llevaron a cabo los líderes de la oposición en Kiev cuando usurparon el poder. Es decir cuando la Ucrania silenciosa callaba no contaba para nada y cuando esta no reconoce el nuevo gobierno de Kiev, por cómo ha llegado al poder y por no representarles, pone en peligro la unidad de la patria y se teme a una guerra civil, en la que Putin sería uno de los responsables por haberles incitado. Esto me suena. Me recuerda a que desde que se inició el conflicto los líderes de la Unión Europea presionaron al presidente Víctor Yanukóvich mientras incitaban y apoyaban a los líderes de la oposición en la revuelta. Esto es tan evidente que tanto la Unión Europea como Estados Unidos, mientras Yanukóvich y Putin hablan de golpe de estado, han reconocido al nuevo gobierno y le han dado todo tipo de asistencia (desde la promesa del famoso Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, que provocó la crisis cuando Yanukóvich decidió acercase a la Unión Aduanera con otras ex repúblicas soviéticas liderada por Rusia, a un rescate económico por parte del Fondo Monetario Internacional). 

En esta crisis también se ha prodigado mucho el más que supuesto genocidio que soportaron los ucranianos entre 1932 y 1933 tras la puesta en marcha de un plan de colectivizaciones impulsado por Stalin para neutralizar la nacionalidad ucraniana que sumió en la muerte por inanición entre un millón y medio y diez millones de personas. A esto los ucranianos lo llaman el Holodomor que significa precisamente "matar de hambre". Los detractores de esta hipótesis argumentan que las hambrunas fueron provocadas por los kulaks, los campesinos con más tierras, cuando éstos habrían acaparado y destruido tanto las cosechas como el ganado para hacer fracasar el proceso de colectivizaciones. No es nada increíble que el georgiano Stalin llevara a cabo este genocidio contra los ucranianos porque entre otras cosas también lo llevo a cabo contra los propios rusos. De hecho su sucesor, el ucraniano Jrushchov, el que precisamente cedió Crimea a Ucrania en 1954, una de las primeras cosas que hizo fue criticar y condenar duramente el abuso de poder y las purgas de Stalin. Lo que sucede es que el Holodomor está gravado a fuego en parte de los ucranianos y es utilizado políticamente para oponerse a todo aquello que tenga que ver con Rusia. No sucede lo mismo con las matanzas que llevaron a cabo los nazis contra los ucranianos en la Operación Barbarroja durante la Segunda Guerra Mundial (se llegó literalmente a arrasar Kiev) porque hubo muchos que formaron parte de unidades del Tercer Reich, y porque, la Alemania de hoy lidera una Unión Europea que defiende, visto los hechos, una identidad ucraniana que renuncia a parte de su pasado y se opone a Rusia, porque es una competidora que se ha convertido de nuevo en adversaria. 

Porque no son menores en este conflicto los factores económico, energético y militar. Ucrania es un mercado apetecible para las multinacionales de la Unión Europea y los Estados Unidos en un momento de crisis económica. La liberalización de sectores clave y la privatización de empresas públicas siempre han sido un gran negocio. Solo las grandes empresas en pérdidas o en bancarrota se nacionalizan. Este país puede ser también la puerta de entrada a otros mercados en Asia central. En cuanto a lo energético viene bien recordar que por el territorio ucraniano pasan los principales gasoductos procedentes de Rusia que calientan media Europa. Las disputas entre rusos y ucranianos por el precio del gas y por el robo de estos últimos ya supusieron hace unos años un corte de suministro. En una agudización del conflicto Rusia podría volver a cortar el gas. No olvidemos tampoco que en Ucrania siguen estando los restos de las centrales nucleares soviéticas que tristemente recordamos por la catástrofe nuclear de Chernobil (otro motivo de contrariedad). Militarmente hablando Rusia, desde los atentados del 11 de Septiembre de 2001, está rodeada de bases estadounidenses y no quiere tener a sus puertas un nuevo miembro de la OTAN, menos en el mismo territorio en donde tiene la base de la flota del Mar Negro. Desde entonces se fueron reproduciendo, como apuntaba en otro artículo, toda una serie de revoluciones de colores con apoyo estadounidense, que con motivos más o menos importantes, fueron intercambiando gobiernos cercanos a Moscú por cercanos a Washington. El actual conflicto en Ucrania, como sucedió también antes en Georgia, es la respuesta rusa a lo que considera una amenaza a sus propios intereses. 

Cualquier pueblo debería de poder elegir su presente político. Esto sucedió en Europa tras el hundimiento de los imperios centrales al ser derrotados durante la Primera Guerra Mundial por los aliados cuando multitud de pueblos siguiendo los famosos catorce puntos del presidente norteamericano Woodrow Wilson se auto determinaron y emergieron como naciones (los pueblos colonizados por las potencias imperialistas europeas tuvieron que esperar su turno tras la Segunda Guerra Mundial). En cuanto a decidir los pueblos su sistema económico o social siempre ha sido más arriesgado. Hace algunos años asistimos a la autodeterminación de los kosovares que amputaron una región histórica a la República de Serbia, y más recientemente a la de los sudaneses del sur, ambos casos con el soporte de los norteamericanos (en Kosovo los estadounidenses situaron dos importantes bases militares y en el Sudán del Sur han pesado mucho las prospecciones petrolíferas). Pero los que creen en el estado nación compuesto por una sola etnia se hayan en un problema bien gordo porque raramente existe esa homogenización cultural en ningún lugar. Entonces es cuando levantando la bandera democrática quieren imponer al resto unos propósitos políticos para homogenizar culturalmente la nación. Nos hablan del derecho de la mayoría que se impone a unas minorías silenciosas que llevan viviendo en muchos casos cientos de años en un mismo territorio que se conforman con cualquier cosa como si fueran menores de edad. Bien, pues en Ucrania se ha visto que esto ha fracasado estrepitosamente al menos en la mitad del país que está ligado cultural e históricamente a Rusia, y si en Crimea se juega también a la supremacía étnica y cultural rusa asistiremos también a un nuevo fracaso. Parece que no hayamos aprendido nada de las guerras de los Balcanes en las que los comunistas tras el hundimiento del socialismo real en todo el continente de la noche a la mañana se convirtieron en fervientes nacionalistas excluyentes que empezaron a matarse entre sí. En el pasado en el continente europeo se vivió tras múltiples guerras un proceso de secularización religiosa del estado y la promulgación de la libertad de culto, ahora se hace perentorio, allá donde existen diferenciaciones culturales históricas en base a la cuales se articula un discurso político excluyente, una nueva secularización del estado, en este caso cultural, que defienda las especificidades integrándolas pero que anteponga al mismo tiempo el derecho de la ciudadanía compartida a lo étnico, en la que todos contemos y nos sintamos a gusto como personas.